Reivindicación montonera
El peronismo combatiente en primera persona (Planeta, 2013). El polémico libro de Perdía cuestiona a quienes consideran insuficiente la autocrítica montonera.
Montoneros. El peronismo combatiente en primera persona (Planeta, 2013), es un libro que presenta un detallado análisis de la historia argentina, desde los años '70 hasta nuestros días. Su autor es Roberto Perdía, que integró la conducción nacional de la más famosa guerrilla peronista. A contrapelo de otros libros recientes, algunos presentados aquí en las últimas semanas, Perdía reivindica la autocrítica montonera producida entre 1977 y 1989: "Hay un constante señalamiento autocrítico de algunas posiciones ideologistas (militarismo, aparatismo), que nos llevaron a privilegiar el vanguardismo por encima del desarrollo de la organización y lucha del propio pueblo. Siempre está presente el reconocimiento de los errores propios, consistentes básicamente en el pase a la clandestinidad de 1974, la militarización, la exacerbación de la lucha interna, y en algunas muestras de inmadurez e ingenuidad, allá por 1973". En consecuencia, critica a los que sostienen que esa autocrítica no es suficiente: "En términos generales, las críticas de los enemigos del pueblo no hacen más que enaltecer aquella lucha. Los cuestionamientos planteados sirven para mejorar las respuestas de nuevas generaciones, que es poco lo que podrían aprovechar de una reivindicación sin matices. Las críticas de los 'arrepentidos' forman parte del 'basurero de la historia'". Ahora, quizás lo más interesante del libro sea que esgrime los motivos por los cuales vale criticar a todos los demás actores de la vida política, desde entonces y hasta la recuperación de la democracia. Algunos ejemplos: en el caso de Cámpora, sus indefiniciones "hicieron que su poder empezara una rápida y definitiva cuenta regresiva", y su actitud frente a la masacre de Ezeiza "resultó lamentable e inocua"; Perón se equivocó en varias ocasiones, pero sobre todo cuando se opuso a la relación entre el Ejército y Montoneros, "última posibilidad de contener la ofensiva imperial" (Estados Unidos sería el verdadero responsable del golpe de Estado de 1976), ya que ese vínculo permitía "replantear los objetivos de nuestras Fuerzas Armadas"; los militares, en plena dictadura, desoyeron las propuestas de paz que les formularon los guerrilleros y se negaron a incorporarlos como fuerza de combate en Malvinas; historiadores, intelectuales y políticos se niegan a reconocer que el retorno de la democracia fue producto de una generalizada y victoriosa resistencia popular, en la cual Montoneros colaboró, por ejemplo, con las famosas contraofensivas de 1979-1980; los organismos de derechos humanos participaron activamente de esa negación al caer en el absurdo de hablar de "víctimas de la represión, en lugar de reivindicarlas como lo que eran, militantes de la lucha popular"; y en plena transición democrática, Alfonsín se equivocó al optar por gobernar solo, sin convocar al peronismo para que lo acompañase, al mismo tiempo que decidía perseguir a los líderes montoneros. Según Perdía, "toda interpretación de la historia es una política de la historia, y por lo tanto, una propuesta política implícita para toda la sociedad". Si esto es así, las casi 900 páginas de su libro deben ser leídas como una reivindicación política de Montoneros, cuya identidad y trayectoria habría sido tergiversada y reducida a causa de su opción metodológica: la lucha armada.

