Ángel de los perdedores
Todo en este país surge por peleas, por pulseadas casi salvajes en las que el objetivo central es demostrar quién tiene más fuerza, o quién tiene más poder de fuego para dañar al otro.
Todo en este país surge por peleas, por pulseadas casi salvajes en las que el objetivo central es demostrar quién tiene más fuerza, o quién tiene más poder de fuego para dañar al otro.
En realidad, en la mayoría de los casos el daño no es contra el rival sino contra la gente, contra la inmensa mayoría de la sociedad que vive honestamente en el país, paga sus impuestos y trata de cumplir con todas sus obligaciones.
El caso viene a cuento por la exención que dispuso el Gobierno nacional del pago del Impuesto a las Ganancias a todos los asalariados en blanco (casi 800 mil personas) sobre la segunda cuota del medio aguinaldo, que se cobra ahora en diciembre.
El Gobierno mudó el miércoles pasado su hasta entonces “inflexible” posición de no aplicar ninguna reducción a ese tributo salvaje para muchos asalariados.
Se puede estar en contra o a favor del cobro de Ganancias a los trabajadores. Se pueden argumentar diferentes razones y todo eso entra dentro del terreno de una lógica respetable, porque la puja queda encorsetada en un marco ideológico.
Se puede decir que se trata de un impuesto al trabajo, o se puede afirmar que se trata de un gesto de solidaridad para con los más postergados de la sociedad. Eso, todo, a la caja de las discusiones.
Podemos decir que sería hasta saludable que en este país comenzaran a darse ese tipo de debates, siempre que la idea no sea humillar al otro o sojuzgar al que piensa diferente.
Eso es un costado a partir del cual se puede abordar el debate por la decisión del Gobierno de dar marcha atrás y cambiar velozmente de postura para eximir el pago bajo determinadas condiciones (que el trabajador perciba hasta 35 mil pesos de sueldo en bruto).
El cambio, aunque algunos lo nieguen, surgió de una amenaza, de un apriete de la CGT que dispuso un paro por el cobro exagerado del tributo.
Dicho de otro modo, para evitar el pago de un impuesto abusivo se apeló a una medida de fuerza que daña severamente a buena parte de la población, precisamente la que va a trabajar. Es un paro general que surge de la presión vehemente de un grupo de dirigentes sindicales que ahora aparecen como los ángeles de los perdedores (Ángel de los perdedores es la letra de un tema escrito por Rodolfo González, que canta el Indio Solari con el autor).
Esos redentores son muchachos con una historia viscosa: Luis Barrionuevo, Hugo Moyano y siguen las firmas.
“Si me cobrás no te laburo y te parto el país en dos… No te olvides que ya estamos cerca de la campaña electoral”, podría ser el mensaje si uno se va a los extremos.
Así parecen salir los temas en este país: a las trompadas, después de extorsiones, de aprietes.
Las disputas del poder no le dan tregua a nadie, aunque esta vez el bolsillo de mucha gente haya tenido un mimo.

