La herencia de Eszter
Dentro de la obra inmensamente prolífica del húngaro Sándor Márai (1900-1989), es tal vez la novela La herencia de Eszter la que alcanza un grado de intensidad incomparable.
Dentro de la obra inmensamente prolífica del húngaro Sándor Márai (1900-1989), es tal vez la novela La herencia de Eszter la que alcanza un grado de intensidad incomparable. La historia se presenta con su momento culminante aplazado hasta casi la mitad del libro, y es en esos largos preparativos, dotados de gran destreza narrativa y poca economía de datos, donde se engendra un interés hipnótico que hará que la expectativa de la obra, el regreso del impostor Lajos a la casa de Eszter, adquiera notable inmanencia. Lajos, manipulador y mentiroso, ha sido también un hombre encantador y con un poder de hechicería irresistible para todos los incautos, tanto hombres como mujeres, que caían en sus redes de engaño y farsa. Eszter, su pareja 20 años atrás, es una mujer cuarentona aún enamorada de él y dueña de una terquedad irritante por justificar su conducta, aunque esa actitud frente a quien la expolió por años bascula entre una entusiasmada resignación, algo así como un síndrome de Estocolmo, y la necesidad de ver la realidad dolorosa que ninguna fundamentación puede ocultar. Esta última posición, menos cómoda pero más realista, sólo se desarrolla gracias a las palabras medidas y parcas de la anciana Nunu, la única pariente que convive con Eszter y que representa la sensatez, el deseo desesperanzado de que todos vean lo que nadie puede ver, aunque bien sepa ella cuán inevitable resulta satisfacer los requerimientos del hombre, un genio de la manipulación que tarde o temprano siempre se sale con la suya. El regreso de Lajos se justificará así en su intención de apoderarse de lo único que a Eszter todavía no le quitó.La mujer sobrevive con Nunu en una pobreza digna, más que nada gracias a los frutos del huerto de su jardín. Sus relaciones sociales son amplias y generosas, frecuentemente las visitan vecinos, un hermano de Eszter, un expretendiente y un tío, todos víctimas históricas de las fascinantes celadas de Lajos. Sin embargo ninguno de ellos lo recibirá, como podría suponerse, con el encono lógico por aquellas iniquidades, sino como un amigo que, aun con previsiones y recelos, se ha extrañado mucho. Porque Lajos encarna, sobre todo para Eszter, la alegría y la vitalidad, una revolución de gestos y chistes y representaciones actorales en un mundo en franco contraste, mustio, detenido en el tiempo y casi muerto, como es el de esa casa. Es por eso que ella no sólo lo tolera y acepta, sino que, aun consciente de su peligro, también lo necesita. En un episodio cráter de la novela, Enre, el escribano, resignado testigo de la ruina de Eszter, la previene sobre la irrevocabilidad del documento que está a punto de firmar ("Lajos es un canalla", le dice), una advertencia que sin embargo no alcanzará para detener su decisión. A pesar de los riesgos legales y de ostracismo social que conlleva, Eszter no asumirá esa decisión como error desde el momento en que le conviene asociarla con un orden oculto, con una "ley más fuerte que el mundo y que la razón". A partir de ahí clarifica su pensamiento amoldándolo a su conciencia para afirmar que todo lo bueno que tiene se lo debe a Lajos.Con su estilo ágil y transparente y sus delicadas construcciones, Márai supo seducir consiguiendo que cualquiera fuera capaz de identificar en su literatura una vivencia propia. Mantuvo en sus mejores textos un equilibrio entre la cultura comercial y popular del entretenimiento y aquella meramente artística destinada a esos lectores buscadores de originalidad, enriquecimiento, cultivo del espíritu y aprendizajes, no tanto como sustitutos, sino más bien como añadidos a la diversión y el pasatiempo.

