Había una vez unas islas
En su nuevo libro, el historiador Federico Lorenz propone suspender durante la lectura la idea de que hay un conflicto por Malvinas.
Había una vez unas islas en el extremo sur del continente americano, frente a la isla Grande de Tierra del Fuego, muy cerca de la Patagonia continental y muy lejos de Europa. Hasta donde sabemos, estuvieron deshabitadas hasta que en el siglo XVI marinos europeos de diferentes naciones llegaron a ellas. En su competencia por avanzar las fronteras de los mapas, encontrar nuevas rutas y un paso entre los océanos Atlántico y Pacífico, encontraron que ese territorio inhóspito, ventoso y frío, sin árboles, no sólo era un buen refugio antes de intentar continuar sus travesías, sino un lugar de grandes riquezas naturales, sobre todo en tiempos en los que la caza de lobos, focas y ballenas, así como la pesca, eran un gran negocio. Desde que los europeos avistaron las Islas Malvinas, y luego intentaron explorarlas y habitarlas, comenzaron las disputas por ellas. Españoles, franceses, ingleses, argentinos y estadounidenses se consideraron con derechos sobre el archipiélago batido por el viento. Hubo incursiones, cañoneos, apresamientos y matanzas. Una gran batalla naval en 1914, y una guerra dolorosa (todas lo son, pero el sinsentido agiganta algunas) en 1982 entre argentinos e ingleses, en la que vencieron estos últimos.Para los ingleses y los actuales habitantes, las islas se llaman Falklands. Argentina reclama a Gran Bretaña que acate las resoluciones de las Naciones Unidas y se siente a negociar, con el fin último de lograr la restitución de la soberanía sobre el archipiélago, que esa potencia ocupa desde 1833. En ese año, en enero, un barco de guerra británico obligó a las autoridades nombradas por el gobierno de Buenos Aires a arriar su bandera y regresar al Río de la Plata. Ver más allá Hagamos un ejercicio. Seguramente, si por la calle le preguntamos a la gente a bocajarro qué asocia a "Malvinas", responderá algo relativo a la guerra de 1982. Es lógico: fue hace muy poco, aún hoy no encontramos explicaciones completas o satisfactorias para lo que sucedió, y el cementerio de guerra está allí para recordarnos el costo de una aventura militar. Pero además de una guerra, y de los incidentes políticos que en el pasado llevaron a ella, que organizan las agendas de las naciones o las fechas que eligen recordar, en las islas sucedieron muchas cosas más. Y entre las islas y el continente también. Hubo emprendedores de diferentes naciones que buscaron instalarse allí, como el explorador francés Louis Antoine de Bougainville, el comerciante hamburgués Luis Vernet, o el también comerciante Samuel Lafone, inglés radicado en Montevideo, que trasladaron ganado, que llevaron a gauchos duchos en las tareas del campo y fletaron barcos para que llevaran a Malvinas leña desde la Isla de los Estados, con la que construyeron sus casas y herramientas. Hay historias de ida y vuelta entre Malvinas y el continente.(...) Es decir que, más allá del conflicto diplomático (y a pesar de él), de las ideas enfrentadas sobre la soberanía de las islas Malvinas/Falklands, hay una historia en común entre el archipiélago y el continente, entre argentinos y malvinenses. Sólo que es muy difícil pensarla así. Es difícil por el dolor de una guerra, por las formas agresivas en las que Gran Bretaña ha incidido en la historia de naciones como la Argentina, y también, por cómo hemos aprendido la historia en la escuela, en las calles, a uno y otro lado del Atlántico. Generaciones de argentinos aprendimos que "las Malvinas fueron, son y serán argentinas" sin preguntarnos muy bien por qué. Hemos aprendido mucho más a pensar las cosas a partir de las diferencias y las divisiones, a partir de la historia de una usurpación, que de la historia que las Malvinas comparten con la Argentina. Algunos podrán decir: "¡Pero qué dice este tipo! ¡Si son parte de la Argentina!". No cuestionamos esa idea, pero sí proponemos que quienes así lo creen se pregunten con más elementos qué significa que lo sean. Este libro se refiere, sobre todo, a que no es productiva la actitud intelectual que implica pensarlas solamente como robadas, como ausentes, como si desde 1833 hasta el presente no hubiera habido una cantidad de lazos (geográficos, económicos, humanos) entre las islas y el continente.