“La música es un camino de superación”
Entrevista a Santiago Ruiz, músico.
–¿Recuerda cuándo decidió que quería dedicarse a la música?
–Fue a los tres años. Mis primeros recuerdos musicales son de Frank Sinatra, Armando Manzanero y también música clásica. Era la música que escuchaban mis padres. Todo fue una cuestión de emoción. Desde chico siempre vibré con la música y supe que esto quería hacer en mi vida. Pero me di cuenta de que quería ser músico el día que fui al Conservatorio Provincial Félix Garzón a buscar los programas y escuché en el patio el sonido proveniente de todas las aulas. Era bastante caótico y hermoso, como cuando la orquesta afina. En ese momento de verdad sentí que ése era mi lugar. Me pasó igual cuando estaba haciendo el cursillo para entrar a Composición en la Universidad Nacional de Córdoba. Fueron momentos de gran certeza interior.
–¿Viene de familia de músicos?
–No nací en una familia de músicos, sino que la fui eligiendo como forma de vida. Tengo cuatro hermanos y el más chico, Manuel, también es músico. Al principio, de niño, quería ser cantante, luego guitarrista, tocar rock y después soñaba con ser director de orquesta. Después estudié guitarra en el Conservatorio Provincial Félix Garzón y me recibí de profesor de guitarra. Estudié composición musical en la Escuela de Artes en la Universidad Nacional de Córdoba y aprendí a tocar el clarinete y el piano. Luego me dediqué de lleno a estudiar como director de orquesta y tomé cursos de dirección coral. Curiosamente, estudié en las Escuelas Pías y en el Santo Tomás y actualmente dirijo los coros de niños y jóvenes en ambas.
–¿Cuáles son los requisitos que tiene que tener un director de orquesta y de un coro?
–El principal es tener la capacidad de sacar lo mejor de la gente y también de uno mismo. Eso está vinculado con la capacidad de liderar pero que va más allá de hacer lo que uno quiere, sino que tiene un fin más trascendente. Para ser director de una orquesta y de un coro hay que tener una visión musical clara, mucho estudio sobre la música, sobre cada obra que se va a dirigir y sobre todo, tener mucho amor por esta tarea, mucha entrega.
–¿Cuál es la diferencia entre dirigir uno y otro?
–Dirigir cantantes no tiene intermediarios, porque el instrumento es la propia persona a través de su voz. En cambio, dirigir instrumentistas implica tratar con muchos músicos que estudiaron muchos años y que lograron un alto grado de profesionalización para tocar un instrumento. El instrumento es un intermediario, un objeto externo a su cuerpo, aunque muchos lo tienen muy incorporado. Pero dirigir una orquesta para mí es un desafío mayor.
–¿Qué es más importante en un director de orquesta, saber trasmitir un alto grado de profesionalización y de disciplina o trasmitir la mística al interpretar una obra o una canción?
–Las dos habilidades tienen que ir de la mano, a la hora de los resultados es importante tener disciplina de trabajo y manejo de las técnicas. Pero también, si no están la mística y el apasionamiento, en esta profesión no sirve de nada. El desafío es entender por qué uno toca, por qué uno canta, por qué uno dirige; esa es la clave. La técnica es el medio, pero la mística es indispensable para llegar a la gente.
–¿La música es un camino hacia la libertad?
–Sí, porque tiene que ver con la capacidad de expresión y la posibilidad que tiene de liberar de estructuras a las personas. De liberarlos de lo real, de lo cotidiano, para hacernos sentir más plenos. La música es un camino de superación y de expresión. La música libera de condicionamientos a las personas y es un vehículo para lograr la felicidad. Nos permite estar en refugios hermosos, plenos, verdaderos y descubrir nuestra verdadera riqueza como personas.
–¿Por qué le parece importante hacer conciertos en lugares no convencionales?
–Es muy importante hacer conciertos en distintos espacios y también es fundamental que la gente participe en eventos de orquestas, de coros y que estos espacios brinden lo que las personas necesitan. Cualquier persona puede escuchar lo que quiera independientemente del género de que se trate. Creo que el desafío es que los intérpretes y los músicos sepan transmitir la profundidad de una obra. Cuando la música está hecha no creo que haya oído que se resista a disfrutarla.
