Hay plata en la cueva
Conocidos algunos instructivos videos sobre la intensa actividad cotidiana de contar millones de dólares que desarrollaba el plantel estable de La Rosadita de Puerto Madero, creció sensiblemente en la Argentina la demanda de maíz pisingallo.
Conocidos algunos instructivos videos sobre la intensa actividad cotidiana de contar millones de dólares que desarrollaba el plantel estable de La Rosadita de Puerto Madero, creció sensiblemente en la Argentina la demanda de maíz pisingallo. Según informó la Cámara Argentina del Pochoclo y el Praliné, el incremento de los encargos coincidió con el anticipo del extitular de la cueva, Federico Elaskar, de que en próximas entregas "van a ver desfilar a media Casa Rosada ahí adentro. Secretarios, seguro". "Es claro que la gente está acopiando maíz pisingallo con destino a pururú para ver los próximos videos de La Rosadita", explican los productores cordobeses de pochoclo, quienes también se preparan para un pico de demanda que, lógicamente, generará una suba de precios en el producto, situación que ya empezó a preocupar en el Ministerio de Economía."Es que en este país el aleteo de una mariposa, y por qué no de una libélula, genera un aumento en alguna góndola", señala un flamante funcionario de Hacienda, algo aliviado después de haber estudiado el ciclo de vida de las mariposas y haber confirmado así que el frío las plancha. Esta circunstancia natural reforzaría los pronósticos de una baja en la inflación a partir de junio.Pero más allá de las consecuencias macroeconómicas de un aumento del pisingallo, está claro que las expectativas sobre nuevos hipotéticos videos son grandes, pese a que todo indica que mostrarán a más gente contando más dólares.Sin bien no contienen escenas de violencia, especialistas en infancia consideran que es inconveniente la presencia de niños y adolescentes frente a las pantallas cuando se muestra la actividad de la Rosadita."Mi hijo ya no quiere ser bombero, ni recolector de residuos, ni clavadista olímpico, ni veterinario de rinocerontes. Después de los videos, me pidió que le compre una máquina para contar los billetes del Estanciero y bolsos para meterlos. Yo cuando era chico me deslumbraba con la Baticueva, pero esto es distinto", explicó un padre preocupado de que las próximas generaciones de argentinos se vuelquen a las cuevas como medio de vida. "El pibe me ve laburar todos los días y me escucha que no llego a fin de mes; después de ver a un grupo de tipos que cuentan millones de dólares en un rato, dijo 'esta es la mía'", aseguró otro progenitor.La preocupación de los padres es lógica, pero también es razonable que los niños quieran tener su propia cueva de adultos. Los videos muestran actividad intensa aunque tal vez tediosa, pero realizada con los billetes fetiches del país, lo cual cambia radicalmente la perspectiva. Una cosa es contar y separar cientos de miles de fósforos para meter en cajitas y otra muy distinta contar cientos de miles de dólares para empaquetar en bolsos. Además, todo se desarrolla en un clima de reserva tal que las esposas de algunos cuevistas ni sabían que sus maridos tenían este trabajo.Como si este combo ya no hiciera atractiva la actividad, las declaraciones de Aníbal Fernández preguntándose –con su habitual inocencia– "si es delito" contar plata en la Argentina, sembraron la semilla transgénica de la duda en muchos de los que pensaban que el origen de ese dinero era turbio, su manejo era sospechoso y su destino la fuga y evaporación.Por qué pensar que era plata del Estado destinada a obra pública desviada perversamente, y no considerar que se trataba de los honestos ingresos del mes del sector lácteos de un supermercado, las ganancias de verano de un instalador de aires acondicionados o los ahorros del plomero-gasista matriculado de la cuadra que cobra mil dólares la consulta y 2.600 por ajustar un bidé.Por qué pensar que esos dólares ya se fugaron a paraísos fiscales como Panamá, Isla Barbuda o Puerto Garbanzo (los videos serían sus últimas imágenes entre nosotros), y no considerar que fueron a parar a obras de caridad, se invirtieron en una fábrica de baños de chocolate para helados o se destinaron a comprar bonos de la deuda griega en liquidación para aprovechar un hipotético default y después quedarnos con el Partenón.En el top five de los males nacionales figuran pensar siempre mal del otro y envidiar el éxito ajeno. Sociólogos de renombre consideran que si los argentinos corregimos estas fallas de conducta ingresaríamos en la autopista del desarrollo en la próxima colectora.Pero habría que empezar ya. Por ejemplo, pensando que la denominada ruta del dinero K no es otra cosa que una de las grandes obras viales que dejó el kirchnerismo, una especie de ruta 40 que conecta a la Patagonia con Puerto Madero y con muchos paradisíacos lugares del mundo. Sólo es cuestión de empezar.

