La vigencia de la desconfianza
El derecho a desconfiar está lamentablemente vivo y más vigente que nunca. Eduardo Bocco.
El derecho a desconfiar está lamentablemente vivo y más vigente que nunca. Hay hechos que hacen rebotar de dolor a las personas que de manera generosa se encolumnan detrás de una idea o de un gesto. Parece ser, a esta altura de las cosas, que los escépticos tienen razón, que el camino más razonable y correcto es el que transitan los cara de culo. La seguidilla de golpes conmueve y duele, sin dudas. Las criminales acciones que se atribuyen a los Schoklender le borran la sonrisa al más optimista. El boato con el que vive Sergio, uno de los hermanos y el principal implicado en el bochorno de la Fundación Madres de Plaza de Mayo, es casi patético.Detrás de la carita de bueno y sufrido, al parecer se esconde un pelafustán que vive como un príncipe en un país donde no hay monarquía. El tema es ver hasta dónde llega la cadena de delincuencia ocurrida en el corazón de una entidad que tiene mucho que ver con el dolor y con el sufrimiento.Es más que lógico y entendible que el Estado sostenga a entidades como Madres de Plaza de Mayo. Lo que no se alcanza a comprender todavía es por qué asignarle a la entidad un rol de constructora de viviendas que corresponde al mismo Estado y cómo se produjo el agujero negro por el que se escabulleron los delincuentes en banda.Se burlaron de la confianza de los pobres, otra vez. De la gente que depositó su corazón para tener un techo. El país solidario se quebró por la patética actuación de los piratas.¿Quiénes son los piratas? ¿La cuestión termina en los Schoklender o los hermanitos tienen socios más arriba?El problema golpea en el Gobierno y en especial en la presidenta Cristina Fernández, que edificó parte de su poder con base en una decidida política en favor de los organismos de derechos humanos. Es la polémica Hebe de Bonafini, con su verbo duro, tosco y enteramente jugado, la que queda en medio de todo este paquete sucio, repleto de traiciones y golpes arteros.Hay valijas de dinero desviadas. Hay fondos que debieron ser paredes y techos que terminaron con forma de yate o de Ferrari utilizados por un muchacho con cara de triste.La estafa se transforma y tiene la capacidad de tener multiformas; de eso ya no hay dudas. En el fondo de todo esto, subyace el manejo de los fondos públicos; es decir, el destino que se da a los dineros que aportan los contribuyentes, de una u otra manera. La situación llena de indignación y la solapa de la clase dirigente suma otra mancha. Pero no implica el final de la historia. Este episodio no es el último casillero.Lo bueno es que alguien descubrió esta historia, no importa el color de su saco. Lo interesante es que el grifo se cierra y puede empezar una nueva etapa.Está bueno comenzar a ver la luz o a imaginarla en medio de la oscuridad de la trampa.

