Operarios del recontra espionaje
El espionaje interno es una práctica arraigada en el país, que alcanzó su esplendor en la última dictadura, cuando el país era un hervidero de servicios de todos los tamaños y los individuos que lo gobernaban (es una forma de decir) conocían vida y obra de buena parte de sus habitantes.
El día en que el país necesite información de una potencia enemiga que amenace su seguridad, los denominados "servicios de inteligencia" argentinos podrán ofrecer al Gobierno que lo requiera un variado y entretenido menú de información de índole doméstico, consistente en embarazos, peleas, rutinas, hábitos, romances y horas de conversaciones privadas de artistas, periodistas, vedettes, políticos, jueces, sindicalistas, magos y contorsionistas, etc., pero muy pocos datos sobre los pertrechos, tropas y estrategias del enemigo en cuestión. Al menos esa es la conclusión a la que arriba cualquier desprevenido luego de una nueva denuncia de espionaje interno en la Argentina en tiempos democráticos, con lista incluida, realizada esta vez por las diputadas Laura Alonso y Patricia Bullrich, quienes realizaron la presentación ante la Justicia por su condición de diputadas espiadas-observadas, ya que ambas figuran en la nómina en el capítulo dedicado al PRO.El espionaje interno es una práctica arraigada en el país, que alcanzó su esplendor en la última dictadura, cuando el país era un hervidero de servicios de todos los tamaños y los individuos que lo gobernaban (es una forma de decir) conocían vida y obra de buena parte de sus habitantes.Tan aceitado fue aquel sistema que los militares sabían si el peluquero de la esquina leía las Aventuras de Patoruzú o algo más elaborado como Gilgamesh, El Inmortal (lo que lo tornaba potencialmente subversivo). Pero a la vez fue tan limitado que cuando estalló la Guerra de Malvinas, no tenían ni idea de qué era la Otan y pensaban que un gurka era un plato de la comida árabe (hay que tener en cuenta de que en ese entonces no se contaba con Wikipedia).En principio y según la presentación de las diputadas, la responsabilidad del fisgoneo correría por cuenta de la ex Secretaría de Inteligencia del Estado (Side), después ex Secretaría de Inteligencia (SI) y por el momento Agencia Federal de Inteligencia (Afi), ya que no se descartan nuevos nombres hasta el 10 de diciembre debido a que éste tampoco convence demasiado ("parece el apodo de una tía", opinó de forma crítica el agente 19, "El Pescado" en la Quiniela).De todos modos el titular de la Agencia, Oscar Parrilli, dio tranquilidad a los integrantes de la lista y al pueblo argentino en general al decir: "Pueden hablar tranquilos por teléfono que nosotros no los escuchamos. El que lo hizo fue Stiuso". La afirmación de Parrilli generó no obstante alguna desazón en la opinión pública, ya que entre los personajes del espectáculo hipotéticamente espiados se encuentra Luciana Salazar, quien según rumores estaría embarazada y la audiencia de los programas de chimentos quiere saber si es realmente así. ¿Saben los servicios de inteligencia del Estado si Luly está en la dulce espera? ¿No lo quieren decir porque es mala educación espiar a la gente? ¿Podría Parrilli tirar aunque más no sea alguna pista? ¿Puede la Afi producir un programa de chimentos con toda la información que tiene? Cuando el temido Edgar Hoover, cofundador y director del FBI durante décadas, espiaba a los famosos de Hollywood, solía enviar felicitaciones a los actores por los embarazos de sus esposas, antes de que estos se enteraran por boca de su propia consorte. ¿Parrilli le enviará flores a Redrado si la Afi confirma el embarazo de Salazar? Preguntas de este tipo son imposibles de obviar cuando el espionaje interno avanza aparentemente por estos carriles y se mete hasta con personajes de la farándula. Pero para qué serviría espiar a Mirtha Legrand, por ejemplo, quien asegura sentir ruidos en la línea. "La idea es conocer de antemano la lista de invitados y el menú del programa, ya que esa información sensible al ser analizada permite anticipar cualquier conspiración golpista que pueda surgir de sus mesas y desarrollar las acciones preventivas", aseguró el agente 48 ("Il morto che parla"). "En cuanto a los ruidos en la línea, generalmente ocurren cuando el encargado de la escucha se duerme y empieza a roncar o a hablar dormido", agregó el espía.Más jugoso en cambio habría sido espiar a Adrián Suar, ya que podría haber permitido conocer con antelación los finales de novelas como Guapas , Esperanza Mía y otras producciones de Pol-ka. "Conocer cómo termina una novela cuando va por la mitad te da mucha 'chapa' entre la teleaudiencia femenina. Eso sí, después hay que saber sacarle provecho", afirmó el agente 23 ("El Cocinero"), guiñando un ojo.Razones de Estado, de seguridad nacional, paranoias del poder, el indomable instinto de curiosidad o simplemente la mala educación, parecen ser las razones que mantienen vivo al espionaje a través del tiempo. En el caso de las naciones en conflicto, buena parte de sus espías buscan información fronteras afuera, en terreno enemigo, pero en el caso de Argentina, que ni siquiera tiene hipótesis de conflicto, el desafío de sus servicios de inteligencia parece ser "cómo hacer espionaje interno y no caer en el voyeurismo", según reflexionó el agente 34 ("el Borracho").

