Payasos y tarariras
La inseguridad en la Argentina parece no reconocer límites.
La inseguridad en la Argentina parece no reconocer límites, pero ya no se trata sólo de motochoros, secuestros exprés, entraderas, salideras, cortaderas (asaltos cuando las víctimas están cortando pasto), hombres araña, rompepuertas, sicarios, saqueadores, etcétera, sino que involucran a hechos y circunstancias cada vez más novedosos, pero no por eso menos sobrecogedores. Un caso concreto es el del "Payaso Satánico" de Alberti, pequeña población de la provincia de Buenos Aires que vive momentos de angustia por la presencia de un estremecedor personaje ataviado como clown , quien por el momento se dedica a asustar a los vecinos solitarios, como paso previo a convertirse en ladrón de carteras o asesino serial. Si bien no hay un registro fílmico ni capturas por celular del Payaso Satánico, todos los vecinos aseguran que su aspecto es aterrador: tiene la cara pintada, nariz de payaso, peluca de colores, guantes blancos, pantalones a rayas con tiradores y camisa a lunares. Otros detalles de su excéntrica indumentaria son mantenidos en el más hermético secreto por la Policía para evitar que los vecinos de Alberti, dominados por el pánico, abandonen el pueblo en masa. Concretamente se trata de un ramillete de globos, zapatones gigantes y una flor trucha en el ojal que, gracias a un ingenioso mecanismo, arroja líquido a los incautos que se acercan a olerla (por el momento no sería ácido). "Es un líquido maloliente, que podría ser pis del propio Payaso Satánico", afirmó un habitante de Alberti, que asegura haber sido enchastrado por la horrenda broma del personaje.Un terror tan contagioso como la chikunguña recorre las calles de Alberti, no deja de producir situaciones confusas y tensas como las que sobrevinieron tras las afirmaciones de un testigo a un canal porteño, de que el payaso "tenía cabeza 'como' de vaca" (sic). Bastó que un profesor de historia del pueblo considerara entonces que se estaba frente a una suerte de "minotauro hembra", para que muchos vecinos escaparan a ciudades vecinas reclamando el estatus de refugiados.También fue difícil el momento que le tocó vivir al payaso Palometa (de la vecina Bragado), que había sido contratado para animar una fiesta infantil en un club de Alberti. "Apenas bajé del rastrojero, me encontré con un grupo de personas enardecidas, que portaban antorchas y que querían lincharme al grito de '¡por fin agarramos al Payaso Satánico!"Siguiendo con su testimonio, Palometa intentó explicar que se estaban equivocando de payaso, y procuró mostrar su carné de afiliado a la Federación Gremial de Payasos y Equilibristas, pero los linchadores no escucharon razones. "Me salvé porque estaban divididos en tres grupos enfrentados: los partidarios de arrojarme a una laguna cercana, los que querían arrastrarme con un tractor hasta la Patagonia, y los que querían mandarme a la hoguera. Yo les dije que prefería ser deportado, pero no me hicieron caso", explicó Palometa, quien finalmente aprovechó que la discusión entre los linchadores subió de tono para escabullirse y volver a Bragado, de donde tuvo que escapar nuevamente por la aparición de otro payaso asustador en esa ciudad (*).Cuando la opinión pública argentina aún no salía de la conmoción generada por el espeluznante personaje de Alberti, de la popular laguna del parque Sarmiento de la capital cordobesa un pescador extrajo una gigantesca tararira de seis kilos que, además de sorpresa, generó alarma e intranquilidad entre quienes frecuentan el paseo. No es para menos, ya que reflota la vieja leyenda urbana sobre la presencia de una tararira gigante (una versión cordobesa del monstruo del lago Ness), en las profundidades del espejo de agua: El Tararirón."La tararira que pescaron si duda que es la responsable de la misteriosa desaparición de los perros callejeros en la zona denunciada tiempo atrás. Se los estaba comiendo", especuló un habitué del espacio verde, quien solicitó a las autoridades correspondientes las garantías de que estos especímenes no salgan del agua.Respecto del Tararirón, las opiniones están divididas ya que cuatro de los cinco testigos que reportaron su avistamiento en los últimos años tenían halitosis alcohólica y al momento del testimonio portaban envases de tetrabrik con vino con Fanta en su interior (el quinto llegó a sede policial con un melón relleno con Gancia en la mochila). Sin embargo, algunos científicos y naturalistas locales no descartan que se trate de una tararira de finales del cretácico, período en el cual llegaron a alcanzar los 16 metros de largo y hasta cuatro toneladas de peso. "Tal como está el lago, bajo su superficie puede haber cualquier cosa", afirmó uno de los especialistas para sustentar su teoría. (*) Al cierre de este informe, los medios nacionales informaban sobre la presencia de un tercer payaso asustador en Junín, al parecer bastante más agresivo que los anteriores ya que persigue a sus víctimas con una motosierra.

