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Miguel Rafael, un filántropo bien local

Es ingeniero civil y donó buena parte de su fortuna para obras en su pueblo, La Cruz (Calamuchita). Es candidato a Cordobés del Año 2015 y quiere contagiar su espíritu solidario en las personas. 

03 de diciembre de 2015 a las 05:37 p. m.
Miguel Rafael, un filántropo bien local
MIGUEL RAFAEL. (La Voz / Ramiro Pereyra).

“No hay que dar lo que sobra, sino hay que dar hasta que duela”, decía la Madre Teresa. Miguel Rafael grabó a fuego la frase y el ejemplo de la religiosa y llevó una vida acorde a sus principios.

El ingeniero civil de 84 años y descendiente de libaneses, tuvo una vida profesional exitosa, construyó edificios en la cuidad de Córdoba de 10, 15 y hasta 20 pisos. Pero nunca jamás olvidó a su pequeño pueblo de Calamuchita, La Cruz, donde pasó su infancia y estudió el primario y secundario.

Un monumento, el balneario, la terminal de ómnibus, la cooperativa y el nuevo edificio de la única escuela primaria del lugar fueron financiados por Miguel, quien, lejos de llevar una vida de lujos, prefirió dejar obras que mejoren la vida de los niños y ciudadanos de esa localidad. La obra de la nueva escuela le demandó cinco millones de pesos.

CORDOBÉS DEL AÑO 2015. Todos los candidatos

“Cuando se planteó la idea de hacer un edificio nuevo para la isntitución éramos diez personas las que íbamos a donar dinero. Pero terminé quedando sólo. Esperamos ayuda del gobierno pero como no llegaba decidí terminar la obra para no extender más los plazos”.

Además, Miguel pagó durante años un viaje a Estados Unidos al estudiante que saliera abanderado del colegio de La Cruz. "Las cartas de los chicos que me agradecían por el viaje son mi mayor satisfacción", cuenta emocionado.

En una carpeta atesora cada una de ellas que entre sus párrafos le reconocen no haberse olvidado de sus orígenes.

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MIGUEL RAFAEL. (La Voz / Ramiro Pereyra).
MIGUEL RAFAEL. (La Voz / Ramiro Pereyra).

Filántropo local

La filantropía entendida como la tendencia a procurar el bien de las personas de manera desinteresada, incluso a costa del interés propio. Históricamente la solidaridad y la empatía con el otro aflora más en época de crisis o en las personas que menos tienen. Llegan a tener la sensibilidad de sufrir en carne propia el padecer del vecino y por eso no dudan en extender la mano.

Eso no pasa tan seguido con empresarios adinerados o gente que por su posición política o social puede influir en el devenir de los más vulnerables.

Miguel Rafael es la excepción a la regla. No, no es el único. Pero pertenece a una minoría.

La dedicación que puso en su trabajo también es volcada en sus proyectos solidarios: “A las cosas hay que hacerlas con empeño, nada es gratis”, confiesa.

Con su postulación pretende contagiar el espíritu solidario. “Hay que dar de comer, en épocas de crisis siempre hay que dar de comer y hay que dar hasta que duela”, resume.