Curitiba y Medellín, los modelos de la región
No hace falta posar los ojos en ciudades europeas o norteamericanas para encontrar ejemplos de planificación urbanística.
Tampoco se requiere mirar a capitales como Quito, Bogotá y Lima (con avances significativos durante los últimos años) cuyas escalas y dimensiones dificultan su comparación con Córdoba. En América latina hay dos ciudades de similares dimensiones a Córdoba que funcionan como modelos para el resto de la región.
Curitiba, capital del estado brasileño de Paraná, con casi dos millones de habitantes, es una. Aunque al visitante puede no parecerle un prodigio de desarrollo a primera vista, a medida de que se la recorre y observa surgen las evidencias del respeto a una planificación criteriosa.
Cuenta con un Instituto de Investigación y Planificación Urbana desde los ’60. Jaime Lerner asumió como alcalde de la ciudad en 1971 y brindó un lugar destacado al organismo que había ayudado a fundar años antes. Desde entonces han pasado 10 alcaldes y todos atendieron las recomendaciones del Instituto.
La fama de Curitiba tiene su origen en una revolucionaria Red Integrada de Transporte (RIT), columna vertebral del funcionamiento de la ciudad. Cuando se puso en marcha
el sistema sólo contaba con 25 mil usuarios; hoy son más de dos millones. Las frecuencias de cada línea oscilan entre uno y tres minutos y cada hora utilizan el servicio unos 20 mil pasajeros. Los colectivos biarticulados poseen carriles exclusivos, los semáforos están sincronizados, las paradas son tubos en los que se adquiere el ticket en forma anticipada, se pueden realizar distintos trayectos con un mismo pasaje.
En paralelo, se fomentó la creación de espacios verdes hasta alcanzar más de 50 metros cuadrados por habitante, muy por encima de los 16 metros que recomienda la Organización de Naciones Unidas (ONU). Incluso en la zona céntrica, abundan plazas y parques que oxigenan el aire. Además, desde fines de los ‘80 se desarrolla el programa “Basura que no es basura”, que distingue la biodegradable de la reciclable y considera a sus ciudadanos como corresponsables en el tratamiento de los residuos. La iniciativa ya fue premiada por la ONU e incluye educación ambiental en los colegios.
Planificación, inversión y educación
El otro emblema latinoamericano en planificación urbanística es Medellín. Hasta hace 20 años atrás estaba considerada una de las ciudades más peligrosas del mundo por ser base del narcotráfico dominado por el célebre Pablo Escobar. Tras la muerte de éste, la espiral de violencia no se detuvo por las disputas internas entre sus herederos dentro del cártel. Una vez desarticulado, acciones guerrilleras y paramilitares se replegaron hasta su desmovilización en 2003.
Sergio Fajardo, un profesor de matemáticas, dio el paso inicial para este cambio durante su gestión como alcalde entre 2004 y 2007. Entre sus medidas más celebradas se encuentran las bibliotecas-parque, construidas en los barrios más pobres. El municipio hacía pie en enclaves violentos y le disputaba a la delincuencia organizada la convocatoria de jóvenes y niños mediante acciones culturales y programas deportivos. Si bien la violencia no fue erradicada por completo, la presencia del Estado otorga alternativas.
La inversión en educación llegó al 40 por ciento durante el mandato de Fajardo, cifra inimaginable unos años antes. Entre el cinco y el siete por ciento del presupuesto de inversión total de la ciudad es diseñado y ejecutado por comunidades autónomas en las que participan organizaciones sociales. A través de ese programa, los vecinos de cada área pueden canalizar sus prioridades y decidir parte de la reinversión de lo que pagan en impuestos.
El otro gran motor del cambio es su sistema de transporte. Al metro existente se incorporaron otras dos modalidades integradas que facilitan el traslado y la circulación más allá de la topografía divergente. El Metrocable, inaugurado en 2004, es un sistema de transporte teleférico de tránsito rápido que asciende en góndolas por las colinas de barrios carenciados y los conecta con otras zonas. Además, desde 2011 funciona un servicio llamado Metroplus, similar al de Curitiba aunque aún incipiente, de colectivos con carriles selectivos y trayectos integrados de unidades colectoras y troncales. Conectividad, educación y presencia del Estado le valieron en 2010 el premio a la ciudad más innovadora del mundo.

