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La familia cordobesa que se salvó gracias al “Herald” y a Cox

Antonio Granero, más conocido como “Cascote”, nos cuenta la historia que involucra a su esposa Susana Deutsch y a sus padres y hermanos, con Robert Cox y el Herald, y la importancia de esos nombres en sus vidas.

03 de agosto de 2014 a las 10:01 p. m.
La familia cordobesa que se salvó gracias al “Herald” y a Cox
Los tiempos de Cox. De visita en esta ciudad (La Voz/Pedro Castillo).

"Nos invitaron unos amigos", responde Robert Cox cuando le preguntamos por qué fue al debate de Acic apenas llegado a Córdoba con su familia. Antonio Granero, más conocido como "Cascote", nos cuenta la historia que involucra a su esposa Susana Deutsch y a sus padres y hermanos, con Robert Cox y el Herald, y la importancia de esos nombres en sus vidas."En 1977, la familia de Susana Deutsch, mi señora, que entonces era mi novia, vivía en barrio Parque Vélez Sársfield. Una noche un grupo de tareas llegó a la casa y tiraron gases lacrimógenos para sacarlos a todos. Allí estaban Susana, sus hermanas y mis suegros. Al principio mi suegro pensó que se trataba de un asalto y alcanzó a hablarlo por teléfono a su hijo Daniel, que vivía en otro lado. Mi cuñado enseguida se dio cuenta de que no era un asalto y logró escaparse. Suponía que lo buscaban a él por su militancia política, con el Partido Comunista Revolucionario. Seguramente fue por eso, pero además se ensañaron porque son judíos", cuenta Antonio. "Como yo fui el único que quedó afuera, fui el encargado de averiguar dónde estaban y pedir ayuda. Parece mentira, pero en ese momento empecé a mirar a mi alrededor y comprendí lo que estaba sucediendo. Antes no me había dado cuenta, o no me había enterado, no sé. Como colaboraba con la revista Hortensia, Alberto Cognini, que era el director, habló con Jorge Remonda, que era director de La Voz del Interior en ese momento y que hizo mucho por la gente desaparecida. Él me dijo algo importante: me pidió que sacara un certificado de buena conducta, que valía por tres meses, y que le diera una copia. Si me detenían por averiguación de antecedentes, él podría mostrar el certificado y reclamar la liberación. Eso hicimos". Los intentos no se quedaron ahí. Granero, familia y amigos llegaron incluso a hablar con oficial de importancia en el Tercer Cuerpo de Ejército. "Pero fue un desastre. Nos fuimos peor de lo que habíamos llegado. En eso, ya sin saber qué hacer, nos contactamos con un periodista de Buenos Aires que nos dijo que el Buenos Aires Herald publicaba listas de desaparecidos, que probáramos con ellos."Lo que me dijo, para ser más exactos, es que el único que nos iba a dar bola era Robert Cox. Allá fuimos. Hablamos con Cox que se preocupó por el caso, como con tantos otros, y empezamos a ver signos de esperanza. El Herald publicó la historia y los nombres de mis familiares. Tanto trascendió el caso, que cuando Videla fue a Estados Unidos y se entrevistó con Carter este le preguntó por dos casos, el de Jacobo Timerman y el de los Deutsch. A su regreso en Argentina, Videla lo inquirió a Menéndez por eso y finalmente todos fueron blanqueados, puestos a disposición del Poder Ejecutivo Nacional y liberados. Estaban en La Perla, pero antes habían pasado por el Campo de la Ribera".Allí no se terminaron los problemas para la familia. Al trauma de lo que habían pasado y al saqueo que habían sufrido sus bienes con­tinuaron nuevas amenazas y hostigamientos. El exilio se presentaba como la única opción, y la tomaron.Como no tenían documentos, y los militares no se los iban a dar, Tex Harris, funcionario de la embajada de Estados Unidos en Buenos Aires, les hizo todos los papeles para que pudieran salir para Uruguay y de allí a Estados Unidos. Todo por orden de Jimmy Carter, que incluso impulsó una ley que contemplaba el asilo político para personas que venían de países no comunistas. Cabe aclarar que antes no se consideraba que países no comunistas pudieran expulsar gente. El compromiso de Carter Una vez en Estados Unidos nos dieron el asilo político y después la ciudadanía. Granero destaca algo que demuestra el compromiso de Carter con la causa de los desaparecidos. "Cuando terminaba su período presidencial nos hizo hablar con un congresista republicano porque seguramente Ronald Reagan sería el próximo presidente y existía la posibilidad de que cambiara una ley que nos beneficiaba. Además, estableció un cupo de 500 argentinos detenidos que podían asilarse. Lo curioso es que dependíamos de que una familia estadounidense oficiara de tutora del exilio y asegurara nuestro sustento durante un año. Mucha gente se ofreció; principalmente de comunidades religiosas pero también la comunidad gay, por ejemplo". Volvieron a la Argentina con la democracia, luego de 10 años exiliados. "Mis suegros se quedaron, igual que Betty, una de mis cuñadas. Susana y yo volvimos junto con Liliana, que fue la que más tiempo estuvo presa".Pasó el tiempo, pero la relación con Cox, que posibilitó todo eso, continúa. Y también con el expresidente Carter. "Mi cuñado Daniel se reu­nió con él hace 10 días en Atlanta. Nos mandó el video de la entrevista".