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Del infierno español al falso paraíso alemán

Miles de españoles van como expatriados a Alemania, un país con oferta laboral, pero también con múltiples dificultades contra las que se estrella gran parte de quienes intentan la aventura.

16 de septiembre de 2013 a las 12:01 a. m.
Juan Gómez (El País, de Madrid)
Del infierno español al falso paraíso alemán
El último recurso. Emigrar es un intento de escapar al 25 por ciento de desocupación (AP).

Entre las primeras frases que aprendió en alemán, el electricista Javier Lázaro recuerda el "aquí no entran más españoles" que le espetaron en la discoteca donde quería celebrar el primer sueldo que cobró en Munich. "¡Precisamente en Pachá, que es una discoteca española!", ríe. En los 16 meses pasados desde entonces, el manchego Lázaro se casó con la también emigrante Leila Martínez, tuvo en Munich su primer hijo y sigue aprendiendo alemán. Trabaja con Miguel Ángel López, otro electricista que tampoco había cumplido los 30 cuando decidió viajar solo en el auto, después de siete meses sin encontrar nada en España. El buen humor predomina en el pequeño grupo que conforman junto al canario Werner Santiago, de 34 años, y el cordobés Pedro Lara, de 38. Estos electricistas son parte de la cara amable de la gran ola migratoria forzada por la crisis española. Son cuatro de las 50.582 personas que entre 2011 y 2012 se registraron en el padrón alemán como llegados desde España. Hacía 40 años que no aterrizaban tantos emigrantes españoles en Alemania. Como entonces, los españoles llegan buscando empleo a un país en el que falta mano de obra. Pero pese a los tremendos problemas en casa y a las oportunidades que depara Alemania, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde) revela que dos tercios de los españoles que llegaron a Alemania en 2011 se fueron antes de un año. El paraíso laboral alemán les duró lo que una excursión.Thomas Liebig explica desde la sede parisiense de la Ocde que "la falta de personal se limita a algunos sectores, como ciertas ingenierías e informática". Destaca que "muy pocos de los que aseguran necesitar mano de obra calificada están dispuestos a contratar extranjeros. Sólo lo haría un 20 por ciento de los empresarios".

Jóvenes y capacitados

Por su potencia económica y tecnológica, muchos emigrantes prefieren Baviera. Munich, dicen los electricistas, no es tan caro como lo pintan y los recién llegados ganan tanto como en los años de la burbuja inmobiliaria española. La edad y la formación profesional los convirtió en candidatos idóneos para suplir la falta de mano de obra calificada en Baviera. La Cámara de Artes y Oficios regional lanzó un programa de captación de españoles al que se acogieron cuando ya estaban en Alemania.

El capataz de la obra en la que trabajan, el alemán de madre española Manfred Sirges, supervisa su adaptación a la empresa. “Los españoles”, cuenta Sirges, “necesitamos como mínimo medio año para adaptarnos al sistema alemán: hay problemas de precisión, de seguridad, de normas. Pulir esas aristas es un proceso complicado, un desafío. Aquí son muy rígidos”, dice el capataz y todos asienten. “Aunque algo resuelva un problema, los alemanes no lo aceptan si no se ajusta a la norma”, termina.

El primer ministro regional y titular de la Unión Social Cristiana bávara (CSU), Horst Seehofer, dijo en agosto que “la juventud de Europa debería venir a Baviera”. La Cámara cuenta con “cientos de perfiles” idóneos para trabajar ya en alguna de sus 77 mil empresas, así como con miles solicitudes pendientes. Su experiencia como diputado conservador cuaja en frases redondas: “El peligroso drama del 56 por ciento de desempleo juvenil en España puede aliviarse por nuestra necesidad de mano de obra calificada”.

