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Los docentes deben ser el corazón del desarrollo

Entrevista a Gloria Vidal Illingworth. Ecuador lleva adelante una reforma radical del sistema educativo para garantizar el acceso equitativo a la escolaridad y mejorar la calidad de la enseñanza. Hablamos con una de las coautoras de la reforma, la exministra de Educación y actual embajadora ecuatoriana en Buenos Aires.

24 de mayo de 2015 a las 11:25 p. m.
Redacción La Voz
Los docentes deben ser el corazón del desarrollo
Gloria Vidal Illingworth. Embajadora de Ecuador (Antonio Carrizo/La Voz).

Cuando se habla de educación y de modelos a seguir se ­piensa en países lejanos y un tanto ajenos a nuestra cultura, como Finlandia. Sin embargo, en nuestra región aparece un ejemplo llama­tivo. el de un país pequeño que tiene un presidente que si bien proviene de la academia, se alineó con el cha­vismo y tiene un discurso claramente populista y autoritario, pero está ­llevando adelante una reforma que ­llama la atención dentro y fuera de América latina. Por ejemplo: el ingreso a la universidad pública no es irrestricto, el buen promedio en el secundario es excluyente para ingresar a determinadas disciplinas y se exigen requisitos similares para ingresar a medicina y a la docencia. Además, los docentes en actividad deben someterse a su­pervisiones periódicas. En una medida que podríamos calificar de sarmientina, Ecuador contrata a profesores extranjeros de todo el mundo para enseñar en sus universidades y envía alumnos y profesionales al exterior (incluso a Estados Unidos) para perfeccionarse. Sobre este tema dialogamos con una de las coautoras del proyecto de esa reforma educativa. Se trata de la embajadora de Ecuador en Argentina, Gloria Vidal Illingworth, exministra de Educación de su país, que estuvo en Córdoba días atrás para poner en funciones al cónsul honorario de ese país, Vicente Aznar. "El cambio educativo en Ecuador, más que una reforma, es una revolución. Esto se debe a que el cambio es realmente profundo, es una ruptura con lo anterior. Teníamos un problema muy serio en mi país. Por ejemplo, en la educación pública se cobraba matrícula, lo que excluía a miles de chicos, jóvenes y adultos. Nuestro sueño era poder cerrar, por medio de la educación, la brecha de inequidad social, y al mismo tiempo contribuir al desarrollo del país", dice la diplomática.– ¿Esto era un plan que le pre­sentaron a Correa o él se los en­cargó a ustedes? –Era un proyecto político que ideamos un grupo de personas y se pudo hacer gracias al gran apoyo del presidente Rafael Correa. Propusimos un plan de 10 años para cambiar la educación del país. La clave es dar estabilidad al sistema, más allá de quién gobernara. Este plan se construyó con gran participación social, con mesas de discusión en todo el país y fue llevado a referéndum. El presidente Correa, recién elegido, apoyó la iniciativa, al punto de que su instrumentación supera la propuesta original, sobre todo en lo que hace a educación superior.– Se refiere al proceso que llevó al cierre de algunas univer­sidades... –La primera evaluación de universidades que se realizó en el país determinó que algunas daban servicios de muy baja calidad y fueron cerradas. – ¿Y en los niveles inferiores? Primaria, secundaria... –Había una gran brecha entre la educación de las zonas rurales y de las ciudades. La desactualización afectaba desde la arquitectura a la concepción de los procesos educativos. El Ministerio de Educación concentraba todas las decisiones que se tomaban en el país, hasta las más simples... Luego de un proceso de planificación que llevamos adelante, muchas escuelas fueron cerradas y los alumnos reubicados para una administración más eficiente. Se diseñaron planes para articular mejor los distintos niveles educativos (inicial, media, bachillerato), etcétera. – ¿Qué cambió en la carrera ­docente? –Se diseñó un nuevo perfil de docente. Cambiaron los requisitos para el ingreso a Ciencias de la Educación y creamos un acompañamiento a los maestros y profesores que, estando en ejercicio, habían sido abandonados por el Estado. Hay gente que ha