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La novela luminosa

Mario Levrero (1940-2004), autor y personaje de esta novela, recibe de la Fundación Guggenheim un respaldo económico clave para poder dedicarse a una obra que dejó inconclusa 16 años atrás y de la cual duda por las dificultades que el tema escogido, tan particular, abstracto y evanescente, representará para la elaboración de un argumento verosímil.

22 de febrero de 2015 a las 12:01 a. m.
La novela luminosa

Mario Levrero (1940-2004), autor y personaje de esta novela, recibe de la Fundación Guggenheim un respaldo económico clave para poder dedicarse a una obra que dejó inconclusa 16 años atrás y de la cual duda por las dificultades que el tema escogido, tan particular, abstracto y evanescente, representará para la elaboración de un argumento verosímil. El tema son unas experiencias sobrenaturales, "luminosas", al filo entre la realidad y el delirio, entre lo objetivo y la percepción distorsionada de las cosas por las que el escritor asegura haber pasado en distintas etapas de su vida y en las que intentará volcar todo su tiempo para, escribiéndolas, sacárselas de encima de una vez. Ahora bien, ¿de qué modo continúa aquel proyecto abandonado? De la única manera que encuentra para poder mantener una distancia prudente de algo de cuya viabilidad, según sus propias palabras, no está seguro. Retrasará todo lo posible la ejecución de la novela escribiendo un diario, "El diario de la beca", que es una descripción magnífica realizada durante un año de ciertas situaciones cotidianas mientras se prepara a escribir La novela luminosa (su adicción a la computadora, sus relaciones con las mujeres que lo visitan, sus dificultades para conciliar el sueño a una hora adecuada, su compulsión por las novelas policiales, su obsesión por una paloma muerta) y que no sólo pasará a integrar el corpus de la obra sino que significará también, en definitiva, la parte más atractiva de las dos y quizá la más rica.¿Cuál podría ser el interés del diario para el lector, más teniendo en cuenta que representa lo más extenso (como un 80 por ciento) de la obra? Debido a su naturaleza inaprensible y por ese despertar hacia un nuevo modo de ver la realidad que aquellas experiencias anómalas provocaron en Levrero, la parte de la novela luminosa quedará relegada sabiamente hacia el final del texto, estrategia que realzará su valoración porque el diario no sólo la anuncia sino que de algún modo, brillantemente ejecutado, la complementa, la discute, la explica y la justifica. Un hombre de 60 años fóbico, intolerante a la frustración y a las mínimas dificultades y con una estabilidad emocional precaria que empeora día a día escribe el diario para decir que debe escribir la novela luminosa para lo cual le han otorgado la prestigiosa beca, pero a la vez, por esa misma inseguridad, pospone hasta el final la novela luminosa propiamente dicha, cuyo contenido digresivo y fascinante oficiará como conclusión de un proyecto largamente meditado.Entre aquellas experiencias fantasmales que describe el escritor uruguayo, casi como un epílogo del libro, las hay de todo tipo y origen: la "imagen" de lo que huele un perro acostado sobre la hierba una calurosa tarde de verano, las observaciones obsesivas de hormigas, arañas y pulgas antropomorfizadas en esas observaciones, las telepatías con una mujer de ojos verdes que le revelan su destino, el hallazgo inexplicable de una mordedura en la espalda hasta que una mujer le dice en una carta que soñó con que le mordía la espalda, unos diálogos indescifrables con piedras y semáforos... Pero la verosimilitud es tal que uno, creyente o no de la posibilidad de estas experiencias, confía en lo que lee. Más allá de la intención de contar algo verdadero o no, Levrero nos obligó a creer en ellas. Porque toda gran obra funda un mundo propio. La suspensión de la incredulidad está dada por la mano maestra del escritor para construir una ficción soberana, regida por sus propias leyes y verdades, una ilusión que a fuerza de imaginación y palabras sepa emanciparse de la realidad cotidiana.