“La pasti”, de la guerra a la disco
Una bomba química –20 veces más potente que en su origen–, capaz de transformar al ser humano en incansable e insensible, es lo que consumieron los chicos que nunca pudieron dejar de bailar.
El baile desenfrenado en algunas fiestas suele durar un par de días. O puede empezar en horarios infrecuentes. Muchos están habituados a tanto sacudón, otros recurren a energizantes químicos, a los que llaman "la pasti", que tiene un componente de un siglo de existencia. Los jóvenes que murieron la semana pasada en Costa Salguero, entre convulsiones y una temperatura que los quemaba por adentro, habían ingerido pastillas cuya base era la metanfetamina. Esa droga que se mal usa para extender la jornada de fiesta, aún hoy se utiliza para mejorar la resistencia en el campo de batalla.La metanfetamina fue sintetizada en Japón en 1919. Su madre, la anfetamina, ya se utilizaba desde 1887 y era de gran alivio para los asmáticos.Después de ver el grado de alerta que mostraban los consumidores, la Alemania nazi decidió probar el Pervitín –nombre con el que se comercializó en Europa– en las tropas que invadieron Polonia en 1939. Los conejillos fueron pilotos de aviones y conductores de vehículos.Ya nada sería igual. Una pastilla de Pervitín a mano sería como duplicar un combatiente, según las experiencias que narraron soldados que podían estar enérgicos y atentos durante casi tres días, sin comer y sin sentir dolor. El propio Adolf Hitler y sus principales oficiales eran adictos, según reveló el investigador Norman Olher, en su libro The Total Rush; Drugs in the Third Reich .En la vereda del frente, en el pañol de municiones y otros elementos para el combate, también se apilaban latas con blísteres de Benzedrina, un medicamento que en Estados Unidos se utilizaba para tratar el asma. Sólo en la campaña de África, de 1943, Dwight Eisenhower resolvió repartir 500 mil dosis de ese broncodilatador.Su utilización a uno u otro lado de la trinchera tuvo su efecto colateral: algunos soldados se iban de mambo, alucinaban y disparaban a enemigos imaginarios o a sus propios compañeros.A fines de los años 1960, la Guerra de Vietnam no alcanzaba para consumir toda la anfetamina y metanfetamina que producían los laboratorios. Fue cuando los médicos comenzaron a recetarla como complemento para adelgazar.Ilegal desde 1971 pero globalizada, la metanfetamina está en las fiestas electrónicas de todo el mundo. Fue al ver su acción en las fiestas de jóvenes ricos de Arabia Saudita cuando el Estado Islámico se interesó por el Captagon, un cóctel de anfetamina, metanfetamina y cafeína.Con un toque en los porcentajes de su composición, los yihadistas se transformaron en capaces de cortar cabezas, quemar gente viva o poner explosivos en un teatro de París, sin que se les mueva un pelo.Esa bomba química –20 veces más potente que en su origen–, capaz de transformar al ser humano en incansable e insensible, es lo que consumieron los chicos que nunca pudieron dejar de bailar.

