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"Nunca dejo de ser un periodista curioso”

Mario Markic, el periodista que recorre el país y muestra el resultado de sus viajes en el programa “En el camino”, del canal Todo Noticias, habla de su nuevo libro, “Misteriosa Argentina”, 22 crónicas que dan perfecta cuenta de todo lo que ha andado.

02 de febrero de 2014 a las 05:41 p. m.
Rogelio Demarchi*
"Nunca dejo de ser un periodista curioso”
Mario Markic, el periodista que recorre el país y muestra el resultado de sus viajes (Diseño de tapa / Javier Candellero).

Una ruta, un hotel, un río, una isla, un pájaro viajero, un perro callejero que hizo historia, un volcán, un vagón de ferrocarril, un vasco cabeza dura o un gaucho muy particular. A Mario Markic, todas esas cosas le despiertan fuertes emociones, así que, en algún momento, se encarga de traducirlas en palabras. Y así, finalmente, se manifiesta su deseo de contar a otros lo que ha conocido en sus viajes.

Habitualmente, eso es lo que hace en En el camino, el programa que conduce en el canal Todo Noticias (TN). Pero una parte significativa de sus andanzas por las rutas del país ahora ha adquirido el formato de un libro: Misteriosa Argentina. Diario de viaje (El Ateneo, 2013), un colorido y entretenido conjunto de 22 crónicas.

No es la primera vez que produce esa transformación de los materiales, vale aclarar: allí están, para los interesados, sus anteriores libros; por ejemplo, Cuadernos del camino (2004) y Patagonia de puño y letra (2010).

Lo primero que llama la atención al leer esta nueva propuesta es que no está explicitada en ningún lado la relación que existe entre el libro y el programa. Uno se la imagina, la entiende como algo obvio, pero lo mismo pregunta: “Deliberadamente –responde Markic–, no quise establecer un vínculo directo con el programa porque es otra cosa, más allá de que conserva la idea de crónica de viajes. En algunos casos, se trata de historias que me tocó vivir en viajes que hice para distintas revistas en las que trabajé; en otros, historias que trabajé para televisión, incluso para el programa En el camino”.

La crónica no es la tele

–¿Por qué decís que es “otra cosa”?

SEnDAl programa lo pienso todo el tiempo visualmente, lo cual significa que la intervención de la escritura debe ser mínima. Aun así, soy de hacer introducciones largas, con el propósito de ir generando climas, preparando a los espectadores para meterse en historias que prometen aventura, misterios o simplemente conocimiento. En cambio, cuando escribo tengo que describir buena parte de esas imágenes mentales. Son dos lenguajes distintos. Por eso un guión de En el camino no podría ser –literalmente– un relato de Misteriosa Argentina. Acostumbrado como estoy a trabajar con imágenes, debo trabajar mucho para interesar al lector en el relato escrito. Sigo –con mis limitaciones– el consejo de Tom Wolfe: “Agarrar al lector de las solapas desde el comienzo del relato y no soltarlo hasta el final”. No es fácil competir con la televisión: la emoción está a la vista; las imágenes pueden ser deslumbrantes o desoladoras; está la música incidental para potenciar climas; la voz y las expresiones de los entrevistados. Escribir un relato y conmover con la misma intensidad es un desafío, aun cuando el viaje sea el mismo y ya haya sido publicado en la tele. En una palabra, salvo el viaje, hay que hacer todo de nuevo. Generar climas, preparar a los lectores, ponerle música, etcétera… y sólo con la magia de las palabras.

–Cuando existe el vínculo con el programa, entonces, ¿qué es hacer “todo de nuevo”? ¿Editar o reescribir los guiones?

–En ese caso, del guion no queda casi nada, salvo el rescate de algunas voces, de personajes con los que interactué durante mi viaje. Escribir un guion para televisión no es fácil, pero, al mostrar casi todo en imágenes y palabras, carece del vuelo que tiene la crónica escrita. Y no fue una reescritura sino varias por capítulo, porque siempre me excedía: mi editor me pidió entre 8 mil y 12 mil caracteres para 23 relatos; al final quedaron 22 relatos, y calculo que con un promedio de 15 mil caracteres. De hecho, me iba al doble en casi todos los casos. No hubiera estado mal, pero el libro debería tener la mitad de los relatos.

–¿Por qué pensás que te salían tan largos?

–Los periodistas somos herederos de la más ancestral tradición de la humanidad: contar historias, un elemento común a todas las tribus y culturas conocidas. Contar historias, narrar, es la forma más simple y eficiente de pasar información de una persona a otra.

Un libro federal

–¿Por qué no utilizar el recurso de la fotografía para acompañar la palabra?

-Tengo miles de fotos de mis viajes. La mayoría de los camarógrafos son buenos para la fotografía, y hay algunos que viajan con cámaras. Yo mismo hice muchas autofotos. Selfies, las llaman ahora, ¿no? No hubiera estado mal poner fotos, pero eso encarece muchísimo la edición, sobre todo si uno lo quiere hacer con papel satinado, de buena calidad.

–¿Cómo hiciste la selección, con qué criterios, por qué estos 22 relatos? De la Antártida a Humahuaca, del vagón del ferrocarril de Puerto Deseado al perro chaqueño.

