El bravo Capitanich
El jefe de Gabinete retó y criticó a los medios por el tratamiento que hacen del narcotráfico.
El jefe de Gabinete, Jorge Milton Capitanich, retó y criticó a los medios por el tratamiento que hacen del narcotráfico. Señaló que la prensa se ocupa del problema del narcotráfico cuando el dólar marginal se mantiene estable.
Dicho de otro modo, y dejando de lado el textual, don Jorge Milton mandó decir que cuando no hay noticias rimbombantes, los cronistas de calle, estudio y escritorio, acuden a temas fetiche como los narcos.
En realidad, no fue desacertada la apreciación. La actualidad periodística está repleta de lugares comunes, de falta de ideas a la hora de buscar temas interesantes, de falta de independencia en muchos casos, y un largo etcétera.
Se trata de una autocrítica que debemos hacer los periodistas y los medios. La gente después elige. Es verdad que a los hombres y mujeres de prensa nos suele doler cuando se señalan defectos o se formulan críticas. Obviamente, está mucho más aceitada la función de cuestionar y señalar lo que está mal, lo cual está muy bien porque esa es una de las funciones básicas del periodismo. La profundidad del análisis, la independencia de criterios y la certeza de lo que se dice son tema de otro enfoque y –se insiste– es el consumidor de ese mensaje quien decide si lo toma o no. Sin embargo, más allá de la salida ocurrente y de la lógica de las palabras del funcionario, suena exagerado el argumento que esgrimió. O, en todo caso, tiene una dosis de injusticia.
Capitanich se queja porque los medios que no están alquilados o no responden al Gobierno de manera servicial dieron vuelta la página y hablan poco sobre la estabilidad de la moneda estadounidense en estos días. La apreciación es discutible pero, bueno, digamos que es cierta.
En todo caso se habló, se habla y se hablará de narcotráfico porque es un tema que cala hondo en la sociedad argentina y perfora todo lo que encuentra.
Si se produce o si se distribuye cocaína en el país, es un debate de segundo grado. Primero hay que reconocer el problema como tal desde las políticas de Estado y no en el discurso aparentemente valiente de algunos funcionarios o dirigentes de partidos de oposición que tampoco hicieron nada cuando estuvieron en las poltronas del poder real. No tiene sentido desviar la atención o hacer la del avestruz.
Se sospecha, con serios indicios y pruebas, que el narcotráfico financia o sponsorea numerosas actividades públicas en el país, y los gobiernos no deben subestimar o esconder la cuestión. La respuesta, probablemente, no pasa por buscar un par de audaces que se vistan con trajes de Rambo y salgan a lo loco a buscar enemigos por la vida.
Tampoco valen de mucho las palabras como las del cura Juan Carlos Molina, titular del Sedronar, que dijo: “Los pibes se falopean y chupan como esponjas”. Palabras tribuneras que no aportan absolutamente nada a buscarle la raíz al problema.
Los funcionarios deben entender que con el discurso no alcanza. Que hay que meter las manos en el barro con ideas y acción. El problema no empezó ayer ni terminará en dos noches.

