Los vecinos como hacedores de cultura
Este año cumple 10 años el Programa Municipal de Historia Oral Barrial, una construcción colectiva de la memoria. Entrevista a Nélida Milagros Agüeros.
A veces, el historiador tiene la suerte de poder contar con la memoria de los testigos de la época que estudia. Eso es lo que ocurre con el Programa Municipal de Historia Oral Barrial, cuyo objetivo es enriquecer el pasado conocido con los testimonios orales, a fin de recuperar la identidad del barrio y recomponer el tejido social que la dictadura rompió tan dramáticamente. "Las iniciadoras de la idea partían de una mirada renovada de los estudios históricos y de la responsabilidad social de los historiadores con su presente. El Programa reconoce antecedentes directos en acciones iniciadas a partir de 1984, con la recuperación democrática, sobre todo con el trabajo de la profesora Hebe Clementi, al frente de la Dirección Nacional del Libro durante el gobierno de Raúl Alfonsín. También, en el de Liliana Barela, en el Instituto Histórico del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires", nos cuenta Nélida Milagros Agüeros. –¿Ellas la inspiraron para replicar la experiencia en Córdoba? –Sí, fue a principios de los '90. Comencé a diseñar el proyecto para la Ciudad de Córdoba. Por ese entonces yo era empleada municipal en el área de Salud y tuve que postergar la idea por unos cuantos años más. Me parece que fue mejor finalmente para el Programa, porque siendo docente e investigadora de la Universidad Nacional de Córdoba desde fines de los '80, dicté a comienzos de la década de 2000, unos primeros Seminarios de Historia Oral para alumnos de las carreras de grado en Historia. Allí entre los contenidos a tratar, puse también a consideración de mis alumnos mi proyecto inicial del Programa y gracias al intercambio de opiniones con ellos pienso que alumbró una propuesta mejor. –¿Cuál sería la definición de una historia oral barrial? –Sería aquella que propone reconstruir relaciones sociales y culturales, así como conocer ciertos fenómenos del pasado que pueden observarse mejor si nos aproximamos a una escala reducida como es la del barrio. Se pretende una historia local pero no localista; una historia que requiere el diseño de un proyecto de investigación previo y que recurre a gran variedad de fuentes, pero que privilegia las fuentes orales. Hay que escuchar atentamente a los adultos –y muy especialmente a los adultos mayores–, porque con sus memorias sobre el siglo 20 nos pueden ayudar a comprender la trama material y simbólica de la que están hechos nuestros barrios pero también la ciudad, nuestra región o nuestro país. –El núcleo del Programa de Historia Oral Barrial son los talleres ¿en qué consisten? –Son lugares de producción colectiva donde vecinos e historiadores reconstruimos juntos la historia de los barrios de Córdoba. También investigamos el patrimonio cultural de un barrio o de una zona de la ciudad, con trabajo en archivos y sobre el territorio. Los participantes son adultos y adultos mayores que se reúnen una vez por semana. Resultan de esto documentos orales o audiovisuales que formarán luego el Archivo del Programa. –¿Qué temas seleccionan? –Son necesariamente capítulos de la historia urbana y social de Córdoba y del país: el origen de los barrios, la formación y desarrollo de sus instituciones (sociedades de fomento, centros vecinales, clubes, comercios, industrias, escuelas), pero también los usos reales e imaginarios del barrio en las diferentes etapas de la vida de las personas; los modos de habitar y construir; las relaciones entre el espacio público y privado. –¿Cuál es el rol del vecino? –El vecino, el ciudadano, ocupa un lugar central. Podría pensarse que los talleristas son meramente testimoniantes de lo vivido y sin embargo no es así. Ellos participan de todo el proceso de producción histórica, desde la discusión de la bibliografía hasta la búsqueda fuentes primarias (cartas, fotografías, planos de loteos); luego vendrá el análisis e interpretación del material reunido, la elaboración del relato histórico y la difusión. –¿Qué productos salen de los talleres? –Muestras fotográficas, audiovisuales, artísticas, charlas