El caso del detective electoral
Un académico buceó años en documentos para refutar una hipótesis. Y logró demostrar cómo eran los votantes que le dieron al peronismo su primer triunfo en Buenos Aires.
Los héroes de las novelas policiales argentinas –desde Isidro Parodi, de Borges y Bioy Casares, hasta Etchenike, de Juan Sasturain–, comparten un rasgo: se obsesionan en interpretar cada rastro para poder descubrir a los criminales. Con una actitud calcada, un académico tan tanguero como el personaje de Sasturain sostuvo durante más de cuatro décadas su deseo de refutar una teoría de uno de los pioneros de la sociología argentina, Gino Germani (1911-1979). Y hace no mucho, tras tres años de analizar miles de documentos, lo logró. El de la obsesión detectivesca es Darío Canton, profesor honorario de la Universidad de Buenos Aires (UBA) que, en 2013, a sus más que lúcidos 85 años, publicó en colaboración con su colega Jorge R. Jorrat el libro Una hipótesis rechazada. El rol de los migrantes internos según Gino Germani en los orígenes del peronismo. El título de la investigación de Canton (el apellido es francés y se escribe sin acento) deja bien claro de qué se trata. Así lo resume en una mesa del bar La Paz, sobre la porteña avenida Corrientes: "Germani –con quien trabajé entre 1958 y 1960 en el Instituto de Sociología de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA– formuló su hipótesis sobre el triunfo del peronismo en las elecciones de 1946. Para él había tenido un carácter muy decisivo la migración interna desde provincias 'atrasadas' y con 'escasa formación política'". Canton agrega que el estudioso nacido en Italia propuso varias versiones del concepto desde que lo enunció en 1952.En 1974, con el peronismo en la Casa Rosada, rememora Canton, la discusión siguió: "un norteamericano, Peter Smith, cuestiona esta teoría de Germani. Él se enoja mucho y responde reforzando su tesis en la revista Desarrollo Económico. Es la única polémica intelectual que hubo en las ciencias sociales en Argentina, porque después Smith hace su descargo, e interviene también el historiador Tulio Halperín Donghi"."Pero nunca se terminaba de zanjar el tema –detalla el académico–, porque la mayoría de los argumentos de Germani giraban en torno a datos censales". Por eso, en 2011 decidió reconstruir los padrones de 1946 de la Capital Federal y el Gran Buenos Aires, como la única manera de saber a ciencia cierta si la hipótesis era correcta o no. Y agrega: "Germani no tenía cómo comprobar su concepto con el censo, mientras que Jorrat y yo trabajamos con una lista de quienes efectivamente votaron: esta es la diferencia fundamental". Archivos que hablan Un historiador acostumbrado a los archivos de Europa o Estados Unidos podría preguntarse: "¿Cómo qué hubo que 'reconstruir' las listas de votantes?". Y sí: "En la Argentina se tiraron los padrones de las elecciones, no hay un lugar para consultarlos –revela Canton, que en los '60 también trabajó en el área de sociología del mítico Instituto Di Tella-; salvo los de la Capital Federal de 1904, 1928 y 1934, que están en la Biblioteca Nacional". – ¿Y entonces cómo llegaron a tener datos del padrón de 1946? –En la Cámara Nacional Electoral están guardadas las fichas de todos los ciudadanos argentinos desde el enrolamiento de la Ley Sáenz Peña (sancionada en 1912, estableció el voto secreto y obligatorio de todos los varones de 18 años y más, argentinos o naturalizados). Conseguí una autorización para trabajar allí y tomamos muestras de las fichas durante un año. No podía utilizar personal de afuera, pero sí interno: semanalmente, yo les llevaba números de documento elegidos al azar. El personal de la Cámara los buscaba, y nos informaban si correspondían o no a lo que buscábamos: tenían que ser personas que residieran en Capital o el Conurbano que hayan estado vivas en 1946. Así fue que tomamos 23 mil fichas, 10 mil de la capital y el resto de los distritos del Gran Buenos Aires. De ahí surgió que, entre la masa de votantes, los migrantes internos no eran tantos como creía Gino Germani: eran un 20 