YPF, el elefante y el rey
La expropiación de YPF a Repsol por parte del viceministro de economía argentino, Axel Kicillof, no cayó muy bien en el gobierno de España, desde donde se alzaron olas de críticas a la decisión. Luis Heredia.
La expropiación de YPF a Repsol por parte del viceministro de economía argentino, Axel Kicillof, no cayó muy bien en el gobierno de España, desde donde se alzaron olas de críticas a la decisión, además de activar una solapada campaña de amenazas con la finalidad de amedrentar a la Casa Rosada, y al propio Kicillof, para que se dé marcha atrás con esta política. El puntapié inicial de este siniestro accionar intimidatorio pasó por hacer pública una fotografía del rey de España, con un fusil en sus manos, y un elefante inerme a sus espaldas, supuestamente abatido por el monarca. "Se trata de un mensaje subliminal: el reino de España está diciendo a través de la imagen del malogrado paquidermo lo que le puede pasar a los argentinos en general, y a Kicillof en particular, si no da marcha atrás con la expropiación", asegura Carlos Temeroso, especialista en este tipo de operaciones, Pero la fotografía tuvo un efecto imprevisto, ya que deschavó las costosas escapadas del rey al África para corretear leones, antílopes, elefantes, hipopótamos y posiblemente a una bella cuarentona que suele integrar los contingentes de caza. Esta revelación encrespó a las organizaciones protectoras de los elefantes, a la reina, y a miles de españoles golpeados por la crisis, lo que obligó a voceros de la realeza a calmar por lo menos a los ecologistas (había demasiados frentes abiertos), diciendo que en realidad el elefante había muerto accidentalmente al estrellarse contra el árbol en el cual aparecía apoyado, y que el rey había aprovechado la situación para fotografiarse con el animal. En el mismo sentido, Festus Limpopo, el guía nativo del polémico safari por Botsuana, aseguró a la prensa internacional que el rey ya no representa un peligro para la fauna africana, fundamentalmente porque ya no puede absorber la patada de un fusil de caza. Esta circunstancia estaría probada por la fractura de la real cadera, que habría ocurrido al ser lanzado 12 metros hacia atrás por un disparo e impactar contra un sólido árbol local. La intención del rey no era otra que acertarle a un hipopótamo, que previamente había sido narcotizado y amarrado para facilitar su condición de blanco. Pero "ni aún así pudo atinarle", aseguró un testigo del hecho que prefirió mantener su nombre en reserva. Pero los efectos no deseados de la fotografía (especialmente para el rey) no desalentaron a los impulsores de la campaña de amedrentamiento, que en su siguiente paso no menos temerario difundieron el inquietante rumor de que, antes de la retirada total, Repsol va a incendiar los pozos petrolíferos de YPF tal como hicieron las tropas iraquíes antes de abandonar Kuwait. Semejante rumor destinado indudablemente a generar el caos, activó el temor nacional a una de las situaciones más odiadas por los argentinos: el desabastecimiento. Miles de automovilistas se lanzaron entonces sobre las estaciones de servicio para llenar el tanque por última vez, incluso cargando bidones, botellas descartables, termos, cantimploras y todo recipiente que sirviera para almacenar combustible hasta que los pozos fueran apagados y volvieran alguna vez a producir.Más allá de esta hábil tarea española de atemorizar, otro aspecto de la reacción de Madrid contra la renacionalización de YPF pasa por la queja y la búsqueda de respaldo internacional, especialmente europeo, a sus argumentos. En este sentido, el primer ministro español Mariano Rajoy aseguró a sus pares del Viejo Mundo: "Esto con el virrey Cisneros no hubiera ocurrido", con lo cual dejó entrever que sus asesores estarían evaluando la posibilidad de restablecer el antiguo orden colonial en el Río de la Plata para garantizar la seguridad jurídica de las inversiones españolas. "Va a ser una empresa difícil porque han pasado 200 años, pero creemos que merece la pena encararla. El régimen colonial nos ofreció siempre todas las garantías, al menos pudimos sacar hasta la última onza de plata del cerro Potosí, generando miles de puestos de trabajo en la región durante siglos, sin que a nadie se le ocurriera reestatizarlo o gilipolleces por el estilo", aseguró una fuente de La Moncloa.Si alguien no para esta movida, habrá que demoler Puerto Madero y volver a levantar el fuerte de Buenos Aires para frenar la invasión.