en escuelas, bibliotecas populares y centros vecinales y también consulta de alumnos de todos los niveles de la enseñanza, eventos conmemorativos, publicación de revistas o libros, presentación de informes y peticiones al municipio relativos al patrimonio barrial. –¿Cómo se construye un relato histórico a partir de varias memorias? –Quizás el mejor relato histórico que logremos sea aquel que esté forjado por la participación efectiva de una multiplicidad de voces… –Hay muchas subjetividades en juego en "las memorias". ¿Qué sucede cuando cada uno recuerda un suceso y las versiones aparecen contradictorias? –No hay que pensar la subjetividad de estas memorias como un rasgo negativo. Por el contrario, estas versiones ofrecen evidencia de los diversos modos en que se construyeron los sucesos, también sobre cómo los interpretamos y las formas en que recordamos y olvidamos a lo largo del tiempo. De todos modos, también los documentos escritos ofrecen versiones contradictorias. En todo caso, los historiadores debemos contrastar diferentes fuentes de evidencia de manera tal que nos permitan aproximarnos al cómo, cuándo y porqué de algunos sucesos. –¿Por qué es importante preservar el patrimonio tangible e intangible barrial? –Qué preservar, por qué y cómo, es un asunto de todos los ciudadanos y el patrimonio barrial es una cuestión a definir por la comunidad que lo habita. Sostengo que hay un ida y vuelta entre identidades culturales de la ciudad y su patrimonio material e inmaterial; que se nutren unos de otros. Ya es casi imposible hablar de patrimonio tangible separado del intangible. – ¿Cuáles son los objetivos más importantes que se persiguen con este rescate de memorias? –Además de la investigación, preservación y difusión de la historia y patrimonio local, impulsamos la participación activa de los vecinos en tanto portadores y hacedores de cultura. Asimismo, revalorizar el rol social del adulto mayor en la medida que con su trabajo en los talleres realizan un importante aporte a la comunidad. –La noción tradicional de "barrio", como espacio público, compartido y cotidiano de vida, está en plena resignificación ¿qué sucede con la identidad del barrio ante esta circunstancia? –Es complejo. Las identidades no están dadas ni son para siempre. Implican procesos dinámicos; son un hacerse y a veces deshacerse. Toda afirmación sobre la identidad barrial a nivel simbólico presenta necesariamente un componente emocional. Hay un pasado y unas vivencias compartidas a las que se remite para argumentar. – ¿En qué barrios se realizaron estos talleres? –General Paz, Güemes, Alta Córdoba, San Vicente, Juan XXIII, Boulevares Anexo, Villa El Libertador, Villa Serrana, Autódromo, Observatorio. También hubo un Taller Zonal cuya duración fue de ocho años y que abarcó gran parte del noroeste de la ciudad de Córdoba a fin de reconstruir la historia de las antiguas poblaciones veraniegas de Argüello y Pueblo Rivera Indarte, como así también Villa Belgrano y Villa Warcalde. La dimensión del estudio histórico y patrimonial implicó el reconocimiento de más de 15 barrios conformados a partir de estas poblaciones y zona de quintas. Actualmente estamos trabajando en Barrio Juniors.
Patrimonio social en la ciudad de hoy
En el momento de hacer esta entrevista, en el Centro Cultural San Vicente se estaban desarrollando unas jornadas denominadas “El cuarteto cordobés ¿patrimonio cultural de la nación y del mundo?” con la antropóloga Mónica Lacarrieu como disertante principal. Lacarrieu es especialista en etnografía de los espacios públicos y el rol de la cultura, patrimonio y lo social en la ciudades contemporáneas.
–¿Qué reflexión les dejó la intervención de Lacarrieu y cuáles son los requisitos necesarios que una comunidad debe realizar para presentarse ante la Unesco?
–Sobre todo la necesidad de trabajar con la comunidad; las concepciones actuales de lo que se considera hoy patrimonio cultural y brindar los recursos necesarios para que sean los propios integrantes de la comunidad o sectores de ella los portadores de este patrimonio, quienes definan cuáles son sus componentes y consientan en tomar las medidas de protección necesarias para su disfrute.