Víctimas de la burbuja

Sin embargo, según el Instituto Nacional de Estadística (INE), el grupo de desplazados españoles que más ha aumentado desde que estalló la crisis, es el de las personas entre 45 y 54 años. La franja más alejada de los programas de promoción del empleo juvenil y también de la noción del inmigrante joven. Pertenece a aquella Octavio Ndong, que desde que cumplió los 52 años protagoniza una crónica muy representativa de los seis años largos que van de desastre económico español.

Llegó a Barcelona en los ‘80 desde Guinea Ecuatorial, donde nació cuando aún era colonia española. Estudió Ingeniería técnica industrial, trabajó en varias compañías y abandonó la última, Seat, para poner un negocio de mensajería y transportes. Corría 2002 y la burbuja inmobiliaria, ya desaforada, hinchaba también los servicios. En un buen mes ingresaba tres mil euros netos. Hizo lo de muchos: consiguió una hipoteca de 120 mil euros para comprarse un departamento. Pero en 2007 muchos clientes empezaron a bajar las persianas; en 2009 las cosas empeoraron y finalmente cerró en 2011. Pidió el seguro por desempleo, pero los autónomos dejaron de cobrar en 2010 y se quedó sin nada. Así hasta ahora. Con una nieta a su cargo y una hipoteca de 700 euros al mes, Ndong miró a Alemania, y empezó la segunda catástrofe.

Ndong no ha tenido vivienda fija desde que llegó a Berlín hace 13 meses. Limpió hoteles, pero la cadena Ibis lo puso en la calle cuando lo tuvieron que operar de una rodilla.

En sus peores días recurrió a un centro de Cáritas para gente sin hogar. Allí lo atendió Regina Thiele, que habla perfecto español y conoce el desarrollo de la inmigración hispanohablante más desesperada.

Explica que “hasta hace poco llegaban latinoamericanos desde regiones en crisis y algún español suelto ya en situación extrema”, como expresidiarios, adictos o enfermos. En su sencilla oficina del último piso del centro de Levetzowstrasse, el mayor establecimiento berlinés de atención a gente sin techo, cuenta con evidente alarma cómo en 2010 notó el aumento drástico del número de indigentes españoles. En 2013, la tendencia sigue subiendo.

Desde hace tres o cuatro años también ha empezado a atender a “arquitectos o licenciados, como una ingeniera medioambiental que vino hace unos meses”. Todos españoles. “Son desamparados que no tienen nada. Algunos encontraron trabajo por Internet, pero se encontraron con estafadores que no les pagan o les dan una miseria. Lo peor es cuando vienen con la familia, pero sin contactos, sin idioma y sin nada, sólo por pura desesperación”.

Ante las historias de Thiele sobre familias enteras durmiendo en los parques, aquel “impulso aventurero” que la secretaria de Estado española Marina del Corral identificó como motor de la emigración adquiere un sesgo siniestro.

Imagen positiva

También los medios alemanes prefieren dar estampas positivas de la inmigración. Los liberales, como Die Zeit, quieren identificarla con una nueva popularidad de Alemania en el mundo. Se obvia la posibilidad de que la política de austeridad a rajatabla propugnada por la centroderecha de Angela Merkel tenga algo que ver con la nueva pobreza.

A pesar de algunos casos de tesón y éxito, en el Instituto de Investigación Laboral IAB, el profesor Herbert Brücker admite que “muchos españoles no encuentran nada, es común dar con camareros licenciados”. Dos tercios de los nuevos inmigrantes del sur de Europa tienen título superior y están mejor formados que la media alemana. El idioma es su gran obstáculo, pero hay otros problemas, como el clima o las costumbres.

Así y todo, Brücker cree que esta inmigración seguirá aumentando durante otros dos años. “La contribución con sus aportes previsionales compensará con creces los posibles gastos en los subsidios sociales o de desempleo”. Pero las autoridades ponen cada vez más dificultades a las ayudas sociales para los inmigrantes europeos. Así, muchos caen en la precariedad y, nuevamente, en la desesperación.