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Psicopatología de la traba cotidiana

El puñetazo lo dio contra el mármol de la mesa en la que el bicicletero despliega sus piezas con el orden de un instrumentador de quirófano. Germán Negro.

27 de mayo de 2012 a las 12:03 a. m.
Redacción La Voz
Psicopatología de la traba cotidiana

El puñetazo lo dio contra el mármol de la mesa en la que el bicicletero despliega sus piezas con el orden de un instrumentador de quirófano. "No puedo... Vamos a ver si conseguimos desarmar algunas para armar otras", fue la confusa explicación. Allí lo ganó la sensación de que ya no podría sentirse como aquel cartero de Neruda, subiendo cuestas. La rotura de una simple pieza de los cambios de marcha parecía sólo una anécdota hasta que él, un argentino más, se chocó con la realidad: se trata de un material importado, ya troquelado con el sello "¡No pasará!". El golpe le dejó la mano inflamada y sangrante. Se detuvo un instante en la farmacia y pidió el desinfectante de siempre. "Mire, deberíamos buscar una alternativa. Ese ya no entra", intentó consolarlo la empleada. No dijo nada, tomó el primer gotero que le arrimaron y enfiló hacia su casa. Le ganaba la angustia que pensaba combatir con un buen par de mates. Allí pensó en qué alternativas tendría ante la necesidad de una droga importada imprescindible para controlar un mal mayor. "¿Qué camino tomarán los de­ses­perados?", se preguntó. ¿Se podrán reemplazar las drogas de quimioterapia con cursos de autosanación en San Marcos Sierras?Al cruzar la segunda esquina se le prendió en el tablero la señal de tanque sediento. Unos metros más adelante, el cartel de YPF parecía esperarlo. "En la mala; una buena", pensó. Después de todo, tenía la posibilidad de cargar el tanque a un menor precio y con el orgullo de que, justo en la semana del 25 de Mayo, iba a meter en las venas de su auto nada menos que un combustible bien argentino, recién recuperado. "¿Súper?, sorry , no hay", lo atajó una chica enfundada en un mameluco azul. No supo si el "lo siento" en inglés era casual o parte de un entrenamiento a futuro.Más angustiado, recordó que los mates no podrían ser con la yerba de siempre. Había desaparecido de las góndolas. Sólo le quedaba una amarillenta medida de aquel Jack Daniels que le gustaba saborear en la previa del fin de semana. "Casi no se consigue", le había contado un amigo. Era el mismo que se pasó un mes haciendo trámites y buscando dólares porque, como el caimán, debía ir a Barranquilla. Un congreso esperaba a su amigo en Colombia, a donde nunca podría viajar. "¿Se habrá convertido la Afip en la Gestapo del siglo 21?", masculló.Tal vez somos demasiado burgueses, se dijo. Estaba desconsolado al recordar las distintas peripecias. Aunque volvió a consolarse al recordar que había escuchado a un economista decir que quienes están en "blanco" en la Argentina pagan más impuestos que los europeos, pese a tener ingresos más bajos.Todas son situaciones que le parecía ya haber vivido, como un deja vú . Claro que si se las toma como deseos reprimidos, como los plantea Sigmund Freud en Psicopatología de la vida cotidiana , se trataría de la recurrencia argentina hacia la autodestrucción, concluyó, mientras acariciaba el billete de un dólar para la suerte que llevaba en la billetera.