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Las fotos que sobrevivieron al hielo

El hallazgo en la Antártida de 22 imágenes de la expedición de Ernest Shackleton de hace un siglo abre una nueva ventana a la edad heroica de la exploración e invita a reflexionar sobre la fotografía polar.

13 de enero de 2014 a las 12:01 a. m.
Las fotos que sobrevivieron al hielo
La importancia de la imagen. La expedición de Shackleton en las fotos de Frank Hurley

Son sólo un puñado de viejas fotos olvidadas hace un siglo, pero ¡qué emocionantes! Ventanas a un tiempo desvanecido de aventura y coraje nos arrastran al gran mundo de la conquista polar y las bellezas y crueldades de los hielos. Nos reencontramos en esas imágenes con la épica de las expediciones históricas a la Antártida, colmadas de heroísmo e increíbles padecimientos. Las fotos han experimentado en su piel de celuloide el mordisco helado del continente blanco que sufrieron los exploradores. Convertidas en un manojo informe y ennegrecido, esperaban la mano redentora del destino, igual que lo aguardó la desgraciada partida del capitán Robert Scott en su tienda postrera al regreso del desastroso viaje al Polo Sur en 1912. Las fotos han tenido mejor suerte: se salvaron.El hallazgo de los 22 negativos en una pequeña caja en el cuarto de revelado de la cabaña en el cabo Evans, que era la base principal de la expedición de Scott en 1911, nos invita a reflexionar sobre el papel de la fotografía en aquellos episodios grandiosos en personajes, hazañas y desastres.Una ojeada superficial a las nuevas fotos podría provocar cierta desilusión: un iceberg tras el que aparece tierra, el mar y un glaciar, un paisaje nevado, una isla helada... Pero es imposible no rendirse enseguida a la fascinación que ejercen esos paisajes desolados enmarcados en negro y requemados, manchados y corroídos. En una de las imágenes que muestra una vista del estrecho de MacMurdo desde las montañas transantárticas, la nieve, el mar y el cielo se mezclan indisolublemente en una estampa de indescifrable desazón. En dos de las fotos se reconoce a Alexander Stevens (1886-1965), miembro de la Expedición Imperial Transantártica (1914-1917), la famosa expedición liderada por Ernst Shackleton que tenía el propósito de cruzar el continente y cuyo fracaso dio pie a la que está considerada una de las aventuras de resistencia, coraje y liderazgo más extraordinarias de la historia de la exploración. Stevens era el jefe científico del segundo de los dos equipos en que dividió Shackleton su fallido ataque a la Antártida. El primero, con 28 hombres bajo su mando directo y a bordo del Endurance, fue el que quedó atrapado por el hielo en el mar de Weddell, mientras que el segundo, de 10 hombres, en otro barco, el Aurora, se dirigió al mar de Ross para servir de apoyo y descargar suministros en el cabo Evans. Iconografía polar Tras quedar el Endurance estrujado por el hielo, Shackleton logró, con penurias indescriptibles, dirigir a sus hombres a la salvación. Esta odisea certificó aquella máxima de otro explorador, Cherry-Garrad, que dijo que la exploración polar es la peor forma de pasarlo mal que se ha inventado. No tuvo la misma suerte el equipo del Aurora: murieron tres durante el viaje para establecer depósitos de provisiones en la ruta que debía seguir el grupo principal.Las fotos halladas ahora en el viejo cuarto oscuro de la base de Scott, reaprovechadas por otras expediciones, las hizo un miembro no identificado del equipo del Aurora y corresponden a esa aventura paralela a la de Shackleton. No poseen la extraordinaria calidad de las que tomó el australiano Frank Hurley (1885-1962), el fotógrafo oficial de la expedición y que acompañaba al líder en el Endurance. Las imágenes de Hurley son parte de la gran iconografía polar. Desde luego tuvo tiempo para hacerlas, pero eso no resta mérito a, por ejemplo, las estremecedoras y fantasmagóricas que tomó del Endurance en su prisión de hielo hundiéndose lentamente. Hurley era un tipo de carácter difícil, pero tuvo agallas para lanzarse al agua y recuperar varias de sus placas que documentaron aquella tremenda aventura blanca.Cuando hubo que abandonar el barco, Shackleton obligó a sus hombres a cargar sólo con lo indispensable. Entre las pocas