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El poncho no aparece

Ahora, otra vez el precio ya comienza a ser prohibitivo para una ancha franja de la población. El Gobierno advirtió el problema y ensayó una solución: prohibió la exportación de carne vacuna con el solo fin de volcar mayor kilaje al mercado interno. 

24 de agosto de 2014 a las 12:02 a. m.
El poncho no aparece

Es un lugar muy pero muy común desde hace décadas, pero los sucesivos gobiernos tienen siempre el ingenio para renovarle vigencia. La reflexión viene con envase de pregunta: ¿en algún lugar del mundo se come mejor carne que acá (en nuestro país, claro)? Otro "éxito" bien podría ser: en ninguna parte se come como en nuestro país. La globalización, el aumento de las posibilidades de viajar al exterior y situaciones coyunturales internas hicieron que esos argumentos escritos con letra de fuego poco a poco fueran perdiendo fuerza.Ahora, la carne vacuna ha vuelto a preocupar a productores, comerciantes, funcionarios y, especialmente, a los consumidores.Este mes, algunos cortes aumentaron casi el 10 por ciento. Es casi obvio recordar que se trata de un alimento básico de la canasta familiar. A pesar de los esfuerzos que se vienen haciendo, el paladar del argentino se resiste a cambiar la carne vacuna por la de pollo, cerdo, cordero, conejo o pescado, como se propuso a través de diferentes proyectos. Los éxitos para lograr un cambio fueron parciales y temporarios. Ahora, otra vez el precio ya comienza a ser prohibitivo para una ancha franja de la población. El Gobierno advirtió el problema y ensayó una solución: prohibió la exportación de carne vacuna con el solo fin de volcar mayor kilaje al mercado interno. En un razonamiento lógico, la mayor cantidad de carne en el mercado interno provocaría un descenso rápido del valor del producto. Sin embargo, los sectores vinculados con la producción son pesimistas. Y brindan un argumento que hasta el momento las autoridades nacionales no han podido rebatir. De acuerdo con el vicepresidente de Asociación de Propietarios de Carnicerías de Capital Federal, Alberto Williams, la respuesta oficial no será suficiente porque en la actualidad el 94 por ciento de la producción se consume en el país, con lo que sólo el seis por ciento se exporta. En paralelo, se da el absurdo de que una comisión argentina viaje a Rusia en estos días para intentar vender carne vacuna, lo cual genera un contrasentido del tamaño de un novillo. Es cierto, el negocio en crisis provoca el cierre de frigoríficos y Córdoba ya vio esa imagen hace pocos días con el cierre de Estancias del Sur. El problema no se agota en la carne. El resto de la canasta alimentaria tiene una conducta similar. En definitiva, la comida sigue las pautas que dicta la inflación. Los aumentos no cesan a pesar de las estrategias tipo "precios cuidados" que, a menudo, estallan contra la propia realidad.Hace unos años, durante la presidencia de Néstor Kirchner, el fallecido exmandatario hablaba de que una de sus metas era "proteger la mesa de los argentinos". Y daba duras batallas contra quienes se le opusieran. Generalmente, esa ofensiva verbal terminaba en acuerdos módicos con los sectores en pugna. Hoy, los sucesores de Kirchner tampoco le encuentran la vuelta al problema. Hablan de conspiraciones, culpan a otros, acusan. Pero las respuestas no se ven. En el campo, ante estas situaciones, solían decir: "Todo muy bonito pero el poncho no aparece…".