El centenario de “Crítica”
Regueros de tinta. El diario Crítica en la década de 1920 (Siglo XXI, 2013) es la reedición del libro de Sylvia Saítta de 1998.
Hace exactamente un siglo, el periodismo argentino reformulaba sus características. Se alejaba, definitivamente, de la prensa partidaria, la "prensa facciosa" o militante, y daba los primeros pasos hacia lo que desde entonces se ha definido como prensa independiente. El símbolo de esa transformación es el diario Crítica , dirigido por Natalio Botana, que sale por primera vez la tarde del 15 de septiembre de 1913, en Buenos Aires, y al que Sylvia Saítta le dedicó una más que interesante investigación: Regueros de tinta. El diario Crítica en la década de 1920 (Siglo XXI, 2013), originalmente publicada en 1998, pero que ahora ha sido por suerte reeditada.Que el libro destaque en su subtítulo a los años '20 no quiere decir que no tome en cuenta los años iniciales del diario, sino que analiza con gran detenimiento lo que ocurre tiempo después, cuando Crítica revoluciona Avenida de Mayo con su propio y fastuoso edificio, con esas grandes rotativas Hoe a las que un poeta como Raúl González Tuñón les dedicó un famoso poema, en nombre de "los hombres nuevos recién llegados al mundo", en el que la Hoe era considerada "el corazón del tiempo".El poema no es más que uno de los tantos elementos que Crítica supo aprovechar para construir en tiempo presente el mito de sí mismo. Para decirlo claramente, fue un diario que no tuvo pudor a la hora del "autobombo", sino que, al contrario, cada dos por tres encontraba la forma de hacer de su devenir una noticia harto importante. Los aniversarios, las reformas edilicias, la compra de nueva maquinaria, el lanzamiento de un nuevo suplemento, la puesta en marcha de un nuevo proyecto, todo valía para demostrar que el diario estaba a la "vanguardia" del periodismo de la época.Y en cierta medida era cierto. Crítica , señala Saítta, es el último diario faccioso –cuando, en la década del '10, trabaja a favor de la construcción de un gran partido conservador que frene el avance del radicalismo y el socialismo– y se convierte en el primero de la nueva era, "moderno, masivo, comercial"; hecho por periodistas y escritores, no por políticos; con caricaturas en la tapa y en las páginas interiores, y un folletín en la contratapa; que, a mediados de los años '20, tira más de 300 mil ejemplares cada tarde, y los acompaña primero con una radio y luego con un noticiero cinematográfico (que se produce antes de que en el país se filme la primera película sonora); que edita libros clásicos junto con un diccionario y una gramática del lunfardo y el "chamuyo rantifuso", respectivamente; y que, como parte de su estrategia de vinculación con los lectores, regala juguetes y máquinas de coser, ofrece diversos servicios sociales (consultorios médicos gratuitos, por ejemplo) y organiza festivales públicos.Como afirma Saítta, Crítica se enrola dentro del "periodismo social", ya que "opera sobre el mundo de la pobreza con fines no meramente informativos". Pero, simultáneamente, en el campo informativo trató de abarcarlo todo: del jazz y la crítica de espectáculos a los deportes, del ámbito sindical al suplemento infantil, de la crónica policial a la divulgación científica y técnica. Amado y odiado por igual, Crítica sigue sorprendiéndonos un siglo después.
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