excepciones estuvieron Hussey, al que se le permitió llevar su banjo, para animar un viaje por la banquisa en el que se preveían pocas distracciones, y Hurley, que pudo cargar con una cámara, película y una selección de 400 de sus placas. De esa manera, fue capaz de realizar la imagen quizá más emblemática de la expedición: el grupo de isla Elefante vitoreando la partida del bote James Caird en busca de ayuda. El poder de la imagen Los pioneros polares ya sabían que eran personajes mediáticos, como diríamos hoy. Shackleton era muy consciente del valor de las imágenes, como lo eran también Scott, Roald Amundsen y Fridtjof Nansen. Este último realizó extraordinarias fotos de las expediciones del Framm. A ver, cómo vas a explicar lo tremendamente mal que lo has pasado si no muestras paisajes estremecedores y te hacen un retrato con la barba helada y ojos de loco. En la narrativa polar, y en la construcción de la identidad del héroe de los polos, las fotos eran un punto. Y muy convenientes para el libro y para ilustrar las conferencias. Nansen llegó a hacerse algunas en estudio y Amundsen en el jardín de su casa nevado. Scott llevaba en su expedición de 1910-1913 al británico Herbert Ponting (1870-1935), otro extraordinario fotógrafo–y también como él corresponsal de guerra–, autor por ejemplo de la célebre imagen en la que se ve a Scott rodeado de ocho de sus hombres irradiando todos confianza y resolución, puro " we can ", o la del Terra Nova (el barco de Scott) visto a través de una gruta de hielo que parece la enorme boca de un pez a punto de devorarlo. Ponting fue el primer fotógrafo profesional en pisar la Antártida, pero (afortunadamente para él) Scott no se lo llevó con la partida de ataque al Polo Sur. La tarea de tomar fotos durante ese infausto viaje recayó en uno de los miembros del grupo, Henry Bowers, que fue incorporado a última hora. A él le debemos las terribles imágenes de Scott, Evans, Oates y Wilson derrotados junto a la tienda y la bandera noruega dejadas por Amundsen tras llegar primero, o del grupo posando con caras largas por la decepción.Las fotos fueron recuperadas junto al cuerpo de Scott al hallar la partida de rescate ocho meses después de su muerte la tienda en la que se encontraban los cadáveres del líder, Wilson y Bowers (Evans había muerto por el camino; y Oates, marchándose heroicamente de la tienda en calcetines). Las que tomó Bowers son seguramente las fotos más dramáticas de la historia de la exploración polar, conociendo el destino de los retratados y la manera en que llegaron a nosotros. Cómo hacer visible lo invisible En el equipo ganador, el de Amundsen, la foto más representativa, una de las más significativas de la historia polar y la más celebrada de Noruega, la tomó Olav Bjaaland. La famosísima imagen muestra a Amundsen, Helmer Hanssen, Sverre Hassel y Oscar Wisting con la cabeza descubierta (a 23 grados bajo cero) y mirando hacia la pequeña tienda que han levantado coronada con la bandera de su país. Alrededor todo es de una blancura espesa en la que no se distingue nada. Podrían estar en 90° Sur o en cualquier otro sitio.La foto tiene su interesante historia. De entrada, los noruegos no sabían cómo hacerla. ¿Cómo retratas para la posteridad la conquista de un lugar que es una abstracción geográfica y en el que no hay absolutamente nada? Recorra usted 2.594 kilómetros en 99 fríos días para no tener clara la foto. "Todo el mundo esperaba ver la foto del Polo Sur, el gran trofeo, pero ¿cómo hacer visible lo invisible? No había nada que mostrar allí", dijo el estudioso de la historia de las exploraciones Harald Ostgaard Lund, curador de una gran exposición fotográfica sobre los héroes polares noruegos en Oslo mientras recorríamos la muestra. "Finalmente, consiguieron crear esa foto que está impresa en la memoria colectiva noruega. Convirtiendo el Polo Sur en un lugar real. En esencia, todos los exploradores han utilizado la misma idea de un montículo, una tienda y una bandera". La foto también estuvo perdida durante mucho tiempo hasta que apareció en la Biblioteca Nacional de Australia. Paradójicamente, la prueba fotográfica de que Amundsen y los suyos habían llegado al Polo Sur no fue la foto de Bjaaland sino las que tomaron los británicos perdedores.