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Animal político

Presentación del libro: "Massa, el salto del tigre" (editorial Aguilar, 2013). De Pablo de León.

02 de septiembre de 2013 a las 12:01 a. m.
Animal político

Un solo requisito le faltaba a Sergio Massa para ­obtener el título de "el-político-del-año": que alguien escribiera su biografía (más que civil, fundamentalmente política) no autorizada. Pues ya la tiene: Massa, el salto del tigre (Aguilar, 2013), del pe­riodista Pablo de León, cuya in­vestigación llega hasta el lanzamiento del Frente Renovador, a comienzos de julio. Su historia familiar y su relación con Malena Galmarini (y su politizada familia); su paso por las organizaciones juveniles universitarias que apoyaban a Álvaro Alsogaray, en la época de la Unión del Centro Democrático, y su posterior ingreso al peronismo; su vinculación con Duhalde primero y con los Kirchner después; su independencia actual y sus negociaciones con Scioli y De Narváez; su identificación con el papa Francisco, un elemento importante en su decisión de ser candidato. Parece que está todo y, sin embargo, el libro deja la impresión de que no ha dicho nada. Tal vez sea consecuencia del personaje que el texto retrata. Un personaje que, como señala Walter Curia en el prólogo, intenta hacer equilibrio sobre un oxímoron, que es lo que resulta de combinar dos términos opuestos: ­continuidad y ruptura, para el caso que nos ocupa.Esa percepción está en perfecta sintonía con las dudas del autor, que no sabe si clasificar al proyecto de Massa como "poskirchnerismo" o como "neokirchnerismo". No es lo mismo. Una primera pista para despejar la incógnita: este massismo que asoma en Buenos Aires sería el resultado de la "desnestorización" del gobierno de Cristina y del Frente para la Victoria. Segunda: Massa supo producir su propia versión de la transver­salidad "nestorista", pero no para cooptar adversarios ni para con­solidarse en el poder sino para construir su (primera) base de ­lanzamiento.Tercera: contaría con el aval del "ala derecha" del capitalismo de amigos que el kirchnerismo supo construir, sobre todo entre los bancos y los medios de comunicación que constituyen el sistema oficial. Cuarta y última: según de León, el acuerdo entre los tres líderes del peronismo bonaerense –Massa, Scioli y De Narváez– se frustró cuando Massa accedió al pedido de Scioli de incorporar a De Narváez, porque en la reunión que mantuvieron para sellar el pacto, el intendente y el diputado "tuvieron diferencias respecto de lo que debería hacerse luego de alcanzar la victoria electoral". Públicamente, Massa no dijo nada sobre la cuestión, mientras que De Narváez (como Schiaretti) manifestó hasta el cansancio que la oposición triunfante debe asumir la presidencia de la Cámara de Diputados para ponerle un freno al kirchnerismo. (¿Esto asustó a Scioli, que entonces volvió sobre sus pasos?) Si se lee con atención, se puede advertir que las cuatro pistas no van en el mismo sentido, o que son ambiguas, o que dan cuenta, en última instancia, de pragmatismo y cortoplacismo; no hay definiciones fuertes, que es lo mínimo que se necesita para encarar el mediano y el largo plazo.En este contexto, lo único que queda claro es que Sergio Massa es un animal político a la usanza argentina, o mejor dicho, peronista: para él, hacer política es "discusión, rosca y gestión". Tal como lo en­tendía Néstor Carlos y, antes de él, Carlos Saúl.