dedicado su vida a la docencia con una entrega total, pero para otros la carrera docente era una posibilidad de acceder a un trabajo para el que aparentemente no se necesitaba mayor preparación. Ser maestro no es una profesión cualquiera y por lo tanto no cualquiera puede ser maestro. Por eso impulsamos cursos de capacitación, nuevas opciones profesionales y creamos la figura del mentor educativo (un profesor de profesores). Para eso se creó la Universidad de Educación (Unae), para la formación y la capacitación continua de los docentes. – En la que hay docentes y profesionales extranjeros enseñando. –Así es. La idea es que los mejores profesionales en docencia vayan a enseñar a Ecuador. Uno de los programas vigentes es Prometeo, que convoca a profesionales de todo el mundo (hay 50 argentinos allí), para desarrollar proyectos específicos. Van por un año, dos o tres. Ecuador se hace cargo de su remuneración, vivienda y pasajes. – ¿Cuáles son los requisitos para ingresar a la carrera docente? –Solamente entran a la carrera docente los mejores egresados de la secundaria, los bachilleres más talentosos, los adultos más creativos. Por eso pusimos exigencias de ingreso similares a las de medicina, porque son las dos carreras que más necesitamos. Al final del secundario, aquellos que en el examen final obtuvieran 800 o más puntos (el máximo es mil) podían optar por docencia o medicina. Luego de terminar la carrera en la universidad, si quiere ejercer la docencia en instituciones públicas, debe pasar por una serie de evaluaciones adicionales relacionadas con el área en la que pretende enseñar, además de pruebas de metodología, pedagogía y clases prácticas ante un grupo de profesores. Esto se debe a que necesitamos que los docentes sean el corazón del desarrollo. Por eso hubo que revalorizar el trabajo de los docentes para devolverles el privilegio de ser referentes sociales. Esta es una construcción a largo plazo. – ¿Por qué un gobierno que se denomina progresista restringe el acceso a la universidad pública? –Porque los recursos públicos no son infinitos y se debe privilegiar la solvencia y calidad académica de quienes van a ser beneficiarios de nuestros impuestos. Se impone lograr la excelencia académica. Con ese objetivo, hoy tenemos ocho mil estudiantes becados en el mundo entero (en Canadá, Estados Unidos, Bélgica, Francia, en Argentina también) para volver a Ecuador mejor preparados y apoyar el proceso de desarrollo. Hubo cuestionamientos respecto, por ejemplo, de la evaluación docente. Se considerada una política de derecha, pero en otras partes del mundo, con gobiernos socialistas o progresistas, la evaluación es parte de un proceso. –Sin embargo, en algunos casos tuvo como consecuencia que algunos docentes fueran separados de sus cátedras. –La evaluación nunca fue pensada como una forma de perseguir a los docentes. Tenemos claro que no son los culpables de los males del sistema educativo. Por eso al principio la evaluación fue voluntaria. Así entendieron que se trataba de un sistema de desarrollo del profesor en ejercicio; es una forma de afirmar al docente, de respaldarlo. Las falencias que aparecían en las evaluaciones eran tratadas posteriormente para que el profesor pudiera adquirir nuevas capacidades y corregir errores. Pero quien después de dos evaluaciones persistiera en la falencia, sí era separado y asignado a tareas fuera del aula. También pasó a la inversa: las evaluaciones detectaron a docentes sobresalientes que se convirtieron en mentores, en profesores de profesores, y aportan desde entonces a la mejora continua del aprendizaje.

El proceso de reforma educativa fue blanco de críticas y resistencias. Algunas comunidades indígenas denuncian el cierre de escuelas en las zonas rurales; otros grupos sostienen que la meritocracia impone requisitos demasiado exigentes, imposibles de alcanzar por los más pobres; otras voces apuntan que Correa neutralizó con mano dura las protestas de quienes se sentían perjudicados por la reforma.

En todo caso, todavía es pronto para apreciar los resultados, pero la causa bien vale tener presente el caso ecuatoriano y prestarle atención.