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“Brasil, decime qué se siente...”

Las cornetas, o las vuvuzelas, vienen sonando fuerte en la Argentina desde junio pasado y concluirán esta madrugada, más allá del resultado deportivo.

13 de julio de 2014 a las 12:02 a. m.
“Brasil, decime qué se siente...”

Desde el Mundial de Sudáfrica se llaman vuvuzelas. Y el nombre que llegó para quedarse sirve para designar a las antiguas cornetas de plástico o de metal que se usaban para llevar a la cancha y alentar y festejar antes, durante y después del partido. Las cornetas, o las vuvuzelas, vienen sonando fuerte en la Argentina desde junio pasado y concluirán esta madrugada, más allá del resultado deportivo.Hay una necesidad de celebrar en la calle, de cruzarse con caras conocidas y otras con las que probablemente nunca más serán vistas en toda la vida. Es como un placer secreto de gritar y cantar a los cuatro vientos. Felicidad, éxtasis, ganas de estar con el otro. De conocerlo y de comprobar que le pasa lo mismo que a uno.El fútbol suele ser una gran excusa para que la gente se vuelque a la calle a cantar y a bailar. La costumbre futbolera se hizo fuerte en 1978 y reapareció con fuerza en 1986, cuando la selección argentina consiguió sus dos Copas del Mundo de fútbol. El subcampeonato de 1990, en Italia, también fue motivo de fiesta y de solidaridad con aquel equipo de un Maradona herido. El 0-1 ante Alemania con el sospechado penal que cobró el mejicano Codesal hizo que los argentinos celebraran lo mismo, en todas las avenidas.Después, en cada Mundial, la gente se asomaba y a excepción de 2002, cuando el equipo fue eliminado en primera vuelta, las plazas congregaron al pueblo de cada ciudad del paísEsta vez no fue la excepción. Los que viven en cada rincón argentino salieron a celebrar con Messi, Mascherano, Romero y compañía. Esta noche, más allá del resultado, se repetirá la liturgia. Es agradecimiento, es sonrisa compartida, es ver al que vive al lado tocar la corneta, contento, feliz. Más allá del primer o segundo puesto de Brasil, la misión está cumplida.Necesitamos eso, congregarnos en la buena. En los últimos años, las manifestaciones multitudinarias han sido para protestar contra una situación o contra un gobierno. Los cacerolazos son la muestra de unión para rechazar un determinado modelo de gestión.Hay protestas más pequeñas pero igual de contundentes en ciudades y provincias. Hay rechazos y enojos contra el bestial Impuesto a las Ganancias, contra los impuestos provinciales o contra los alocados tributos que cobra la Municipalidad de Córdoba, que ofrece poco a los vecinos que, ansiosos, esperan que alguna vez puedan contar con una ciudad con alumbrado público decente, sin yuyos ni baches.El motivo de unión para marchar codo a codo es la protesta, salvo excepciones como las del Bicentenario, por ejemplo, que tuvo su base fundamental en la ciudad de Buenos Aires. Se trató de una fiesta costosa, prolijamente organizada por el Gobierno.La selección argentina, en cambio, tiene la costumbre de aglutinar el canto, el baile y los saltos sin convocatoria previa. Cada uno va porque le da la gana, por el puro placer de cantar: "Brasil, decime qué se siente...".