La cuestión de la sangre
Si bien, como queda dicho en el cuerpo central de la nota, Argentina era el país con más caballos per cápita del mundo, el caballo que se lució en las pistas de carreras fue un animal importado con el argumento de que serviría para mejorar la raza criolla.
Si bien, como queda dicho en el cuerpo central de la nota, Argentina era el país con más caballos per cápita del mundo, el caballo que se lució en las pistas de carreras fue un animal importado con el argumento de que serviría para mejorar la raza criolla, tema sobre el que llegaron a escribirse tesis doctorales. Entre los numerosos datos que aporta el libro de Hora, se pueden destacar los siguientes: primero, que, en 1920, "Saturnino Unzué adquirió un caballo inglés por el que pagó unos $ 600.000 m/n", lo que significaba por entonces "seis veces más que el más caro de los reproductores que salieron alguna vez a remate en la exposición de la Sociedad Rural Argentina"; segundo, que la importación "abrió el camino para el ingreso pleno de la élite propietaria al mundo del turf"; tercero, que en 1910 se llegó a la cifra récord de 577 caballos importados en un año. Todo tiene que ver con todo... –Esa cuestión de que la sangre extranjera podía mejorarnos, también estaba en la política, que apostaba a los inmigrantes, y en la Sociedad Rural, que se funda hacia 1866, con la idea de mejorar el ganado. –Sí, en un país como el nuestro, el asunto de la mejora de la raza caballar no era un tema trivial. A mediados del siglo 19, la Argentina tenía un rodeo enorme, y muy uniforme. Estaba compuesto por lo que se denomina el caballo criollo, una raza hoy casi extinguida, producto de la exitosa adaptación de los caballos que habían llegado con los conquistadores al medio local. Como durante siglos no vinieron ejemplares de otras razas, todos los caballos eran muy similares en lo que se refiere a atributos, genética y apariencia. En la década de 1860, comenzó fuerte el cambio genético, que empezó con los ovinos y los vacunos. Los estancieros comenzaron a importar toros y carneros de raza y a cruzarlos con sus ovejas y sus vacas, con el fin de obtener animales que dieran más lana y más carne. Un poco más tarde, algo similar sucedió con el caballo. En este caso, el Jockey Club desempeñó un papel importante como propagandista del cambio genético, insistiendo en la necesidad de erradicar al "degenerado" caballo criollo. Así, se importaron miles de caballos pesados, como el percherón, y otros de silla, como el Hackney, para elevar la calidad de los ejemplares nativos. – Pero el caballo de carrera no es un caballo de trabajo... –Hacia 1880 el tema no estaba tan claro, pues entonces muchos pensaban que el purasangre de carrera era capaz de mejorar otras razas equinas. Todo esto es importante, dicho sea de paso, porque nos recuerda que hasta fines de la década de 1920 gran parte de la economía se movía con caballos, tanto en la ciudad como en el campo, y que mejorar la tracción animal era una cuestión de enorme relevancia. Estaba el tren, claro, pero no servía para trayectos cortos. Antes del tractor y el camión, tener un rodeo de caballos de tiro de mayor potencia y rendimiento era muy importante. Este fue el escenario en el que el hipódromo se convirtió en un asunto de interés público. Pues a fines del siglo 19 solía argumentarse que los purasangres, que eran una especie de aristocracia equina, podían mejorar otras razas. Por ello, el hipódromo fue concebido como el equivalente de una exposición rural, un ámbito de selección de los mejores animales, cuya sangre luego mejoraría a los caballos de paseo y trabajo. Esta creencia duró algunas décadas, pero para 1920 finalmente todos aceptaron que el purasangre sólo servía para correr en una pista.

