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Impuesto a voluntad

Existe un curioso listado de impuestos estrafalarios que fueron aplicados en distintas épocas en diversos países, por gobernantes desesperados por conseguir unos mangos. 

04 de abril de 2016 a las 12:01 a. m.
Impuesto a voluntad

Existe un curioso listado de impuestos estrafalarios que fueron aplicados en distintas épocas en diversos países, por gobernantes desesperados por conseguir unos mangos como fuera, por costearse una campaña militar, por bancarse la construcción de un castillo o simplemente por joder a la gente. Así, por ejemplo, fueron gravadas las flatulencias de las vacas debido a sus efectos contaminantes (14 euros cabeza en Irlanda), los tatuajes, las ventanas (en Inglaterra antes que pagarlo muchos contribuyentes las tapiaron), las brujas, el uso de sombreros o el ser apuesto (algo que increíblemente se propuso en Japón). Argentina, tal vez por estar ubicada geográficamente en el tujes del mundo, quedó al margen de la lista con su venerado impuesto a los sueldos (una mutación del denominado Impuesto a las Ganancias), gravamen cuyo toque exótico radica en que se aplica sobre raquíticos salarios tercermundistas de clase media, lo que a criterio del tributarista Robert Diezmo es como cobrarles tasa de cementerio a los zombies.Pero el país en general y Córdoba en particular pueden reclamar su lugar en la lista de impuestos excéntricos con una bizarra contribución: la obligación de pagar por estacionar en la vía pública.Quienes desde el extranjero digan que eso no tiene nada de raro, porque la existencia de estacionamiento tarifado para cobrar sobre el uso privado del espacio público es tan antiguo como la reina de Inglaterra, deberán quedarse callados cuando sepan que no es el Estado quien factura sino que toda la operatoria del impuesto, y sobre todo los beneficios, está en manos de particulares. Los autodenominados "cuidacoches" son los que determinan los valores del impuesto (sujeto a la variaciones del mercado) y su ámbito de aplicación, actúan como agentes de retención, se quedan con lo recaudado y, en el caso de Córdoba, utilizan el parquímetro descompuesto más cercano como perchero.El tributarista Robert Diezmo explica que se trata de un sistema revolucionario de impuesto de gestión privada, en el que el recaudador determina el precio del tributo según algunas directrices: La cara del cliente. Si tiene cara de gilipollas, se le cobra más. La correlación de fuerzas. Si del auto bajan varios sujetos dispuestos a pagar poco (o no pagar), y no hay refuerzos a la vista, se le cobra poco o se recurre al plan B: la contribución "a voluntad". Cuestión de género. Si la que estaciona es mujer, hay que arrancarle la cabeza. Persuasión "in situ". Si el automovilista pretende evadir vilmente el tributo o negociar una quita como si estuviera en default , se convoca a un recaudador más fornido que se interesa por la cuestión. Persuasión posevasión. En caso de negativa a abonar, y como no puede ser presionado judicialmente, el contribuyente en rebeldía sufrirá pinchaduras o algunos deterioros estéticos en la pintura de su automóvil. Estas medidas tienen por objeto llevarlo a reflexionar sobre disciplina fiscal. Retirada estratégica. Una vez que se logró una recaudación importante, en el sector no cabe ni un autito chino y los contribuyentes ya empezaron a disfrutar del espectáculo, el cobrador da por cumplida su tarea recaudatoria y se retira, y deja los autos a la deriva. De más está decir que estos tips corresponden a una rama extrema de los recaudadores conocida como los "cuidacoches ilegales", ya que en el caso de Córdoba también están los cuidacoches legales, cuyas ventajas para quien va a estacionar es que tienen la tarifa regulada por la Municipalidad y trato amable (opinan del clima, por ejemplo), pero de todos modos a la plata se la llevan en sus bolsillos, cumpliendo con el principio de que se trata de un impuesto de gestión y usufructo privados.Frente a estas dos posibilidades, cuando un baqueteado contribuyente cordobés va a estacionar, generalmente ruega estar en zona de "legales" ya que, de lo contrario, no tiene forma de zafar de una exacción dolorosa.El sistema impositivo de la Argentina reserva sus perlitas, como el caso de Cristóbal López, que se quedó con ocho mil millones de pesos de contribuyentes que compraban sus combustibles. Él solo equivale a millones de cuidacoches de cualquier condición.