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¿Una vez no basta?

La mayoría de los presidentes democráticos argentinos intentó demorar todo lo posible la hora de abandonar los honores y volver al llano. Por diferentes razones, desde 1853 hasta la actualidad la historia muestra una larga lista de presidentes que intentaron la reelección.

26 de junio de 2011 a las 12:02 a. m.
Esteban Dómina (Historiador y Escritor)
¿Una vez no basta?

La frase del título parece ser la consigna que guió a la mayoría de los presidentes argentinos para estirar todo lo posible la hora de abandonar los oropeles y resignarse a una vida ciudadana ordinaria. Por influjo de círculos áulicos, mandatos superiores, impulsos irrefrenables o lo que fuere, desde 1853 hacia acá, la historia está poblada de intentos reeleccionistas, algunos consumados, otros fallidos. Es cierto que la fascinación por el poder –bien conocida y mejor estudiada por psicólogos y politólogos– no es patrimonio exclusivo de nuestra dirigencia, sólo que entre nosotros el sueño de la perpetuidad parece estar más al alcance de la mano que en otras partes, donde hay que sortear mayores obstáculos o directamente no está bien visto por razones culturales. De otro modo no se entendería cómo figuras del prestigio de Tabaré Vázquez, Michelle Bachelet o Luiz Inácio Lula da Silva se fueran a sus casas con altísimos índices de popularidad. El viejo artículo 77 de la Constitución Nacional establecía que "el presidente y vicepresidente duran en sus empleos el término de seis años; y no pueden ser reelegidos sino con intervalo de un período". La sabia norma concebida por Juan Bautista Alberdi procuraba poner a la naciente república a salvo de experiencias atemporales como la que, en tiempos recientes, había encarnado Juan Manuel de Rosas.Sin embargo, pese a la restricción constitucional mencionada, casi todos los presidentes que se sucedieron en el mando durante la siguiente centuria abrigaron esperanzas de volver. Algunos lo hicieron de modo más explícito, otros fueron más recatados; pero la tentación de la reelección caló hondo en varios. Apenas dos –Roca e Yrigoyen– lograron concretarla durante ese período en que hubo una veintena de presidentes que, por las razones que fueren, no intentaron modificar la Constitución ni alterar las reglas de juego. La cláusula alberdiana fue removida en 1949 para posibilitar la reelección de Juan Domingo Perón, y repuesta más tarde por el gobierno de facto que suprimió la reforma de aquel año. Así, hasta 1994, cuando se sancionó un nuevo artículo que establece que "presidente y vicepresidente duran en sus funciones el término de cuatro años y podrán ser reelegidos o sucederse recíprocamente por un solo periodo consecutivo". Desde entonces, los presidentes, reelección mediante, pueden quedarse ocho años corridos en la Casa Rosada.Lo que sigue es un repaso histórico de cómo les fue a los mandatarios argentinos más connotados a la hora de jugar sus fichas para volver a serlo.