La cara del jubilado
Entregado por nosotros. Montoneros y el asesinato del padre Carlos Mugica (Sudamericana, 2014), de Juan Manuel Duarte.
El vínculo peronismo-Iglesia está, desde siempre, lleno de encuentros y desencuentros. Justo cuando se cumplían 40 años del asesinato de Carlos Mugica (1930-1974), un cura villero que fue apodado "el mártir de los pobres" y que ambos homenajearon, volvieron a enfrentarse. La Conferencia Episcopal Argentina afirmó que "Argentina está enferma de violencia", y obispos y sacerdotes concelebraron misa en la capilla donde descansan sus restos, como homenaje a su martirio, en la famosa Villa 31 de Retiro, en pleno Buenos Aires. A pocas cuadras de allí, Cristina Fernández inauguró una escultura que lo recuerda y ensayó un discurso cargado de valores evangélicos para retrucar a los obispos, al tiempo que dirigentes de La Cámpora apelaban al recurso argumentativo preferido del kirchnerismo: la comparación. El país estuvo enfermo de violencia en otros momentos históricos, no ahora, dijeron. El vocero de la Conferencia Episcopal tuvo que recordarles que a ese dato histórico "ya lo sabemos", pero "ahora estamos hablando de este tiempo".Hay muchos libros sobre Mugica, pero entre las novedades de este mes figura Entregado por nosotros. Montoneros y el asesinato del padre Carlos Mugica (Sudamericana, 2014), de Juan Manuel Duarte, y leerlo con esa discusión de fondo produce un efecto especial.Mugica fue un peronista que, en 1973, levantó la bandera de la unidad pacífica de todo el peronismo bajo el liderazgo de Perón. Duarte apunta, por ejemplo, que en mayo de 1973 pidió "supremos esfuerzos con el objetivo de erradicar el odio de nuestros corazones y llenémoslos de amor, no a nosotros mismos sino a los demás".Como las organizaciones armadas peronistas de izquierda siguieron operando y las de derecha comenzaron a operar bajo el paraguas del ministro José López Rega, Mugica fue condenado por unos y otros.Históricamente, se ha entendido que lo mató la Triple A, la derecha peronista. Pero Duarte presenta numerosos e importantes testimonios a favor de las versiones recogidas por varios libros previos que sostenían que los responsables de su asesinato fueron los Montoneros, los peronistas de izquierda.Mugica sería el soporte intelectual de la JP "Lealtad", "la mayor sangría que conoció la guerrilla": se estima que entre 30 y 50 por ciento de los integrantes de Montoneros renunciaron en tres meses para conformar la nueva fuerza política.En noviembre de 1973, por radio, Mugica dijo: "Muchos de los guerrilleros tampoco son pueblo, te aviso: son pequeñoburgueses intelectuales que aprenden la revolución en un libro y no en la realidad, y ¡juegan con el pueblo!".En marzo de 1974, en un diario, aplaudió la constitución de la Lealtad con una sentencia lapidaria: "Si la juventud renuncia a buscar la revolución en los libros (con el peligro de morirse en un error de imprenta) y asciende al pueblo asumiendo sus problemas reales y su lucha por acabar el gran pecado de nuestro tiempo, la explotación del hombre por el hombre, el destino de la revolución justicialista quedará asegurado".Su último mensaje pascual contiene dos ideas que siguen vigentes, a propósito del enfrentamiento Iglesia-gobierno: consideró que para saber si un gobierno está haciendo las cosas bien o mal alcanza con mirarle la cara a un jubilado; y que "donde un ser humano sufre o es explotado, allí Cristo continúa su pasión".

