Las aventuras de un señor sueco
Si en este momento, un ciudadano sueco, finlandés o chileno ingresara a la Argentina, advertiría, más allá de los fines específicos de sus viajes, que en la Argentina se dan fenómenos de notable particularidad.
Si en este momento, un ciudadano sueco, finlandés o chileno ingresara a la Argentina, advertiría, más allá de los fines específicos de sus viajes, que en la Argentina se dan fenómenos de notable particularidad. Es más, podría decirse que se dan cosas impensadas para algún razonamiento aplicado a la lógica tradicional.
Es que en la Argentina su presidenta y su vicepresidente están contra las cuerdas, y la Justicia los tiene sometidos a investigación por hechos de supuesta corrupción.
Más allá de la figura o de las figuras específicas que se le aplique a cada uno, la sospecha es haberse quedado con dinero del Estado, de haberse servido del Estado para fines personales o, en el caso del vicepresidente, la segunda autoridad de la Nación, de haber cometido supuestos delitos vinculados a la estafa y a la adulteración de documentos.
Eso es impensado y vergonzante para el argentino que deba explicar la situación, salvo que ese argentino no tenga vinculaciones con el partido del Gobierno.
Cristina Fernández de Kirchner, nuestra presidenta, y Amado Boudou, nuestro vicepresidente, están sometidos a procesos judiciales con diferentes grados de evolución y gravedad, pero procesos judiciales al fin.
En cualquier país del mundo con mínimo respeto por sus instituciones, Amado Boudou no podría estar en este momento en sus funciones. Se lo habría aconsejado hasta el más rudimentario de sus asesores.
En cambio, la estrategia oficial es redoblar la apuesta. El oficialismo responde, ahora un poco a regañadientes, que la elección de Boudou fue una decisión excluyente de Cristina Fernández y ahora no se la puede exponer.
Obviamente, a medida que pasan los días y se conocen nuevas causas y detalles de los casos antiguos, algunos funcionarios ya abren el paraguas y dejan de poner las manos en el fuego por Boudou, quien parece un adolescente a juzgar por algunos de sus actos. En medio de la batahola judicial repitió su presentación pública en boliches escuchando bandas de rock. ¿Trata de mostrar tranquilidad porque es inocente o se trata de una actitud desafiante?
En las últimas jornadas, la Presidenta quedó entrampada en una situación más que incómoda por la empresa Hotesur, a la que estaría vinculada.
No dio respuestas contundentes sobre el asunto. Es más, desplegó ráfagas difamatorias y acusatorias contra el juez que investiga el caso Hotesur, Claudio Bonadio.
Más allá de la seriedad o no del magistrado, lo que resulta intimidatorio es que la jefa del Estado utilice información calificada para defenestrar a un juez en público. Eso da miedito, sinceramente.
La situación de funcionarios en la cuerda floja se reitera en diferentes provincias, a lo largo y a lo ancho del país. Córdoba no es la excepción, ni nada que se le parezca. Las manchas en el Estado se suceden sin solución de continuidad.