–¿Qué le incorporaría a la orquesta de cuerdas en cuanto a repertorio?
–Intento ofrecerles mi visión y mi interpretación de obras que ya tocaron en otro momento con otro director. Por otro lado me parece interesante traer nuevos repertorios que la orquesta todavía no ha tocado. Por ejemplo serenatas para cuerdas de músicos de distintos lugares del mundo y también de cantores argentinos. Hay propuestas de músicas contemporáneas o regionales que se podrían tocar en la orquesta. De Piotr Ilyich Tchaikovsky y también de Christian Gerber.
–¿Qué diferencia a un director joven de otro más grande a la hora de dirigir una orquesta?
–En mi caso muchas ganas de descubrir, de experimentar, de hacerlo bien y de que el camino de aprendizaje sea productivo para todos los integrantes de la orquesta. Creo que si algún día no siento entusiasmo voy a dejar de dirigir, porque esto tiene que ver con emocionarme y con emocionar al público. Y la convicción de saber que es buena la música que vamos a interpretar... El entusiasmo del director y de la orquesta trasmite entusiasmo en el público. Es un feedback que nunca falla.
–¿Qué limitaciones pueden jugar en contra de la tarea de dirigir?
–En mi caso, la incapacidad para reconocer los propios límites en cuanto a nivel de exigencia y por ahí también a hablar demasiado. Aprender a decir que “no” cuando me ofrecen más actividades y no las puedo hacer y poner límites más explícitos con alumnos que por ahí faltan a los ensayos.
–¿Hay diferencias entre los directores de orquesta latinoamericanos respecto de los europeos y estadounidenses?
–Creo que hay muchos directores latinoamericanos que trasmiten mucha calidez y visceralidad a las obras y que están desarrollando perfiles muy sensibles y muy latinos en su forma de dirigir a músicos. Pero dirigir una orquesta va más allá de las nacionalidades. En lo personal me da una gran satisfacción cuando veo brillar los ojos del público de los integrantes de la orquesta o el coro.
–¿Quiénes son sus referentes en Córdoba?
–El maestro Hugo de la Vega y Daniel Shapiro de los cuales aprendí el entusiasmo por la actividad coral. Siempre me acercaba al final de los conciertos y tenían nuevos proyectos y anécdotas para contar; siempre me trasmitieron mucho entusiasmo. También al maestro Carlos Giraudo, que fue con quien empecé a desenmarañar el misterio de la dirección, y a Manfred Kraemer, con el que he tenido la suerte de trabajar y aprender en varias ocasiones. Y en cuanto a directores extranjeros, admiro a Carlos Kleiber, Leonard Bernstein, Claudio Abbado y a Nikolaus Harnoncourt.
–¿Qué desafío le gustaría lograr en la orquesta de cuerdas?
–Me gustaría poder llegar con nuevos repertorios, lograr que mucha gente se acerque a la orquesta de cuerdas desde una propuesta fresca y entusiasta, intensificando el vínculo con nuestro público. Si tuviera más presupuesto, me encantaría que fuéramos a otros lugares del país y también trabajar con diversos solistas. Además, sería muy importante tener más presupuesto para alquilar las partituras de otras obras que todavía no pudimos interpretar.
–¿Cree que la participación de las personas en coros tiene una función de contención social?
–Sí, toda expresión musical colectiva es una actividad social y humana importante. Aportan a la riqueza del trabajo en equipo, es una experiencia de construir con otros, tanto en la participación en un coro como en una orquesta de cuerdas. También contribuye a fortalecer la tolerancia, el respeto por la diversidad. El estar en un coro hace que se encuentren en un mismo espacio creativo personas de distintas posiciones económicas, de diversas ideologías políticas y religiosas que logran trabajar en equipo haciendo una actividad creativa. Como decía un maestro en el tema de los coros, César Ferreyra, el mundillo de los coros era un espejo de toda la sociedad en la que vivimos.
Perfil
Santiago Ruiz (34) es director invitado de la Orquesta Municipal de Cuerdas de la Municipalidad de Córdoba; es subdirector del Coro de la Municipalidad de Córdoba y fundador y director del Coro Cantoría de La Merced. Es docente de la Facultad de Artes de la UNC y dirige el Coro Juvenil Mixto de del Instito Domingo Zípoli.

