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Está duro el ladrillo

El precio de la construcción en Córdoba aumentó un 4,2 por ciento en febrero, redondeando así un contundente incremento interanual del 33,4 por ciento. 

25 de marzo de 2014 a las 12:01 a. m.
Está duro el ladrillo

El precio de la construcción en Córdoba aumentó un 4,2 por ciento en febrero, redondeando así un contundente incremento interanual del 33,4 por ciento, con lo cual comparativamente resulta más barato alquilar una suite en el Caesar Palace de Las Vegas que levantar una piecita con baño y lavadero (opcional) en algún barrio de la ciudad.

También confirmó lo que venía aconsejando el gurú económico vinculado con los negocios inmobiliarios Carlos Fratacho Walker, en el sentido de que había que invertir en ladrillos antes de que el Gobierno nacional les impusiera un cepo.

“Yo le hice caso a Fratacho Walker, compré una docena de ladrillos y se valorizaron tanto que empecé a temer que me los robaran, por eso los puse en una caja de seguridad de CBI y ahora no los puedo sacar”, se queja un inversor, que mantiene su nombre en reserva pero que exige a la Justicia que le permitan abrir su caja de seguridad porque los necesita. “Quiero hacer un viaje al Caribe y pretendo financiarlo vendiendo la docena de ladrillos”, afirma.

Sin embargo, desde fuentes judiciales trascendió que quienes tienen ladrillos encanutados en cajas de seguridad tendrán que justificar los fondos que utilizaron sus poseedores para adquirirlos. “Lo que antes era conocido vulgarmente como ladrillo, con los últimos aumentos que sufrió pasó a ser recategorizado como “lingote de barro cocido”, y sabemos perfectamente que se adquiere con fines de atesoramiento”, explicó un funcionario del fuero federal.

Incluso desde la Afip aseguran que quienes dispongan de acopios de arena, escombros, antepechos, pastinas, tejas, baldosas, aberturas, etcétera, con fines puramente especulativos, deberán denunciarlos ante el fisco. “Hemos detectado incluso que hay quienes disponen de estos almacenamientos en paraísos del extranjero”, afirman funcionarios del organismo. “Seguramente se intensificarán los controles para evitar la fuga de ladrillos, ya estamos entrenando perros que no sólo los van a detectar, sino que después les van a parar la pata a los decomisos (después de todo son perros)”, agregó la 
fuente.

En cuanto a si el aumento fuera de control del costo de la construcción impactará precisamente en la edificación, los especialistas no lo dudan. “Si el antiguo Egipto hubiera padecido la inflación argentina y los aumentos de precios ‘para cubrirse’ de los proveedores de materiales, los faraones se deberían haber conformado con monumentos decididamente más modestos. Hoy, en lugar de las pirámides de Gizah, tal vez estaríamos hablando de los quinchos de la Cuarta Dinastía, porque no les alcanzó para más”, ejemplifica el economista y egiptólogo entrerriano Ramsés Segundo Giménez.

El especialista arriesga también que, como alternativa, los arquitectos faraónicos se habrían visto obligados a recurrir a materiales más baratos para sus obras, por ejemplo revestir la Gran Pirámide con piedra bola en lugar de los 25 mil bloques de mármol blanco que se necesitaron. Ni hablar de los faltantes de materiales, misterioso fenómeno (casi mágico) que suele recrudecer en épocas inflacionarias. "¿Se imagina alguien que el dueño de un corralón en el antiguo Egipto les contestara a los enviados del faraón que se había quedado sin obeliscos, que estaba esperando un pedido de esfinges desde hacía dos meses o que hay un faltante en todo el imperio de columnas para templos solares y revestimiento para pirámides'", se pregunta Giménez.

En síntesis, el especialista sostiene que si la construcción en la antigüedad hubiera estado afectada por fenómenos inflacionarios, muchos monumentos arquitectónicos que hoy admiramos no existirían, se verían muy cambiados o decididamente más modestos: “En lugar de la Gran Muralla China, tal vez deberíamos conformarnos con la Gran Medianera China”, finaliza.

Pero, volviendo a nuestra cruda realidad, para combatir el encarecimiento los audaces que se lanzan a construir sus casas o ampliarlas están recurriendo a ingeniosos ahorros. Un ejemplo, hacerlas sin paredes. "Es un poco frío en invierno y hay que bancarse las ventoleras, el polvillo y la falta de privacidad, pero el ahorro en ladrillos es enorme", asegura Carlos Austero, desde el aireado living del chalecito que se construyó en barrio Las Termópilas Anexo. Otros, en cambio, evitan hacer el techo, para economizar en cemento y en hierro. "Cuando llueve se pone heavy, y hay que bancarse el sol en verano y las evacuaciones de las palomas, pero mientras tanto, para quien mira de afuera, la casa está impecable y sólo te das cuenta de que faltan los techos cuando entrás", afirma satisfecho José Cieloabierto, desde la coqueta casa de campo que levantó en los suburbios de la ciudad. Que la inflación no nos robe los sueños.