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Caminando sobre un campo minado

El caso Kolektor tiene en su base un hecho que, de comprobarse, es delictivo e inescrupuloso: el supuesto ofrecimiento de coimas a un periodista por parte de un empresario que hace negocios con el Estado provincial.

14 de diciembre de 2014 a las 12:02 a. m.
Caminando sobre un campo minado

El caso Kolektor tiene en su base un hecho que, de comprobarse, es delictivo e inescrupuloso: el supuesto ofrecimiento de coimas a un periodista por parte de un empresario que hace negocios con el Estado provincial. Y, lo que es peor, ese empresario aparece como “gestor” o “intermediario”, ya que dice hablar en nombre de las autoridades provinciales.

A partir de esto, largas horas de grabación a través de cámaras ocultas y dos miradas: una política y otra judicial, esta última gestada a partir de las ­denuncias de varios legisladores ante los fueros provincial y federal. Se supone que la Justicia investigará si efectivamente se pagaron las coimas, si hubo una tentativa o si el material que se ofrece como prueba no es tal cosa.

Desde lo político, y fracasado el intento del gobernador, José Manuel de la Sota, de sacar el tema de la agenda al otro día de difundido el primer video, quedan varios cabos sueltos.

El primero es ver cómo operará el caso Kolektor en la campaña electoral que se viene, tanto a nivel nacional, ya que el gobernador De la Sota acaba de lanzar su candidatura presidencial, como a nivel provincial, puesto que el peronismo intentará retener el poder que ostenta desde 1999.

Se dieron hechos bastante sintomáticos en estos primeros días: los principales referentes de la opo­sición se mantuvieron en silencio y evitaron las defi­niciones contundentes. Fueron dirigentes independientes, que no responden a estructuras consolidadas –caso Aurelio García Elorrio–, los que denunciaron enérgicamente los supuestos ilícitos.

En el radicalismo, reaccionaron dirigentes de segunda línea y lo propio pasó con el juecismo.

Ramón Mestre y Luis Juez eligieron dar un paso al costado y esperar antes de iniciar la réplica. Se supone que quieren aguardar y ver si esta cuestión se convierte en tema central de la agenda de campaña.

Esta estrategia también supone sus riesgos. Casi de manera inevitable, sobrevuela un manto de desconfianza por la inacción o la actitud pasiva de los dirigentes que habitualmente ponen el grito en el cielo y ahora no lo hacen. Es que de pronto se iluminó un hecho oscuro y teñido de sospechas. De un día para el otro, un empresario con perfil bajísimo, como Hermann Karsten, sale casi todos los días en la tapa de los diarios. Y, lo que es peor, llegó a la fama por decir supuestamente que hablaba en nombre del Gobierno provincial y de Horacio Miró, hombre de confianza del gobernador y que detesta la figuración pública. Ahora quedó irremediablemente expuesto.

En el Gobierno, admiten por lo bajo que el nar­coescándalo tuvo un peso específico importante en la campaña legislativa nacional realizada hace dos años.

Ahora, tanto oficialistas como opositores esperan el desenlace y caminan en puntas de pie, porque saben que pueden estar caminando sobre un campo minado. A la primera trampa ya la sufrió el dueño de Kolektor.