por ciento. No venían de Jujuy, Catamarca o Santiago del Estero, sino de la zona central: las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba. Lo descubrimos porque los números de documento de esa época se asignaban según el distrito militar de cada zona del país que registraba a cada varón a los 18 años. Además, los migrantes internos no eran menos educados ni tenían trabajos de menor nivel de complejidad que los nativos de Capital y el Conurbano; nada que ver con el "aluvión zoológico" (calificativo que los antiperonistas aplicaban a los peronistas de 1945). También vimos que no votaron como Germani creía. – ¿Cómo lo lograron? Porque encuestas "boca de urna" ya no podían hacer. –Usamos una serie de procedimientos estadísticos mediante los cuales se correlacionan los porcentajes de votos a cada candidato en cada distrito con cada subsector de la población de ese distrito. Y descubrimos además que votó un 10 por ciento de extranjeros nacionalizados –las fichas dicen el lugar de nacimiento–, con predominio de italianos y españoles. O sea que el 70 por ciento de los votantes de esas elecciones de 1946 era argentino y nativo de Capital o el Gran Buenos Aires.– En su opinión, ¿en la Argentina los científicos sociales tienen la costumbre de buscar datos duros para sostener sus hipótesis? –Es algo que no se hace demasiado porque es costoso, hay que tener paciencia y, si son datos oficiales, hay que contar con la buena voluntad de los funcionarios que están del otro lado del mostrador. Nuestro libro llevó un año de búsqueda de datos, la depuración otros dos años, y luego hicimos el análisis.
Elecciones desmenuzadas
Además de la composición social y el origen geográfico de los votantes de 1946, el profesor Canton analizó –en otro titánico trabajo con su colega Jorge Jorrat, que arrancó en 1993– todas las elecciones en la ciudad de Buenos Aires entre 1864 y 2007. Les llevó nada menos que 15 años y se publicó en tres libros. Para lograrlo reconstruyeron el primer padrón de la ciudad de Buenos Aires con material tomado del Archivo General de la Nación.
–
¿En ese caso utilizaron también las fichas del enrolamiento que se encuentran en la Cámara Nacional Electoral?
–No, porque el primer “registro cívico”, así se le llamaba al padrón de la Ciudad en 1864, aparecía en los diarios. Pero sólo los nombres: decía “José Fernández, calle Solís 1500”, y nosotros necesitábamos por los menos otros dos datos: la ocupación y si era analfabeto o no. ¿Qué hicimos? Copiamos todos los nombres del padrón que aparecían en los diarios y los cruzamos con los números de cédula del censo municipal de 1855 y del primer censo nacional, que fue en 1869. Así conseguimos más o menos un 70 por ciento de los datos de los registrados en el padrón de 1864. La hipótesis que comprobamos fue que había alineamiento de clase social con el voto; o sea, que había partidos con más apoyo popular que otros. Hasta ese momento se suponía que ese fenómeno había empezado con la Ley Sáenz Peña.
Canton (su sitio web personal está en www.dariocanton.com) explica que en esa especie de enciclopedia sobre el humor electoral de los porteños que escribió con Jorrat sostienen que “hasta la llegada del peronismo los partidos con más votantes entre las clases más bajas eran el Socialista y la Unión Cívica Radical. Y el Partido Demócrata Progresista, de Lisandro de la Torre, estaba entre los de base más conservadora”.
Un italiano pionero
Gino Germani llegó al país desde Italia en 1934, cuando tenía 23 años; había estado preso bajo la dictadura de Benito Mussolini y su familia consiguió que se exiliara. Estudió en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, donde luego fundó las carreras de Sociología y de Psicología. “Germani asistió al surgimiento del peronismo -explica Canton-. Él era antifascista, pero fue muy inteligente en el sentido de no confundir a Italia o Alemania con la Argentina, que para él tenía su especificidad”. En 1966, la dictadura del militar Juan Carlos Onganía terminó expulsando a Germani a Estados Unidos y luego a Italia, donde murió en 1979.
* Especial

