Movilizados y regulados
“Con esa ley me cortaron los fósforos”, se quejó en su momento el activista José Fogatta.
Desde un tiempo a esta parte diversas leyes y proyectos legislativos apuntan a domesticar las estruendosas, congestionantes, contaminantes, y en esencia indomables manifestaciones y piquetes callejeros del país, con el objetivo de que se acerquen a las protestas estilo norteamericano: en veredas, con manifestantes levantando prolijos carteles con las demandas correspondientes y haciendo algo de barullo con dos vuvuzelas como máximo (si los manifestantes están muy locos pueden sumar un silbato y una matraca). Como era de esperar, esta suerte de domesticación de la protesta ya viene encontrando la habitual resistencia al cambio en sectores sindicales y sociales, y muchos analistas aseguran que llegó demasiado tarde. "Es como capturar un tigre de bengala de 250 kilos en la selva de Birmania, largarlo en el living y pretender que coma alimento para gatos y haga popó en una cajita con piedras", afirma el sociólogo Juan Carlos Rechifla, especializado en protestas urbanas latinoamericanas.De todos modos, el debate está abierto y algunas iniciativas ya fueron sancionadas y están operativas (es una forma de decir), como por ejemplo la prohibición por ley en Córdoba de la quema de neumáticos, una arraigada tradición de las protestas callejeras argentinas."Con esa ley me cortaron los fósforos", se quejó en su momento el activista José Fogatta, especializado en el difícil arte de iniciar y mantener las intensas hogueras generadoras de humo negro en cuanto piquete se organice. Pero el apego a la ardiente práctica pudo más que la fría letra de una norma, y las cubiertas siguen quemándose en público. "Un corte sin quema de gomas es como un asado sin mollejas", explica un piquetero ataviado con una remera con la leyenda "Queremos lomadas". Mientras recuerda con nostalgia el día que participó de la quema de cubiertas de tractor en la Circunvalación (la más colosal de las que se tenga registro), el veterano agitador asegura que las piras de neumáticos constituyen una tradición que no se debe perder por más que sea ilegal, contaminante y no "te saques el olor a caucho quemado por una semana".Otra iniciativa destinada a civilizar las manifestaciones callejeras, es la de prohibir otros elementos básicos del cotillón de marchas y piquetes: los morteros y bombas de estruendo, un riesgoso arte pirotécnico que combina equilibradamente la protesta con prácticas de artillería ligera y las celebraciones navideñas y de fin de año."Con este proyecto me cortaron las mechas lentas" se quejó José Estrépito, diseñador de morteros caseros personalizados y experto en el lanzamiento de bombas a altura (ostenta el récord cordobés de estallido en altura al haber detonado un artefacto en las ventanas del último piso de la Torre Ángela durante una manifestación de estatales).Sobre esta iniciativa destinada a proteger los oídos y ojos de transeúntes, la integridad de canarios de balcón y la tranquilidad de pacientes internados en hospitales y clínicas (los estallidos los hacen saltar de las camas, caen en otras y se entremezclan), el dirigente gremial Carlos Bolonqui, consideró que la sociedad debe asumir la existencia de daños colaterales en las protestas. "Si aceptamos que nos saquen las bombas de estruendo, después vendrán por los bombos, los redoblantes, las vuvuzelas, las bocinas a gas y vamos a terminar protestando en lenguaje de señas como la traductora presidencial", exageró el dirigente.Y por supuesto que el debate más intenso está planteado en torno a la regulación de los piquetes, que clavan el tránsito sin miramientos cada vez que se arma uno. Las iniciativas regulatorias son varias y van desde dejar carriles libres para generar embudos viales en autopistas, hasta permitir piquetes de largo aliento en lugares donde no perturben demasiado el tránsito como por ejemplo en la Isla de los Estados, en el Puente del Inca, el Puente Pexoa, en el Camino Real. Incluso el secretario de Seguridad, Sergio Berni, visiblemente agotado por la tarea de liberar rutas y autopistas, sugirió la creación de un "protestódromo", es decir un lugar diseñado específicamente para protestas al aire libre.Si bien no especificó las características del escenario, este consistiría de un tramo aislado de dos kilómetros de autopista construido en un lugar alejado y en terrenos del Estado, dotado de señalética, demarcación de carriles, etc. Los interesados en realizar una protesta deberían pedir con anticipación el lugar o bien cortar el tramo por sorpresa (pueden hacer lo que quieran porque no lleva a ningún lado), y quedarse el tiempo que deseen (por la misma razón).Se puede regular sin cercenar derechos constitucionales; todo es cuestión de creatividad.

