D’Elía, dirigente piquero
La iniciativa del dirigente oficialista Luis D’Elía de colocar la cabeza del juez federal Claudio Bonadío en una pica frente a los Tribunales de Comodoro Py por investigar empresas presidenciales generó una áspera controversia.
Como era de esperarse en un país que hace culto de la polémica, la iniciativa del dirigente oficialista Luis D'Elía de colocar la cabeza del juez federal Claudio Bonadío en una pica frente a los Tribunales de Comodoro Py por investigar empresas presidenciales, generó una áspera controversia, en principio porque habría que separar la cabeza del magistrado de su propio cuerpo, para luego proceder con el milenario método de castigo ejemplarizante. Desde el siglo 19 que estos procedimientos disciplinarios no se usan en la Argentina, por lo que no está claro quién debe llevarlo a cabo, de qué manera, cuánto tiempo debe estar una cabeza en una pica, etcétera. "No nos engañemos, la única forma de disponer de la cabeza de Bonadío es aplicando algún método de decapitación, y cualquiera que se llegara a utilizar (guillotina, espada, amoladora, etcétera), seguramente no sería bien visto desde el Poder Judicial. Incluso me arriesgo a anticipar que generaría un conflicto de poderes", afirmó Juan Carlos Cadalso, quinta generación de verdugos y titular de la cátedra de Ejecuciones II, de la carrera de Historia de la UBA.El especialista consideró que, más allá del hecho (si se quiere) traumático del cercenamiento, la utilización de una pica le resta dramatismo escénico a la iniciativa. "Una pica es una suerte de lanza que normalmente alcanza los cuatro metros de altura, por lo que observar una cabeza colocada en su punta es más o menos como mirar un nido de hornero arriba de un poste. Ahora, si la colocamos sobre un surtidor por ejemplo, el efecto visual es mucho mayor", afirmó.De todos modos, estimó que "el espectáculo propuesto por D'Elía va a ser un tanto espantoso en un primer momento, pero con el correr de los días los transeúntes se van a acostumbrar, sobre todo los que han visto la exposición de cuerpos plastinados". Entre los turistas... y Drácula Por todas estas consideraciones, el tema fue tomado con alarma desde algunos sectores vinculados con el turismo extranjero. Desde el sector se debatió sobre el efecto negativo que podría tener la exhibición de una cabeza en una pica (sea o no de un juez) en las calles porteñas. La preocupación se centra en cómo podrían reaccionar los turistas procedentes de países del Primer Mundo, donde estas prácticas, que si bien eran habituales siglos atrás, ya fueron abandonadas. "Los turistas argentinos están acostumbrados a ver de todo en los noticieros nacionales, de modo que no se sorprenderían demasiado, salvo que sean muy impresionables. Y lo mismo podría decirse de turistas mejicanos por ejemplo. El problema son los primermundistas", afirmó un hotelero porteño.La preocupación es lógica ya que muchos potenciales visitantes de la Argentina, que vacilan en aterrizar en Buenos Aires luego de las feroces imágenes del motochoro de la Boca, podrían salir disparados hacia cualquier otro destino en cuanto se enteren de que hay exhibiciones de cabezas cercenadas en las calles de la ciudad. Otro tema es la efectividad de la medida para disuadir a otros jueces de meter sus narices en emprendimientos presidenciales. "El verdadero conde Vlad Drácul aterrorizó a los invasores turcos en la Edad Media empalando a todos los prisioneros que capturaba y dejándolos a la vista por miles en los bosques de Valaquia. Si estas prácticas sirvieron con los aguerridos turcos otomanos seguramente que algo parecido será efectivo con los jueces argentinos", explicó el especialista en la historia del conde Drácula, el doctor Abraham van Helsing. "Hay un hilo conductor entre las acciones de Vlad Tepes 'el Empalador' y D'Elía", agregó. Queda para muchos también en el plano de la polémica la aparente incongruencia de D'Elía que hace no demasiado tiempo tuvo una aparición televisiva casi de pastor electrónico reclamando "amor, amor, amor. Mucho amor", y que por estos días pide cabezas en picas. Para algunos, el dirigente es tan contradictorio como cualquier argentino; pero para otros, D'Elía tiene al menos dos personalidades enfrentadas, una bondadosa y tierna que lo lleva a perseguir mariposas por los parques sólo para mirarlas (llevándose ligustrines por delante y dejándolos a la miseria) y otra decididamente más feroz. ¿Estará la sociedad argentina frente a sus propios Dr. Jekill y Mr. Hyde?

