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La conquista del cosmos

La Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae) realizó con éxito el pasado fin de semana el lanzamiento de un cohete experimental para medir el grado de madurez del Proyecto Tronador.

25 de agosto de 2014 a las 12:01 a. m.
La conquista del cosmos

La Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae) realizó con éxito el pasado fin de semana el lanzamiento de un cohete experimental para medir el grado de madurez del Proyecto Tronador, que persigue el objetivo de crear el futuro lanzador de satélites ciento por ciento argentino. Este propósito fue expuesto con claridad para tranquilizar a la Casa Blanca, siempre sensible en el tema cohetería, y así proteger a los nuevos cohetes de terminar en el depósito de Potrero del Estado, adonde fue a parar el misil Cóndor desmantelado por presión de Washington durante la presidencia de Menem, en lo que significó el puntapié inicial a las "relaciones carnales". De hecho, en el acotado entorno del actual senador riojano, aquella experiencia generó el convencimiento de que la destrucción de cohetes de fabricación nacional mejora las relaciones con Washington, por lo que consideran que una vez completado el desarrollo del Tronador, bien se podrían desguazar los cohetes construidos en un gesto de buena voluntad hacia la Casa Blanca que permitiría destrabar, por ejemplo, la cuestión de los buitres y lograr el destierro a la isla de Terranova del juez Griesa (un oculto deseo del Gobierno argentino)."A los norteamericanos les va a encantar ese gesto, porque si bien el Tronador no es un misil, ellos se ponen nerviosos hasta con las cañitas voladoras que se lanzan en el Tercer Mundo", señalan desde el núcleo estratégico del menemismo.Incluso los menemistas van más allá y plantean que después de desmantelar el Proyecto Tronador, inmediatamente el país debe ponerse a desarrollar otro cohete (más ambicioso) para desmantelarlo cuando las relaciones con Estados Unidos lo requieran.Al margen de estas especulaciones vernáculas, lo cierto es que los Estados Unidos siempre sospecharon del Plan Espacial Argentino, al punto tal que a partir de un emblemático tema de Luis Alberto Spinetta sus servicios secretos investigaron acerca de la figura del Capitán Beto (que para sus agentes era claramente un nombre en clave), un excolectivero y supuesto primer astronauta criollo, que habría sido lanzado en secreto al espacio desde algún punto de la Argentina en una "nave de fibra hecha en Haedo".En el informe que los topos de la CIA en Buenos Aires enviaron finalmente a su central en Langley, Virginia, se consignó que "los únicos seres vivos que lanzaron los argentinos al espacio y de los que hay registros fueron un mono llamado Juan y el ratón Belisario, a fines de los '60, pero no hay datos del envío de ningún astronauta humano, por lo que el Capitán Beto sería sólo un personaje fantástico creado por un músico. Aunque en este país, generalmente, lo real y lo fabuloso se mezclan constantemente". Las sospechas de los norteamericanos por ahí toman forma de temores. "Los argentinos son tan impredecibles que en algún momento vamos a llegar a un asteroide a plantar bandera y nos vamos a encontrar con un viajero del cosmos argentino tomando mate con chipacas", dijo Alan Rocket, un alto funcionario del Pentágono, preocupado por la obsesión nacional con el espacio.Pero también a nivel local hay suspicacias respecto de este notable avance espacial, y desde la oposición no faltan los que deslizan que en el interior del primer satélite puesto en órbita por el Tronador podría viajar de incógnito el vicepresidente Amado Boudou, que de esa manera lograría tomar distancia de nuevas denuncias judiciales (además de convertirse en el primer astronauta nacional)."La mejor forma (sino la única) de despegar a Boudou de las acusaciones es hacerlo despegar de la superficie del planeta y colocarlo en una orbita polar a unos 700 kilómetros de distancia", afirmó un operador opositor. Según la fuente, Boudou ya estaría bajando de peso y entrenando en técnicas de contorsionismo con Luciana Salazar para poder ingresar en el reducido habitáculo del satélite (la pose más efectiva para este fin implica cruzar los pies por sobre la cabeza).Mientras siguen las pruebas, se acrecienta la curiosidad de saber cómo será el cohete ciento por ciento argentino, si saldrá a horario, si tendrá el rostro inmortal de Gardel fileteado a un costado, si se impulsará con combustible líquido o GNC, o si será gasolero, si tendrá tubo de nitro para mayor aceleración o si correrá picadas con otros cohetes, entre otros detalles. El tiempo dirá.