Peronismo y melodrama
En innumerables ocasiones, se ha explicado la sorpresiva emergencia del peronismo y su inmediata consagración política por su fuerte vínculo con los sindicatos y su reivindicación de las demandas de la clase obrera.
En innumerables ocasiones, se ha explicado la sorpresiva emergencia del peronismo y su inmediata consagración política por su fuerte vínculo con los sindicatos y su reivindicación de las demandas de la clase obrera. Esa respuesta podría ser relativizada: no alcanza a explicar cómo un funcionario de segunda línea de un gobierno militar estableció semejante nivel de empatía con gran parte de la sociedad, al mismo tiempo que se ganaba la furibunda antipatía del resto.En Cultura de clase. Radio y cine en la creación de una Argentina dividida (Paidós, 2013), Matthew Karush se anima a formular otra respuesta: Perón y Evita le hablaron al pueblo con las categorías que había fijado la industria cultural a través de la música popular, el cine y la radio.La industria cultural, desde la década de 1920, definió un discurso melodramático, maniqueo y populista, que dividió al mundo en buenos y malos a fuerza de reduccionismos que oponían lo nacional a lo extranjero, el interior a la capital, lo rural a lo urbano, el barrio al centro, la tradición a la modernidad, el pobre al rico, la generosidad al egoísmo, el trabajo al ocio, la solidaridad al individualismo.Los estereotipos de las letras de los tangos y el sainete teatral, decorados con ciertos elementos que provenían del criollismo, fueron la base tanto para los guiones de los radioteatros como de las películas que marcaron tendencia en el cine nacional de aquellos años: la costurerita siempre daba el mal paso cuando pretendía irse al centro, estimulada por un "nene bien" que sólo aspiraba a seducirla; el campo siempre resultaba más puro y generoso que la conflictiva ciudad donde imperaba el sálvese quien pueda; y el pobre siempre tenía más valores morales que el rico.A diferencia de lo que ocurría entonces en otras sociedades, donde también la industria del entretenimiento alentaba una cultura popular, en Argentina el maniqueísmo impidió que se forjara algún "mito unificador".Y entonces llegó Perón, con un discurso melodramático: "En su moralismo maniqueo, en sus ataques a la codicia y el egoísmo de los ricos y en su tendencia a presentar a los pobres como el auténtico pueblo argentino, lleva rastros inconfundibles de las películas, la música y los programas de radio de los años treinta". Y su discurso, potenció la división social: "La cultura de masas celebraba al chico de clase trabajadora que se enriquecía como estrella de tango, pero generalmente descartaba la idea de la educación y la mejora individual como caminos respetables para un más alto estándar de vida. Al haber heredado y apoyado esta crítica al egoísmo y la codicia, Perón tenía poco que ofrecer a la clase media. Podía tolerar e incluso alentar la envidia de la clase obrera, pero no tenía paciencia para la lucha por el estatus de la clase media". Con todo, Karush entiende que "sería una exageración" decir que esa industria cultural "preparó a la clase trabajadora" para el populismo peronista. Pero la relación es tan evidente como la masiva intervención que en pocos años desplegó Perón para poner al cine y a la radio al exclusivo servicio de su gobierno.
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