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Dime cuánto mides

Las elecciones cordobesas dejaron muchas lec­ciones a electores y candidatos, y una de ellas es ya reiterada: no confíes demasiado en los ­sondeos porque en algunos casos vienen con ­menos precisión que los penales de Higuaín.

13 de julio de 2015 a las 12:01 a. m.
Dime cuánto mides

Las elecciones cordobesas dejaron muchas lec­ciones a electores y candidatos, y una de ellas

es ya reiterada: no confíes demasiado en los ­sondeos porque en algunos casos vienen con ­menos precisión que los penales de Higuaín, sobre todo si se encargan a encuestadoras de nombres tan sugestivos como Encuestas y Proyecciones a Medida, del celebrado consultor Elmer Cader, más conocido como el Rey de la Birome.

En este caso, la promo “Elecciones 2015” de esta encuestadora se mantiene como la más atractiva del mercado, por sus notables beneficios para los partidos, alianzas o simples candidatos que opten por contratar sus servicios.

Con un arsenal de sensacionales ofertas, dispone de un menú en el que resaltan propuestas audaces e innovadoras como la de otorgar cuatro puntos extras de medición por pago a contado, otros cuatro por pago en dólares y otros cuatro a los 15 primeros que contraten con la empresa.

“Esto significa que quien disponga de dólares para pagar al contado y logre el beneficio de ‘primeros clientes’, tiene ganados 12 puntos de medición, lo que para muchos significa ponerse en una situación expectante de cara a cualquier elección”, se entusiasma el gerente de marketing de la consultora, José Bucanero.

Apelando directamente a los guarismos, el directivo ejemplifica que si un candidato mide apenas unos tristes 11 puntos, gracias a los beneficios que brinda su consultora pasa a una intención de voto de 23. “Y quién dice 23 dice 25 o 27, y así siguen creciendo las expectativas”, agrega Bucanero. “De estar silenciosos en el fondo de la tabla, nuestros clientes sacan pecho y pasan a hablar de ‘empates técnicos’, o de crecimiento de la intención de voto sin moverse de sus casas”, agrega.

Si bien cosecha críticas entre sus pares por sus particulares métodos de medición, Elmer Cader se justifica: “Mi abuelo fue sastre y mi padre fabricaba ataúdes, es una tradición familiar hacer las cosas a medida y yo como encuestador no puedo evitar seguir la costumbre, es algo que llevo en la sangre”.

Respecto de cómo procesa los datos de las mediciones para lograr el objetivo de cumplir con sus clientes, explica que el método es simple: “Le sacamos unos puntos a A, otros tantos a B y unos cuantos a C y se los damos a D (nuestro cliente), y así cumplimos con la promoción”. Para el exitoso encuestador de esta forma también se respeta uno de los lemas de cabecera de la empresa: “Podemos engañar a la gente, pero jamás a nuestro cliente” (Otra de sus consignas dice: “Tu mides esto, si no te gusta siempre se puede hacer algo”).

“En definitiva, el éxito de nuestra consultora radica en que hacemos encuestas personalizadas, es decir de acuerdo al gusto personal del cliente. Para dar un ejemplo: así como hay gente que gasta miles de pesos en ‘tunear’ su auto, modificándolo para hacerlo llamativo y poderoso, nosotros hacemos lo mismo con las encuestas. Le damos a nuestros clientes mediciones vigorosas y dignas”, explica. “En definitiva, podemos ponerles en sus manos las encuestas de sus sueños”, finaliza.

Inclusive se obtienen logros inclusivos, como que los menos favorecidos por la intención de voto puedan mostrar públicamente sus mediciones. Según consideran en la consultora, si un candidato mide unos patéticos 3,1 puntos de intención de voto, se siente cohibido y no puede exhibir esos índices ni siquiera en la mesa familiar. Pero con las promociones de Encuestas y Proyecciones a Medida, su medición puede subir a 15,1 puntos, lo cual le permite romper con las inhibiciones y presumir con esos guarismos frente a sus hijos, sus amigos, familiares cercanos, vecinos y ante la opinión pública en general. “Nuestro método de trabajo mejora la autoestima de nuestros clientes y la lleva a las nubes. Siempre les decimos que hay algo peor que ser un perdedor y es sentirse un perdedor”, agrega Elmer Cader.

¿Pero qué sucede cuando llega la elección y se produce el denominado “Efecto Cenicienta” (suenan las 12 de la noche y la lujosa carroza vuelve a ser un zapallo)? Para los impulsores de este tipo de mediciones no hay problema alguno, ya que hay siempre hay un corrimiento en masa y a último momento del electorado hacia otro candidato, misterioso fenómeno de desplazamiento que puede atribuirse a la volatilidad del electorado o al calentamiento global.

Pero lo verdaderamente importante es haber sentido que se estaba en competencia.