¿Qué pasaría si pensáramos las cosas de este modo? Es decir, ¿qué sucedería si una historia que estamos acostumbrados a pensar como una discordia, algo así como la guerra de Troya, la pensáramos a partir de los puntos en común? ¿Nunca hubo conversaciones entre los aqueos y troyanos, antes o después de los ataques, durante el sitio de 10 años? ¿No se conocían algunos de ellos antes de que Paris quedara embobado con Helena, y se la robara, y llevara la tragedia a su ciudad?No sirve hacer historia contrafáctica (¿qué hubiera sucedido si...?) porque la Historia es, sobre todo, pasado: lo que sucedió, no lo que nos hubiera gustado que sucediera. Pero por eso mismo, estoy seguro de que vale hacerle nuevas preguntas a ese pasado, porque las personas somos lo que elegimos recordar. Somos otro país Así como una forma de vernos como nación nos llevó a la guerra, porque aprendimos que las Malvinas son tan importantes que valía la pena morir por ellas, pienso que fue una dictadura la que desencadenó la guerra, y hoy el país que reclama las Malvinas es/debería ser otro. Desde la perspectiva de los argentinos, pensarnos como despojados tiene consecuencias a la hora de imaginar nuestras relaciones con los isleños. Los vemos sencillamente como "ingleses", como "usurpadores", sin pensar que muchos de ellos descienden de familias que viven en las islas desde mucho antes de que el Estado argentino alcanzara su actual extensión territorial (…). Los isleños, antes que ingleses, son "malvinenses", tanto como un argentino puede ser "cordobés", "puntano", "correntino" o "fueguino". Es más, los malvinenses comparten gran cantidad de rasgos de su vida cotidiana con los argentinos patagónicos.Por su parte los isleños, los kelpers, han aprendido durante décadas a recelar de la Argentina. Se sienten amenazados por los argentinos (aunque a estos nos parezca ridículo desde esta orilla) y pueden recordar que en 1982 esa amenaza se hizo realidad. Y los británicos... Bueno, los británicos, aunque el tiempo haya pasado, siempre han actuado por estos lares como el imperio que fueron y aún creen que son. Han explotado e impulsado las divisiones entre las naciones sudamericanas, han usufructuado nuestros recursos, han apoyado golpes y dictaduras, han pedido represiones. Esa es una forma de ver la Historia, que se corresponde con el gran relato político de los acontecimientos. Pero hay otra, que nos obliga a ver que "los ingleses", "los gringos", también han llegado a cada rincón de este continente y de muchos otros como pioneros, médicos, abogados, o forajidos. Cruzaron los Andes con San Martín, algunos se instalaron pacíficamente en la Patagonia tanto como otros salieron a cazar aborígenes. ¿Qué hubiera sido de la historia de Ushuaia, esa ciudad tan argentina, sin Lucas Bridges, ese inglés que llegó como misionero desde... ¡Malvinas!?¿Qué cambiaría si pensáramos la historia teniendo en cuenta estas cosas? Este libro está escrito, sobre todo, pensando en los argentinos y los malvinenses, que tienen tanto en común a pesar de lo que les enseñan sus escuelas y sus mayores, de lo que sale en los diarios, de lo que recuerdan por las noches. Es, si se quiere, un libro algo ingenuo; cree que ver las cosas de una manera diferente puede ayudar a pensarlas distinto. Al menos, porque aunque no compartamos las mismas ideas sobre la soberanía de algunos territorios, sí en cambio compartimos las consecuencias de la depredación o el mal uso de ellos (…).Este libro imagina la historia de Malvinas por encima de las historias nacionales: plantea la historia de un archipiélago en el Atlántico Sur, de una manera lo más despojada de opinión posible, aunque no neutral. No existe historia escrita, ni vivida, que lo sea. Pero sí en cambio es posible una historia que, además de las rupturas y los conflictos, ofrezca historias y sucesos que lleven a ver cómo se fueron tramando las hebras de un pasado común, aunque fuera escrito, actuado y pensado en idiomas diferentes.

