Messi venció a los fantasmas
Es un muchacho prodigio. Con sinceridad y asumiendo alguna inferioridad, el entrenador de Nigeria se rindió a los pies del genio rosarino. Y dijo: “Messi es de Júpiter”.
Gambetea, tira pases certeros, remata con violencia para que la pelota directamente vaya a la red, a pesar de que los arcos rivales están cercados de defensores, remata tiros libres con estética cinematográfica. Y también los convierte. Es un muchacho prodigio. Con sinceridad y asumiendo alguna inferioridad, el entrenador de Nigeria se rindió a los pies del genio rosarino. Y dijo: "Messi es de Júpiter".Cuando era niño se le profundizó un problema con las hormonas de crecimiento, lo cual conspiraba contra sus dotes naturales, pero potenciales, de excepcional jugador de fútbol. En su Rosario natal, jugaba en el club de sus amores, Newell's Old Boys.Los médicos le sugirieron a la familia del chico que un tratamiento adecuado sólo se podía hacer en Buenos Aires. Allí, los Messi aterrizaron en River Plate. Sus facultativos se rindieron. Sólo les quedaba una ventana: Europa.Y viajaron a España. Los médicos del club Barcelona acertaron con el tratamiento y aquel chiquito esmirriado se convirtió en un héroe a los 15 años.La ciudad de Cataluña se rindió a sus pies. España lo consideró un prodigio y el mundo, más allá del fútbol, valoró sus impresionantes cualidades.Se trata sólo de un jugador de fútbol, pero hay un detalle: es un deporte, obvio resulta decirlo, que mueve pasiones y millones de dólares en la mayor parte del planeta. A los 27 años recién cumplidos, la fortuna de Messi es difícil de calcular. Tiene millones ganados en la cancha, en presentaciones, en avisos publicitarios, en inversiones de diferente envergadura. Claramente, se puede decir, sin temor a cometer un error, que su descendencia tiene el futuro asegurado. De no aparecer un Nerón entre sus hijos o nietos que incendie la montaña de billetes, los Messi serán siempre muy ricos. No perdió la humildad el chico rosarino que, de a poco, muestra que el roce internacional lo ha cultivado. Dejó de ser reservado y hosco y se convirtió en un hábil declarante. Así lo ha demostrado en este Mundial. Con su estilo pausado, tranquilo, sin estridencias. Ese chico, que ya es papá de un niño, eligió ser argentino. De eso no nos tenemos que olvidar nunca. Ni cuando lo adornamos con elogios, ni cuando –si caemos presa del exitismo inevitable de nuestro país– lo cuestionamos porque pareciera que está cansado en la cancha y no corre.Ese es el ejemplo de Messi, a quien los españoles, apenas detectaron su talento cuando era adolescente, le ofrecieron jugar en la selección de casaca roja y él, sin dudarlo, dijo un "no" tan contundente que jamás volvieron a tentarlo. Y, cuando pudo, se puso la camiseta de Argentina.Lionel ha vivido más años en España que en Argentina, pero nació aquí y eligió seguir siendo de aquí. Todo un contraste ante tanto fenómeno descartable que asoma en estos últimos tiempos. Estaría bueno que lo imitemos y que elijamos defender al país.

