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El mejor periodismo

El peor periodismo es el que, en la práctica, se define como canal de propaganda del sistema político, de modo que, en vez de informar y analizar la realidad, castra el pensamiento de sus lectores.

18 de marzo de 2014 a las 12:01 a. m.
Rogelio Demarchi
El mejor periodismo

El peor periodismo es el que, en la práctica, se define como canal de propaganda del sistema político, de modo que, en vez de informar y analizar la realidad, castra el pensamiento de sus lectores. Un ejemplo de ello es Cuba, y un testimonio privilegiado de lo que significa dedicarse al periodismo en esas condiciones puede brindarlo el escritor Leonardo Padura, que sigue viviendo en La Habana y que en 2012 recibió el Premio Nacional de Literatura. El viaje más largo. En busca de una cubanía extraviada (Capital Intelectual, 2013) reúne más de 15 crónicas escritas en la década de 1980, cuando Padura integró las redacciones de El Caimán Barbudo y Juventud Rebelde. En la década de 1980, hubo un periodismo literario que significó una fresca reacción "contra las estructuras, lenguajes y conceptos estereotipados y estrechos que se habían adueñado del ejercicio periodístico en Cuba y aún prevalecían". En un principio, contó con cierto apoyo de los directivos, que al menos dejaron hacer. El resultado fue una descripción más completa, y por eso mismo compleja, de la realidad social del país. Pero más temprano que tarde, ese resultado se volvió intolerable para el partido que gobierna (Cuba no tiene una "dictadura del proletariado" sino una "dictadura del partido"), que decretó su final abrupto. Y si algo de ello logró sobrevivir, protegido por un medio en particular, sucumbió con la crisis económica que desató la caída de la Unión Soviética. Leer esas crónicas hoy, a tantos años de distancia del momento de su publicación en la prensa gráfica, es un grato ejercicio que conecta al lector con lo mejor del periodismo. Porque si el diario es una mercancía que pierde su valor (y actualidad) en tan sólo un día, si algo de su contenido puede perdurar tanto tiempo es por su calidad.El cronista sabe que todo, cualquier cosa, guarda una historia. Descubrirla, cultivarla y escribirla son, entonces, las tres etapas de su tarea. Las dos primeras se aprenden rápidamente. La tercera es la más difícil. El libro de Padura es una buena fuente para entender el alcance de estas cuestiones. Escribe, por ejemplo, sobre la celebración del Año Nuevo chino en La Habana, o los cafetales de principios del 1800, o una curiosa historia de amor, o el festejo de los 150 años de una Sociedad de Beneficencia de Naturales de Cataluña, o la historia del ron más famoso, o el descubrimiento de una mina de cobre, o la historia de un barrio (el suyo, claro). Y en todos esos casos sabe que la apertura mágica y misteriosa de la crónica es vital para atrapar al lector. Un ejemplo: "La tarde en que el alemán Cornelio Souchay iba a morir, Úrsula Lambert se bañó más temprano que otras veces, hizo un par de anotaciones en los libros de sus negocios y se sentó en el portal de su tienda, dispuesta a esperar la irreversible noticia que había presentido en el hígado moteado del gallo negro sacrificado ese mediodía".¿Suena a pura literatura? Sí, claro. Porque el mejor periodismo se escribe con los mismos principios que cualquier ficción.

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