Dime qué reloj usas y te diré tu ideología
En el ya célebre trabajo “La tanda”, los geniales Les Luthiers promocionaban un reloj exclusivo, “chaque heure pour la minorie” . Y, de inmediato, Marcos Mundstock remataba: “¡Flor de ‘relós!’”.
En el ya célebre trabajo "La tanda", los geniales Les Luthiers promocionaban un reloj exclusivo, "chaque heure pour la minorie" . Y, de inmediato, Marcos Mundstock remataba: "¡Flor de 'relós!'". El hecho de lucir un "flor de 'relós'" parece haber calado hondo en el Gobierno nacional. Hay varias primeras figuras –entre las que sobresale la propia presidenta, Cristina Fernández– que usan relojes costosísimos.El tema fue reflotado la semana pasada a partir de una fotografía que le tomaron a Diego Bossio, titular de Anses, a quien se le veía en su muñeca izquierda un reloj más que importante. Además de vestir ropa muy cara, Bossio sumó ahora un Panerai Buenos Aires Luminor Daylight, una edición limitada de 87 piezas, diseñada por la marca Panerai para su boutique de la avenida Alvear en el barrio porteño de Recoleta. El valor de mercado de esa joya es de 16 mil dólares.De todas maneras, Bossio marcha tercero en el ranking de los "portadores de relojes caros".La tabla es liderada por el ministro del Interior, Florencio Randazzo, que, orondo, luce un Vacheron Constantin Patrimony, que cuesta 27 mil dólares.En un digno segundo puesto, la jefa del Estado optó por el clásico de los clásicos: un Rolex President, que se puede tener previo pago de 20 mil dólares.En realidad, se trata de una frivolidad y cada uno puede hacer con su dinero lo que se le plazca. Tanto Fernández, como Randazzo y Bossio tienen ingresos suficientes como para comprar un objeto de esa naturaleza al solo fin de lucirlo o de darse un gusto.Sin embargo, hay otra cuestión: este tipo de conductas nada tiene que ver con la cultura "nac & pop " que se promociona puertas para afuera. La sociedad necesita otro tipo de gestos, otro tipo de ejemplos. Lamentablemente, las conductas reprochables se extienden a todos los poderes del Estado. La revelación que hizo este diario sobre los empleados de que dispone cada senador nacional es casi obscena.En el radicalismo se da un caso curioso y reprochable: se tiran por la cabeza con el nombramiento de Juan Pablo Ostanelli, exsecretario privado del intendente de Córdoba, Ramón Mestre.Este caso confirma que la vida, a veces, es una rueda que gira en forma permanente. Decimos esto porque hasta hace poco tiempo Ostanelli era para el establishment político y empresarial la figurita difícil de la Municipalidad. Hoy, nadie quiere hacerse cargo.La senadora Marta Borello nombró a su hijo en un cargo importante dentro de la Cámara Alta. La sociedad mira con recelo este tipo de conductas.Por su parte, Luis Juez nombró 45 empleados, y los justifica. Parece demasiado para un solo legislador, por más funciones que tenga. Tiene la misma dotación que una Pyme de mediana envergadura.Esta vez, el peronismo se salva… pero es porque no tiene senadores nacionales. Y si a este minué le sumamos los banquetes del jefe del Ejército y su perfumada inclinación por adornar las mesas con flores de exportación, habría decir que esto no tiene remedio. Es que la corporación política no entiende que hoy la gente no pide, sino que reclama y exige un comportamiento austero.

