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Barras y estrellas

Después del bochorno de la Bombonera, Scioli resucitó su proyecto, y como si alguien le hubiera pedido que agitara un poco más las aguas, el secretario de Seguridad, Sergio Berni, propuso intervenir la AFA porque está “todo podrido”.

24 de mayo de 2015 a las 11:26 p. m.
Barras y estrellas

Sin pedir permiso y a fuerza de un ataque con gas sobre jugadores de River (acción violatoria de la Ley del Deporte, el estatuto de la Conmebol, el reglamento de la Fifa y la Convención de Armas Químicas de Ginebra), los barrabravas se metieron en la agenda de campaña de las presidenciales, creando un severo dolor de cabeza para la clase política argentina acostumbrada a utilizar, dar trabajo, proteger, homenajear, etcétera, a estos individuos, al punto de generar la célebre sentencia "todo político argentino tiene un barrabrava en el placard". Sucede que, obligados por la agresión tóxica los presidenciables y candidatos de rangos menores, debieron dar sus pareceres sobre el tema. Y así, entre opiniones, polémicas y acusaciones mutuas de relaciones y peligrosas amistades con barras de todos los pelajes, resurgieron algunos temas polémicos como el proyecto de la denominada "ley del barrabrava", frustrada iniciativa destinada a introducir en el Código Penal la figura de los pesados del tablón junto a las de otras variedades de delincuentes.El proyecto impulsado en su momento por el diputado Martín Insaurralde con respaldo de Daniel Scioli, fue sin embargo cajoneado el propio oficialismo con carácter de urgencia, en una caja fuerte cuya combinación se perdió misteriosamente y nadie recuerda de memoria."Cuando entró el proyecto muchos pensaron que era para crear el Día Nacional del Barrabrava (en Córdoba los barras ya habían recibido homenajes legislativos), pero cuando se dieron cuenta de que la intención era meterlos en cana, en el propio oficialismo empezaron a recular y los dejaron a Insaurralde y Scioli pedaleando en el aire", afirmó la asesora de comisión Alicia Leyes de Murphy.Si bien no se conocen muchos detalles del proyecto, debido a la rapidez con la que fue puesto a resguardo, los legisladores más memoriosos recuerdan que en sus primeros artículos definía la figura del barrabrava con claridad: "Dícese del sujeto, que en compañía de otros, ingresa a los estadio sin pagar, se trepa a los paraavalanchas con el torso desnudo, cuelga banderas robadas a hinchadas rivales, y tiene predisposición a insultar y golpear hinchas propios o rivales, apretar árbitros, pedir explicaciones al plantel cuando no le gana ni a los pibes de la cuarta, etc.".Una vez realizada esta pormenorizada descripción, el proyecto avanzaba con las penalidades a aplicar. Por ejemplo: "Será castigado con penas de dos a seis años de prisión aquel barrabrava que fuese sorprendido fajando, persiguiendo u hostilizando a espectadores en estadios de fútbol y adyacencias, en compañía de terceros, con el torso desnudo, entonando cánticos con letras intimidantes del tipo 'vas a correr, gato', y utilizando cadenas y/o, proyectiles, y/o elementos punzocortantes, facas y/o armas de fuego".En otro de los artículos también castigaba algunos de los exitosos emprendimientos comerciales clandestinos de estos personajes: "Se castigará con penas de dos a ocho años, al barrabrava con bombo (común o luminoso) que intentare ingresar ilegalmente a un estadio sustancias prohibidas, alcohol, cigarrillos, alimentos no perecederos, etc. (ahora se agregó el gas pimienta), disimulados en el interior del instrumento de percusión o bajo el sombrero tipo Piluso".Frente a semejante iniciativa, cuando aún estaba ­fresca la aventura oficial de "Hinchadas Unidas Argentinas" y el reconocimiento presidencial "a los tipos que se suben a los paraavalanchas", algunos diputados oficialistas advirtieron la contradicción y decidieron frenarla en seco. Por suerte la diputada Diana Conti encontró el argumento irrebatible, del que se prendieron incluso los diputados opositores: se trataba de una "estigmatización brutal".Es decir que si se llegaba a sancionar la ley, individuos como "Bebote" Álvarez o Mauro Martín (por citar a los más célebres), no podrían ni salir a cenar en público agobiados por el estigma social. Excluidos, aislados y sometidos al ostracismo por culpa de la iniciativa sciolista, los barrabravas en decadencia no tendrían más opción que ir a amenazar y golpear hinchas y a jugadores de torneos de golf, de tenis, carreras de bicicross, etc.Después del bochorno de la Bombonera, Scioli resucitó su proyecto, y como si alguien le hubiera pedido que agitara un poco más las aguas, el secretario de Seguridad, Sergio Berni, propuso intervenir la AFA porque está "todo podrido".Como era de esperar la afirmación de Berni no cayó bien en la entidad madre del fútbol, que en un comunicado calificó al funcionario de desestabilizador y aclaró que el mal olor que sale de su sede obedece a una obstrucción cloacal y no a que todo esté podrido en su interior.Después de la afirmación de Berni, algunos reflexivos aseguran que si se van a intervenir todos los ámbitos donde se supone que hay podredumbre en la Argentina, no van a alcanzar los interventores.