Al rescate de las raíces
Al este del departamento San Justo, entre las localidades de La Francia y Devoto y a 50 kilómetros de la ciudad de San Francisco, está Colonia Marina, un pueblo de dos mil habitantes que fluctúan según las campañas de soja, cultivo que rodea completamente su zona rural colindante a la ruta nacional 19.
Al este del departamento San Justo, entre las localidades de La Francia y Devoto y a 50 kilómetros de la ciudad de San Francisco, está Colonia Marina, un pueblo de dos mil habitantes que fluctúan según las campañas de soja, cultivo que rodea completamente su zona rural colindante a la ruta nacional 19. Al ingresar por la calle Belgrano, resaltan, en una casona de impecables ladrillos a la vista que hace esquina, el flamear agitado de la bandera roja del Piamonte acompañada en el vuelo por la celeste y blanca argentina."Esta casa es en sí misma un verdadero museo, fue una de las primeras viviendas allá por 1890 y perteneció originalmente a la familia de inmigrantes Spadachini. Después fue escuela, cooperativa de ramos generales y diferentes comercios. Cuando estaba a punto de convertirse en galpón de máquinas, el municipio la rescató para resguardarla como patrimonio cultural", nos cuenta Estela Mari Rodríguez, directora del Museo Regional de la Colonización Piamontesa, que junto a Mirta Cassol y Norma Rueda son guías y colaboradoras permanentes."La impulsora del museo fue la profesora Ebelia Taverna y una comisión muy entusiasta que inició, junto con la recuperación edilicia en 2008. Fue un trabajo de recolección, limpieza, identificación, conservación e inventario de unos 500 objetos históricos, que hoy están expuestos", cuentan, mientras abren las salas donde lucen a pleno los elementos de la vida cotidiana que involucran afectivamente a varias generaciones de Colonia Marina.La casona que alberga el museo fue acondicionada especialmente con módulos, señalética e iluminación. La recepción y su sala contigua están destinadas a exposiciones temporarias. "Hicimos una muestra dedicada a homenajear las labores manuales de nuestras 'nonas', como bordados, tejidos, encajes, que dejó maravillados a todos", explican.Las demás habitaciones contienen series temáticas: "La cocina de mamá" muestra elementos de madera para fabricar pasta casera, utensilios enlozados, fiambrera colgante, cocina a leña. "Cada objeto tiene su historia vinculada a una familia pionera del pueblo". Por ejemplo, los hermanos Melano contaron en el libro Historias populares cordobesas : "Para conservar los alimentos teníamos la mosquera que colgábamos ahí afuera, debajo de una planta, y ahí se ponían las cosas para guardar al fresco de la noche. Al vino lo bajábamos a un pozo, adentro de un canasto, para refrescarlo".La sala mayor del museo se llama "La vida cotidiana" y contiene mobiliario sencillo, juguetes, elementos para esparcimiento. "Como podemos observar –acota Norma Rueda– acá prevalecen la madera y las cosas hechas a mano. Todo tenía múltiple función: en esta mesa de comedor también se amasaba el pan, por eso tiene la tapa móvil y un cajón adentro para guardar el palo de amasar y demás utensilios necesarios".La tercera habitación representa el trabajo y el transporte. Allí se ven herramientas diversas, carretillas, un automóvil. "Es muy importante explicar cómo se usaban cada uno de estos objetos, sobre todo a los chicos de las escuelas, que no tienen idea de para qué servían", cuenta Estela Mari Rodríguez. Al explicarles a los visitantes cómo funciona o se usa cada elemento, también se hace referencia a circunstancias muy dramáticas que vivieron los inmigrantes: "Por ejemplo, mostramos este lanzallamas y les contamos sobre las plagas de langostas que asolaron la zona desde 1890 y que durante muchísimo tiempo provocaron daños enormes", continúa Rodríguez. La colección de herramientas de labranza conmueve por su extrema rusticidad. "Al comienzo del museo teníamos objetos prestados por inmigrantes de San Francisco, pero a medida que la gente de Colonia Marina conoció este lugar y lo hizo propio empezaron las donaciones, que continúan todos los días. Sienten un orgullo enorme cuando ven en las fichas que tal o cual objeto perteneció a su abuelo. Tomamos conciencia entonces de que representamos parte de la historia, que rescatamos nuestras raíces contando sobre aquellos que hicieron grande esta tierra, a la que llegaron sin nada".