–De común acuerdo con el editor del libro. La idea era hacer un libro federal, abarcar, en lo posible, todas las provincias argentinas. Y me propuse escribir en primera persona, puesto que, a mi criterio, eso valoriza testimonialmente el relato. No se trata de ficción; por lo tanto, mi compromiso le otorga verosimilitud. Yo quería especialmente interesar a los lectores con historias que, así como yo las había vivido, ellos también podrían llegar a experimentar si quisieran. En todos estos años, fui como un explorador moderno, buceando en las entrañas de una Argentina misteriosa. Un país multicultural, multirracial, muy extenso y con regiones muy marcadas que se desconocen entre sí. Un explorador y narrador hace las veces de hilo conductor de ese rompecabezas, que finalmente es una sola pieza. Entonces, a pesar de que mi impronta está dentro de un libro, nunca dejo de ser un periodista curioso que está muy atento a describir historias que, según mi olfato, podrán interesar a un número grande aunque indeterminado de personas: escribo para otros.

–Y has andado un largo camino y te han contado muchas historias…

–Puedo decir que conozco todo el país y que eso me ha enriquecido como persona y me enorgullece como periodista. Anduve mucho, pero con gusto, hago lo que siempre quise hacer. En definitiva, respondo a los dos primeros mandamientos que tiene esta profesión: curiosidad y pasión. La curiosidad me lleva más allá de lo evidente, de lo clásico, de las rutas tradicionales; voy abriéndome paso por lugares donde nunca pasó una cámara, le doy la palabra a seres anónimos que nunca hablaron de sus cosas con un periodista. La pasión me lleva a contar esas historias de personas que no son famosas, de lugares que no son turísticos o atractivos con la misma intensidad que lo haría si todo fuera al revés. El resultado es que la gente lo agradece y reconoce que hay un interés genuino en el periodista, y no el mero tránsito entre una nota y otra. Todas las historias, para mí, valen.

Contar historias

Es lógico vincular estas afirmaciones de Markic con cierto rasgo que se observa en su escritura: una apelación emocional muy fuerte. Decirle adiós a la Antártida, sostiene su crónica, “es como despedirse de la infancia”; al caminar por el hotel Edén, en La Falda, se siente abrumado SEnDese es el verbo que usaSEnD “por la riqueza de la historia”.

–¿Llevar al primer plano la subjetividad del cronista es sólo algo propio de la crónica de viajes o, además, hay algo personal en juego?

–Me interesa especialmente el tema emocional. En mí como en los demás. Una parte importante se logra con la decisión de escribir en primera persona. Muchas veces pongo en juego cosas sentimentales en la elección de los temas. Pero, además, he notado el interés de la gente en identificarse con las personas que, como entrevistados o como narradores, dejan traslucir sus sentimientos, o cómo se potencia el interés por la historia cuando el proceso de escritura parece dictado por la emoción. Me parece un recurso lícito y, en géneros como el reportaje, sólo reservado para aquellos que tienen la sapiencia para perforar los blindajes de los entrevistados más difíciles. Por otra parte, la crónica de viajes remite muchas veces a experimentar situaciones de aventura, riesgosas, complicadas, azarosas. Todas las historias, insisto, para mí, valen. Uno viaja para contar. ¿Qué mejor que poder hacerlo para miles de personas?

–El novelista lee novelas y el poeta lee poemas. Vos, cronista-viajero, ¿qué cronistas leés o has leído con fruición?

–De aquí, Roberto Arlt, Horacio Quiroga, Roberto Payró, Rodolfo Walsh, Tomás Eloy Martínez y la ironía de Osvaldo Soriano. Y más acá en el tiempo, Martín Caparrós, Leila Guerriero. De afuera, Ernest Hemingway, Tom Wolfe, Truman Capote, Gay Talese, en general todo el llamado “nuevo periodismo norteamericano”, algunas cosas de Ryszard Kapuscinski y Alma Guillermopietro. Han sido los policiales SEnDRaymond Chandler, David Goodis, Jim ThompsonSEnD motivo de inspiración durante buena parte de mi carrera.

–Una biblioteca amplia, pero con un objetivo dominante: contar historias. ¿Coincidís con Leila Guerriero en que la crónica permite pensar un periodismo narrativo, una especie de narrativa de no ficción que cuenta historias reales, aunque no sean tan dramáticas ni políticas como las que escribió Rodolfo Walsh?

–Todo buen periodista de gráfica se preocupa por ser un gran narrador y sueña con emular a Hemingway, Capote, Wolfe, Walsh, Soriano o los menos conocidos periodistas del país que han hecho notas precisas, informativas y con vuelo literario. No leí lo de Leila, pero coincido en lo básico, tal como lo planteás: la crónica, trabajada con técnicas propias de la literatura, puede alcanzar niveles artísticos. Ya lo dijo García Márquez: “Una crónica es un cuento que es verdad”. Sigo apuntando a eso. Incluso cuando trabajo para televisión, todos adivinan rápidamente que mis orígenes están en otro lado. Para mí, que estudié locución, la radio es imaginación y fantasía; la tele, adrenalina; y la gráfica, inteligencia. La escritura es tan transmisora de poderosas ideas como de conmovedores estados de ánimo.

Perfil

Mario Markic (Río Gallegos, 1953) es locutor y periodista. Ha trabajado en las revistas Gente, Siete Días, La Semana y Noticias. Desde 1992, realiza informes especiales para Telenoche (Canal 13 de Buenos Aires); y desde 1996 conduce el programa documental En el camino (por TN). Su labor periodística ha merecido numerosas distinciones, entre las que se destacan siete Martín Fierro, el Santa Clara de Asís y el Domingo Sarmiento, que entrega el Senado de la Nación.

Es profesor titular en la carrera de Comunicación Social en la Universidad de Belgrano.

Ha escrito los libros Cuadernos del camino (2004) y Patagonia de puño y letra (2010), y es coautor de Puro periodismo (2000).

*Especial