La vida de las cosas
Objetos creados en su mayoría en los siglos XVII y XVIII ocupan espacios estratégicos en las salas y vitrinas del Museo de Arte Religioso Juan de Tejeda.
Objetos creados en su mayoría en los siglos XVII y XVIII ocupan espacios estratégicos en las salas y vitrinas del Museo de Arte Religioso Juan de Tejeda: imaginería en madera policromada, marfil con incrustaciones diversas, un rubí cómo metáfora de sangre en un crucifijo de fines del XVII y la firma de San Ignacio de Loyola en un relicario. Pinturas al óleo, mobiliario, platería, libros, textiles (desde el siglo XVII hasta mediados 20), entre otros tesoros, no son solamente eso. O, en todo caso, son eso y mucho más. Nos hablan desde un lugar puente: la belleza como manifestación de trascendencia que está marcando el camino hacia Dios. La disposición de las piezas en el museo tiene el acompañamiento extremadamente sutil de frases sueltas: "La luz es bella en sí misma porque su naturaleza es sencilla y lo abarca todo"; "Él brilla e ilumina en su entrega" (ambas de Hugo de San Víctor), o la contundente: "Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa", de Teresa de Jesús. Todas y cada una de las intervenciones responden a un argumento nuevo de esta gestión, que modificó la anterior, centrada en presentar las obras dentro de las distintas escuelas que les dieron vida: Cuzco, Alto Perú, Misiones Guaraníticas, Quito y demás. Al respecto, explica la directora responsable: "Si bien este es un museo eclesiástico y así lo marca el Vaticano, tiene la misión de estar abierto al público con sentido pastoral. Aquí no hacemos catequesis, ni es exclusivo para católicos, sino que pretendemos que sea un museo antropológico en un amplio sentido, donde se rescate lo humano haciendo visible la vida de los objetos desde quienes los crearon y usaron, como símbolos de su fe. Entonces, el ferviente cristiano ante este guion propuesto puede intelectualizar su creencia y tal vez profundizarla, y el que no lo es establecerá un vínculo con el patrimonio como punto de encuentro", sostiene Celina Hafford. "Aquí no adoctrinamos. Cada visitante hará un recorrido íntimo, sin certezas, pero con cuestionamientos que giran alrededor de la fe, y cada uno entenderá según su cosmovisión. Digamos que aportamos un gesto para la paz".Digamos también: lugar común, la belleza.

