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Artífices de la memoria

El 27 de abril de 1976, alrededor de las 21, llegaron al cementerio San Vicente de Córdoba ambulancias con cadáveres que fueron descargados y arrojados en una fosa común. 

14 de septiembre de 2014 a las 12:02 a. m.
Ana Mariani (Especial)
Artífices de la memoria

El 27 de abril de 1976, alrededor de las 21, llegaron al cementerio San Vicente de Córdoba ambulancias con cadáveres que fueron descargados y arrojados en una fosa común. Las ambulancias realizaron tres o cuatro viajes y transportaron una cantidad aproximada a 40 cadáveres. Los cuerpos estaban desnudos, la mayoría eran jóvenes y casi todos presentaban signos de muerte violenta.Este procedimiento inhumano fue reconocido ante la Justicia federal por quienes realizaron la infausta tarea de descargar las ambulancias.La de abril de 1976 no fue la única descarga irregular de cadáveres en el cementerio San Vicente.Pero estas inhumaciones clandestinas, realizadas en la oscuridad y a escondidas, después de muchos años, saldrían a la luz. La primera exhumación en esas fosas fue en 1984, pero resultó un fracaso. La llevaron a cabo empleados municipales en lugar de expertos.Hasta que en un caluroso diciembre de 2002, el Equipo Argentino de Antropología Forense (Eaaf) llegó a Córdoba y comenzó a trabajar en las fosas del cementerio cordobés por orden de la Justicia federal, en la causa "Averiguación de enterramientos clandestinos".Quienes pudimos observar el trabajo de los antropólogos en el San Vicente, cuando las excavaciones llegaron a los restos, nos quedamos sin palabras. Eran imágenes del horror; costaba entender que lo que teníamos ante nuestros ojos pertenecía a la realidad. La experiencia fue dolorosa, pero sabíamos que era imprescindible observar la labor de estos científicos para entender el porqué de su tarea. Con ese objetivo, en algunas oportunidades acompañamos a los antropólogos a la casa de familiares que sentían la necesidad de dar su sangre para cotejarla con los datos genéticos de laboratorio y así poder dar con los restos de sus seres queridos.Quedará grabada en nuestra memoria una de esas visitas. Los antropólogos e integrantes del grupo Arhista, que colaboraba con los científicos, no sólo le extraían sangre al familiar sino que conversaban sobre la vida del desaparecido y recogían datos que serían de utilidad para una posible identificación. Así, la madre de un joven secuestrado, después de hablar acerca de lo que había sufrido la familia, muy conmovida, expresó: "Hasta el día de hoy, cuando alguien llama a la puerta pienso que puede ser mi hijo".La de San Vicente fue una de las fosas más grandes del país. Se exhumaron alrededor de 100 cuerpos para, luego, comenzar con la tarea de identificación, que continúa hasta el día de hoy.El 30 de junio de 2003 será una fecha que se recordará como el comienzo de una larga y esforzada tarea que lleva a cabo el Eaaf en la ciudad de Córdoba.Ese día, el Juzgado Federal N° 3 emitió una resolución con los detalles de la primera identificación realizada por los científicos. Se trataba de Mario Osatinsky, hijo de Sara Solarz y Marcos Osatinsky, que había sido asesinado por un comando del Ejército el 25 de marzo de 1976 en La Serranita, provincia de Córdoba, e inhumado como NN el 27 de abril de 1976 en una fosa común del cuadro C del cementerio San Vicente. Mario tenía 18 años, y presentaba al menos seis impactos de arma de fuego.La identificación del cuerpo es algo que inicia el duelo, y eso sucede en todas las culturas. Por eso, estos científicos hunden las palas, remueven la tierra, exhuman e identifican, para devolver a los familiares los restos de sus seres queridos, que la dictadura más feroz de la Argentina quiso ocultar, creyendo que así borraría sus crímenes. "Trabajar de día, llorar de noche" es la frase que caracteriza a estos artífices de la memoria.