Ellos y todos los demás
La política exterior de Estados Unidos influye en menor o mayor medida en todo el mundo. Por eso, el 6 de noviembre se elige algo más que el presidente de un país.
En septiembre pasado, la encuestadora Gallup International Association realizó una encuesta mundial sobre las elecciones presidenciales en Estados Unidos. El resultado fue contundente: Barack Obama triunfó sobre Mitt Romney por 81 por ciento contra 19 por ciento. La encuesta fue realizada entre 26 mil personas en 30 países. El actual presidente fue favorecido por los encuestados en Irlanda, Holanda, Portugal, Islandia y Alemania. Romney, en cambio, ganó en Israel (el lugar en el que más apoyo cosechó), Pakistán, Georgia, Macedonia y China. Argentina no estuvo incluida entre los países encuestados por la encuestadora suiza que, hay que aclarar, no está relacionada con Gallup de Estados Unidos.A las mismas personas se les preguntó qué tanto impacta en sus vidas la elección de un presidente estadounidense: 63 por ciento dijo que mucho; 29 por ciento opinó que no impactaba y el nueve por ciento no respondió. Es más: 46 por ciento de los jóvenes encuestados manifestó que querría votar en Estados Unidos. Omnipresencia. Devaluada y cuestionada, la todavía principal potencia mundial hace que mucho de lo que ocurra en todas partes esté directa o indirectamente vinculado con su accionar económico, comercial, diplomático o bélico (ver infografía). En 2008, luego de la traumática experiencia de los atentados del 11 de septiembre de 2001, y de las guerras impulsadas desde la Casa Blanca durante las dos presidencias de George W. Bush, el mundo miró con atención y esperanza el cambio que implicaba la candidatura de Barack Obama.Se trataba no solamente de un afroamericano que llegaba a presidente, lo que era suficiente mérito en sí mismo, sino de un político que prometía un cambio importante. En ese cambio estábamos involucrados todos.La noche del triunfo el 4 de noviembre en Chicago, las decenas de miles de jóvenes que fueron a Grant Park a celebrar esa promesa llevaban expectativas que parecían desmedidas, y que después demostraron serlo.Entre los reclamos, curiosamente para un país orgulloso de su hegemonía y poder, se destacaban los que pedían el final de las guerras, el cierre de Guantánamo y mayor control para la CIA y sus métodos de terrorismo de Estado.La mayoría de esas promesas y de las consiguientes expectativas quedaron en la nada. Todavía estamos esperando el cierre de Guantánamo, por ejemplo, una medida que Obama firmó apenas asumió el cargo.Otras se cumplieron a medias, en el mejor de los casos. La retirada de las tropas de Irak podría incluirse en este apartado si no fuera porque las tropas que salieron de allí fueron destinadas a reforzar las posiciones en Afganistán. Los talibanes tuvieron su propia primavera y aún no les llega el otoño.Pero Barack Obama, aun con su desconcertante Premio Nobel de la Paz, demostró que Estados Unidos es el mismo país, más allá de que lo gobierne un demócrata o un republicano, un blanco o un afroamericano.El asesinato de Osama bin Laden, sin la mínima posibilidad de procedimiento judicial, así lo demuestra.A pesar de esto, durante el último debate presidencial, que trató sobre los temas internacionales, Obama se jactó de haber reconstruido vínculos amistosos con todo el mundo mientras Romney lo acusaba de haber permitido que su país perdiera influencia a nivel internacional. Tal vez la mayor diferencia en este campo sea que el candidato republicano promete mano dura para un liderazgo mundial que considera reblandecido durante la gestión demócrata; y que anuncia la incorporación de 100 mil efectivos más al ejército. Esto y su intención de revertir los recortes en Defensa de Obama hacen temer una versión mormona de George W. Bush. Lo que sí importa. Si nos guiamos por la performance de cada candidato durante la campaña, vemos que Mitt Romney quedó rezagado respecto de Obama. Peor aún, el rival de Obama en 2008, John McCain, superaba al actual presidente en las encuestas en esta cuestión. La causa: McCain hizo de ciertos temas internacionales puntos centrales de su campaña, asociándolos al concepto de seguridad nacional. En esta oportunidad, una encuesta del Pew Research Center (PRC) revela que Obama tomó claramente la delantera. Romney queda detrás del demócrata en preguntas como ¿Quién defendería mejor a los Estados Unidos de un ataque terrorista? ¿Quién tomaría las decisiones más sabias en política exterior? y ¿Quién puede tomar resoluciones más apropiadas en una crisis?Sin embargo, este punto no es una preocupación para Romney y mucho menos para los votantes de uno u otro partido. Los dilemas de los estadounidenses pasan hoy por la economía, en primerísimo lugar y lejos de otras cuestiones.Según el PRC, lo internacional está muy por debajo de la importancia que los votantes le daban en 2008 y 2004. A medida que iba quedando más lejos el 11-S, decrecía el interés por los temas internacionales. De allí que no extraña que ambos candidatos, pero sobre todo el republicano, hayan tocado sólo tangencialmente los temas internacionales durante la campaña. En ese sentido, las diferencias entre ambos candidatos son cuestión de gradación o matices. Mirar para adentro. Un dato curioso de la encuesta revela que la población de Estados Unidos prioriza la estabilidad antes que la democracia en los países árabes. Y por márgenes contundentes: 62 por ciento contra 27 por ciento. En tanto, una proporción similar de ciudadanos (63 por ciento contra 27 por ciento) considera que su país no debe involucrarse "en cambios de liderazgo en Medio Oriente". Una forma elegante de designar los tortuosos caminos de las rebeliones en los países árabes.El interés por lo que pasa en otros lugares aumenta cuando ocurren hechos particulares, como el asesinato del embajador estadounidense en Benghazi. Hechos de este tipo radicalizan las reacciones, pero rápidamente el interés decae, superado por preocupaciones más cercanas. Así, no extraña que un 83 por ciento de encuestados exprese que el gobierno debe prestar más atención a lo que sucede en el país y menos a lo que pasa afuera.Eso será así en tanto ningún otro actor tenga una iniciativa violenta capaz de patear el tablero de la política internacional.Lo verdaderamente importante es que la mayoría de los ciudadanos desconoce el grado de interdependencia de su país con el exterior. ¿Cuántos estadounidenses conocen que su país tiene tropas en Kuwait, Kosovo, el Sinaí, el Cuerno de África y muchos otros países, incluso europeos? ¿Cuántos saben que el principal tenedor de bonos de la deuda es China? El problema mayor, sin embargo, no es para los estadounidenses, sino para todos aquellos que viven a miles de kilómetros y tal vez no sepan qué pasa el 6 de noviembre y qué tan importante será para sus vidas.

