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En educación, no hay integración social

"Chile es el país que tiene la más alta segmentación en educación; tenemos una torta de milhojas entre cada sector social y el chico va a un determinado colegio según lo que gana el padre. Entonces no hay integración social”.

26 de agosto de 2013 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
En educación, no hay integración social
“Pingüinos”. Las protestas de los estudiantes apuntaban contra un sistema educativo muy segmentado y clasista, en el que la coexistencia social se hace difícil (AP).

-Usted fue ministro de Educación, ¿cómo se resolverían las demandas de los estudiantes, cuyas marchas se han visto en todo el mundo? –Hay que tener un buen diagnóstico para tener buenas soluciones. No creo en un diagnóstico populista, que alega que no se hizo lo suficiente o que todo tiene que ser gratis; tampoco en el diagnóstico exitista, que dice "lo hicimos todo tan bien y estos son unos niños desquiciados". Ambas son estupideces. Hubo un avance muy importante de la educación chilena entre 1990 y 2010, a la salida de la dictadura. Se nota en los resultados del Programa Pisa (de evaluación internacional de estudiantes), en las coberturas preescolar, escolar y universitaria. En el campo universitario es donde se da la expansión de la matrícula más fuerte de América latina. Chile está hoy en Latinoamérica en el primer lugar en cobertura entre 18 y 24 años en educación superior. En educación secundaria, como consecuencia de este movimiento de los llamados "pingüinos" –a mí me tocó el inicio de ese proceso como ministro y después siguió con Bachelet–hubo cambios importantes en eliminación de selección de alumnos que tenían algunos colegios, un programa de apoyo a los colegios más pobres... Ahora, ¿cuáles son los problemas de fondo? Uno es el financiamiento de la educación superior. Esa tremenda expansión de matrícula recayó muy fuerte en las familias, pese a que la mayor ampliación se produjo por la nueva ley de crédito con aval del Estado que a mí también me correspondió impulsar. Así, los papás más pobres no tenían que poner el aval que daba el Estado y no entregaban el dinero porque el joven paga después de terminar sus estudios. De todas maneras, no hubo recursos. Y hay una demanda más profunda que es por un rol subsidiario en la educación que no se compadece con la tarea de una sociedad del conocimiento, que exige entender ese conocimiento como un bien público. Parte del debate se extendió cuando Piñera habló de que la educación es un bien de consumo. Entonces se planteó una batalla más ideológica sobre el rol del Estado en la educación, que en Chile adquiere mayor vigencia porque es el país del mundo con mayor privatización de la enseñanza. Nosotros tenemos con financiamiento estatal la mitad de la matrícula en colegios particulares. La suma de estos factores hace que la transformación requiera más recursos, pero también de un rol del Estado mucho más importante. –¿Cuáles serán los ejes que ­Bachelet instrumentaría en edu­cación? –Los cuatro o cinco grandes temas de reforma que vienen son: en educación superior, avanzar hacia mayores recursos. Bachelet ha hablado de avanzar hacia la gratuidad, pero en realidad se trata de ir gradualmente, a través de una reforma tributaria que permita disponer de más fondos para que los jóvenes puedan acceder, siempre que tengan mérito, a la educación superior y especialmente técnica. En segundo lugar, una reforma del sistema público escolar: desmunicipalizarlo y llevarlo a agencias regionales o provinciales públicas, para que no dependa de un alcalde que está ocupado en otras cosas. Tercero, ponerle más recursos por alumno. Un gran plan de formación de profesores, a los que hay que darles más tiempo, ayudarlos con la reducción de las horas lectivas para que puedan prepararse; y un gran plan de concursabilidad de directores. La cuarta gran transformación implica un esfuerzo en la educación técnica. Ahora bien, Chile es el país que tiene la más alta segmentación en educación; tenemos una torta de milhojas entre cada sector social, y el chico va a un determinado colegio según lo que gana el padre. Entonces no hay integración social. No hay sentido de comunidad: el hijo del que gana 100 dólares está con el de otro que gana 100 y el que gana 200 con el de 200 y eso tenemos que corregirlo. Para eso se requiere reforzar la educación pública y poner fin a lo que en Chile lamamos el "copago". ­Nosotros tuvimos un error a mi juicio importante en la Concertación, y es que aceptamos que en los colegios particulares que recibían apoyo del Estado el padre pudiera agregar algo: el copago, cofinanciamiento o financiamiento compartido. Esto plantea una gran batalla hoy, porque los colegios particulares subvencionados dicen que si les eliminas el financiamiento compartido, entonces ellos no pueden tener utilidades y alegan que si no tienen utilidades para qué quieren tener un colegio. Entonces se instala un debate sobre el lucro en la educación, que lo han puesto de relieve los estudiantes. Lamentablemente, la discusión se fue a la gratuidad, al lucro y se han descuidado puntos principales.