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Se disparó "la Escopeta"

En las viejas casas patricias, al sur de la ciudad, el recuerdo de Carlos Monzón permanece guardado en un cofre olvidado en un rincón. Elbio Ibarra Preti.

10 de febrero de 2013 a las 12:03 a. m.
Elbio Ibarra Preti (Especial)
Se disparó "la Escopeta"

En las viejas casas patricias, al sur de la ciudad, el recuerdo de Carlos Monzón permanece guardado en un cofre olvidado en un rincón. En los ranchos orilleros de Santa Fe, algún póster del "negro campeón" reverbera desde la pared de adobe y paja. Así, fue compuesto el recuerdo memorioso de un pueblo que no le ha sido indiferente. Idolatrado y sobrestimado por muchos al conjuro de la campana, destrozado y vilipendiado por otros a la hora de sus juicios. Monzón, al que llamaron "Escopeta", jugó toda su vida con temeraria suficiencia, domesticando el trance que lo llevó desde su San Javier natal hasta Montecarlo. Enteramente castigador, a los rivales los hipnotizaba con los escopetazos de derecha y a las mujeres rubias (¡Ah...qué mujeres!) les despertaba el sentido de protección maternal descubriendo su costado menos civilizado.Aún quedan por rescatar en su historia, los hitos trascendentales que se suman a la prolongada hegemonía de su reinado pugilístico. Por citar, después del quíntuple campeón mundial, Juan Manuel Fangio, fue Carlos Monzón quién recuperó para el país la mirada deportiva desde el Viejo Mundo. Luego del boxeo que le trajo fama y dinero, y el cine, más dinero y fama, cayó en una vida sin sentido, se diría apagada abruptamente hace 25 años entre las cuatro paredes de una celda en Batán, donde lo vieron llorar cuando supo que su amigo Alberto Olmedo ponía otro público crespón negro en la misma temporada marplatense. El cartonero Rafael Crisanto Báez tiraba de su carrito de dos ruedas por la calle, buscando cartones o botellas para vender. Desde un baldío fue único testigo de lo que luego ocurriría, cuando llega Monzón con su mujer a la mansión de la calle Pedro Zanni. Por contradictorio y fabulado, el testimonio de Báez careció de validez. Contó que Carlos golpeó a Alicia y la arrojó al vacío. Seis de la mañana de un 14 de febrero. En 1988 cayó domingo. Primero se escuchan gritos en una casa del Parque La Florida, en Mar del Plata. Monzón siempre dijo: "Yo no la maté". La justicia no le creyó. Un juzgado sin testigos lo puso nocaut y el 3 de julio de 1989 fue condenado a 11 años de prisión por haber asesinado a su esposa, Alicia Muñiz. Tal vez "potenciado por el alcohol o las drogas", arriesgó un juez.

Como otras veces en su vida, la escopeta volvió a dispararse.