El baile
Muchos han visto en la novela breve El baile la difícil transición entre dos mundos, entre dos realidades, aunque también sería válido observar en ella los síntomas que fomentaron los temas de Némirovsky.
Irène Némirovsky nació en 1903 en Kiev, Ucrania, pero siempre escribió en francés. La elección pudo responder a una motivación menos utilitaria que afectiva, porque, si bien vivió muchos años en Francia, dominó aquel idioma desde niña gracias a la educación impartida por una institutriz. Un argentino ilustre decía que hay un momento único en que un hombre sabe lo que será, en que vislumbra el mandato de un destino que se le revela para siempre. Quizá ese momento de Némirovsky fue cuando, perseguida en Francia por los nazis, se dedicó a escribir sin parar, una obra detrás de otra, con un desasosiego y una fiebre creadora que podrían explicarse en su sospecha de que tarde o temprano terminaría en un campo de concentración. Fue en Auschwitz, efectivamente, donde murió, el 17 de agosto de 1942. De todos modos, Némirovsky estuvo acostumbrada a esa vida errante desde sus 14 años –la misma edad, previsiblemente, de la adolescente de El baile –, cuando su familia escapó de Rusia y se instaló en Finlandia luego de la revolución bolchevique, y más tarde aún, en el capítulo final de esos desarraigos involuntarios, tras estallar la gran guerra, en Issy-L'Évêque, un pequeño asentamiento de la Borgoña al que llega desde París y que sería su refugio fugaz. Su otra gran obra, Suite francesa , legado literario de esa persecución, describe la huida a la campiña de unos judíos parisinos por la inminencia de la llegada nazi.Por eso muchos han visto en la novela breve El baile la difícil transición entre dos mundos, entre dos realidades, aunque también sería válido observar en ella los síntomas que fomentaron los temas de Némirovsky, el laboratorio del que surgen no sólo sus argumentos, sino sobre todo la justificación de su deseo de escribir ficciones: el destierro, el ostracismo social al que la vengativa adolescente Antoinette Kampf sume a sus padres y del que difícilmente regresen. Como Irène, que nunca volvió a Kiev asediada por los rusos, que nunca volvió a París perseguida por los nazis, la humillada Antoinette, con un simple gesto definitivo, emprende un viaje sin retorno, doloroso y reformador, a expensas del desahucio clasista de sus padres del que ella ha sido su secreta responsable. "(...) Con el movimiento que hizo, un sobre escapó y cayó al suelo. Tuvo miedo y se apresuró a recogerlo, y en el mismo instante se avergonzó de ese miedo... La embargó una especie de vértigo, una necesidad salvaje de desafío y de hacer daño (...)". Ricos de la noche a la mañana gracias a un golpe de suerte en la timba financiera, los Kampf preparan en su lujoso piso de París un gran baile para 200 invitados, todos ellos elegidos entre la más alta prosapia local. El objetivo de los Kampf es inocultable: ser reconocidos como pares socialmente, lo único que la súbita e inesperada fortuna aún no ha podido comprar. Sin embargo, la madre sorprende a su entusiasmada hija prohibiéndole que asista al baile, y esa decisión significará, fatalmente, el error más grande de su nueva vida. "(...) –¡Te lo suplico, mamá, te lo suplico! Tengo catorce años, mamá, ya no soy una niña... –¡Pero, bueno! Asistir al baile esta chiquilla, esta mocosa, ¡habrase visto!... Espera y verás cómo hago que se te pasen todos esos delirios de grandeza, niña (…)". Desconsolada, ofendida por los excitados preparativos de la fiesta ajena, Antoinette concibe una fenomenal venganza cuya ejecución desata sin embargo para ella un dolor curioso y complejo, aglutinador de las consecuencias que desde esa noche también deberá afrontar: la deshonra ante el desprecio social y el paso definitivo a la adultez.

